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BITÁCORA
1ero. de marzo de 2009

Niños bien entrenados

niñaestudiandoenlacomputadora.jpg (10954 bytes)Hace un tiempo leí una noticia que me pareció muy interesante.  Se hablaba de los niños chinos -pertenecientes a clases adineradas-, de edades entre los 2 y los 4 o 5 años, que comenzaban sus días escolares en los maternales y jardines de niños, mientras sus padres iban al trabajo, y que tenían entre sus materias de estudio -sí, materias de estudio- el apropiado manejo de las finanzas personales. Finanzas personales. Incluso pueden recibir un programa completo de MBA. A los cuatro años. ¿Tiene sentido?  Pues, en realidad, sí.

niñoschinosenlaescuela.jpg (15992 bytes)Los chinos se manejan con el pensamiento que aquello que aprendemos en nuestros primeros años de vida es lo que determina el curso general de nuestra existencia. Si de niños aprendemos a valorar el dinero y a saber manejarlo, difícilmente nos hallaremos en situaciones alocadas en nuestros días adultos.  Al igual que aprendemos a leer y a escribir, a hablar y a cantar, también deberíamos aprender a guardar y a gastar.   Así de simple. Considerando el extraordinario éxito de la cultura china, y guardando las distancias con respecto a programas excesivos -en los que las actividades extracurriculares sustityen por completo el descanso sano- podríamos tomar nota de algunas de sus enseñenzas.

En términos generales, y no sólo en relación con las finanzas personales, pienso que los niños deben ser bien entrenados.  No como si fuesen perritos o mascotas de circo.  No se trata de crear robotcitos perfectos.  Me refiero al difícil arte de vivir. De todas formas, ellos comienzan ese entrenamiento por cuenta propia desde que nacen. Nos observan cuidadosamente, y traban relación con padres y hermanos, amigos y profesores, desarrollando dinámicas propias para aprender niñosjugandoalairelibre.jpg (7149 bytes)a entablar amistad, enfrentar desafíos, perder, ganar, negociar, etc.  En el juego, primordialmente, y a través de sus eventos sociales propios, los niños pelean, negocian, forman alianzas, rompen vínculos, vuelven a establecerlos, distinguen entre la propiedad ajena y la propia, desarrollan liderazgo o lo siguen, desafían la autoridad o aprenden a vivir con ella. Es un mundo pleno en el que sus capacidades sociales se desarrollan -o no- al ritmo de sus mentes ansiosas de conocimiento. Desafortunadamente, en muchos casos, ese entrenamiento primario es vivido de forma solitaria, algo caótica -sin la supervisión ni la guía de un adulto responsable-, lo cual arroja como resultado adultos inseguros, débiles o desafiantes, que más problemas causan de los que ayudan a resolver.

Sin necesidad de imitar a los chinos y establecer escuelas de finanzas para toddlers, podríamos revisar nuestros modelos educativos, identificar lo que se ha vuelto mecánico u obsoleto y privilegiar aquello que realmente nos puede servir para "entrenar" a nuestros niños para la vida.  Aprender idiomas, matemática y ciencia, a leer literatura y a practicar las artes, todo eso está bien.  Pero ningún proceso de enseñanza estará alcanzando la plena eficacia si dejamos que aprender a vivir corra a cargo exclusivamente de los niños mismos.

 

 
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