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BITÁCORA
2 de julio de 2009

Líderes y seguidores

greek_democracy.jpg (15321 bytes)Pensaba el otro día en lo difícil que es lograr una forma de gobierno satisfactoria para todos y lo imposible que resulta en el mundo real. Pienso que la democracia es el mejor sistema político inventado por el ser humano, en la medida en que puede garantizar cierto equilibrio entre el bienestar público y las libertades individuales, lo que puede lograr a la larga una población feliz.  Sin embargo, en teoría es maravilloso y perfecto, pero en la práctica suele encontrar muchos obstáculos psicológicos para lograr su aceptación y adaptación plenas.  Lo digo, porque me parece que los seres humanos no tendemos a la democracia como forma de gobierno natural.

Se sabe que en tiempos prehistóricos, nuestros ancestros se agrupaban en familias y tribus.  Cada tribu solía tener un líder o un grupo de líderes, que serían aquellos que guiaban al resto en la difícil lucha por la supervivencia.  La cacería, la construcción de casas, la organización de defensa, incluso, los primeros cultivos, requirieron de sistemas organizativos progresivamente más complejos, aún en nuestras primitivas sociedades.  Esta designación de un líder no corresponde necesariamente con el poder de un pueblo (demos=pueblo, cratos=poder), sino que sería el más viejo o el más fuerte o el que mejor hablara frente al público.  Solían ser líderes naturales, cuyo carisma y personalidad los hacía imponerse sobre los demás y ganarse su respeto, su admiración y, lo que es más significativo, su obediencia.   No necesariamente eran hombres, aunque solían serlo, pues los hombres son de natural más fuertes físicamente y no están atados a la maternidad, pero se sabe que hubo mujeres que ocuparon altos cargos de admiración, respeto y obediencia.  No sería de extrañar que en sus personalidades privara una voluntad de hierro, un carisma natural y la facilidad de comunicarse de manera eficaz con sus conterráneos.

Vistas así las cosas, lo que parece natural para el ser humano es una organización más similar a la de los lobos, los chimpancés y los gorilas que a la filosófica fuerza de un pueblo soberano.  Es decir, necesitamos líderes y somos de natural una especie compuesta de jefes y seguidores.  En todos los órdenes, en todas las comunidades, siempre podremos notar que alguien lleva la voz cantante y los otros lo siguen, sin que muchas veces sepan explicarse cómo o por qué.

ciu_dades.jpg (5976 bytes)¿Qué ocurre en nuestras sociedades modernas, tan complejas, tan abultadas?  Las naciones europeas del oeste y países como Estados Unidos o Canadá se precian de haber logrado democracias ágiles, funcionales y prósperas.  El "poder del pueblo" se siente en dichos países, o al menos tal se pregona. ¿Desaparecieron los líderes naturales, entonces?  Por supuesto que no.  Siguen allí, necesitados, amados, denostados, en competencia.  A diferencia de sociedades del pasado, ahora los designamos con nuestros votos y no con nuestras armas, pero es la misma historia. bar_ackoba_ma.jpg (2882 bytes) Se imponen por su carisma, por su facilidad de palabra, por su voluntad de hierro, por su protagonismo y su fuerza personal.  Atraen nuestra atención, la captan y nos convencen de que debemos confiar en ellos, podemos admirarlos y esperar que sean sabios y sean justos y lleven a nuestros países hacia la prosperidad y la riqueza.  Es exactamente la misma cosa.  No son reyes armados, son políticos prominentes, pero nosotros -los seguidores- seguimos buscando ese líder natural de nuestros tiempos tribales, alguien en quien confiar.

Por eso es tan difícil entender la democracia.  No es incompatible con los líderes, es simplemente compleja de montar y de adaptar.  Basta con mirar lo sucedido ah_madi_neyad.jpg (6068 bytes)en Irán y en Honduras, donde las democracias se tambalean y los líderes arrastran a sus seguidores en un sentido o en el otro.  ¡Qué difícil es entonces pensar en el poder del pueblo cuando un sólo hombre mueve a la multitud!  ¿Qué podemos desear en estas circunstancias?  Yo, al menos, no eliminaría los mecanismos de la democracia, pero desearía que la gente recibiera una educación refinada, mediante la cual sepan distinguir entre un líder negativo (que abundan) y uno positivo (que se necesitan), pues nunca dejaremos de buscarlos.

 

 

 

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