| Niños bien entrenados Hace un tiempo leí una noticia que me pareció muy interesante. Se
hablaba de los niños chinos -pertenecientes a clases adineradas-, de edades entre los 2 y
los 4 o 5 años, que comenzaban sus días escolares en los maternales y jardines de
niños, mientras sus padres iban al trabajo, y que tenían entre sus materias de estudio
-sí, materias de estudio- el apropiado manejo de las finanzas personales. Finanzas
personales. Incluso pueden recibir un programa completo de MBA. A los cuatro años.
¿Tiene sentido? Pues, en realidad, sí.
Los
chinos se manejan con el pensamiento que aquello que aprendemos en nuestros primeros años
de vida es lo que determina el curso general de nuestra existencia. Si de niños
aprendemos a valorar el dinero y a saber manejarlo, difícilmente nos hallaremos en
situaciones alocadas en nuestros días adultos. Al igual que aprendemos a leer y a
escribir, a hablar y a cantar, también deberíamos aprender a guardar y a gastar.
Así de simple. Considerando el extraordinario éxito de la cultura china, y guardando las
distancias con respecto a programas excesivos -en los que las actividades
extracurriculares sustityen por completo el descanso sano- podríamos tomar nota de
algunas de sus enseñenzas.
En términos generales, y no sólo en relación con las finanzas personales, pienso que
los niños deben ser bien entrenados. No como si fuesen perritos o mascotas de
circo. No se trata de crear robotcitos perfectos. Me refiero al difícil arte
de vivir. De todas formas, ellos comienzan ese entrenamiento por cuenta propia desde que
nacen. Nos observan cuidadosamente, y traban relación con padres y hermanos, amigos y
profesores, desarrollando dinámicas propias para aprender a entablar amistad, enfrentar desafíos, perder, ganar, negociar, etc. En
el juego, primordialmente, y a través de sus eventos sociales propios, los niños pelean,
negocian, forman alianzas, rompen vínculos, vuelven a establecerlos, distinguen entre la
propiedad ajena y la propia, desarrollan liderazgo o lo siguen, desafían la autoridad o
aprenden a vivir con ella. Es un mundo pleno en el que sus capacidades sociales se
desarrollan -o no- al ritmo de sus mentes ansiosas de conocimiento. Desafortunadamente, en
muchos casos, ese entrenamiento primario es vivido de forma solitaria, algo caótica -sin
la supervisión ni la guía de un adulto responsable-, lo cual arroja como resultado
adultos inseguros, débiles o desafiantes, que más problemas causan de los que ayudan a
resolver.
Sin necesidad de imitar a los chinos y establecer escuelas de finanzas para toddlers,
podríamos revisar nuestros modelos educativos, identificar lo que se ha vuelto mecánico
u obsoleto y privilegiar aquello que realmente nos puede servir para "entrenar"
a nuestros niños para la vida. Aprender idiomas, matemática y ciencia, a leer
literatura y a practicar las artes, todo eso está bien. Pero ningún proceso de
enseñanza estará alcanzando la plena eficacia si dejamos que aprender a vivir corra a
cargo exclusivamente de los niños mismos.
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