| Cuando vivamos en Marte... Es un día laboral cualquiera, a las 6 de la
mañana. Suena el despertador, una alarma electrónica incorporada al respaldar de
su cama, justo a esa hora. Te levantas, remolón, te ajustas las pantuflas y te arrastras
hasta el cuarto de baño, a pocos pasos de tu lecho. Éste acomoda tus cobijas y
sábanas automáticamente, y una vez listo, se levanta y se empotra en la pared. En su
lugar, hay una pequeña mesa redonda, surgida del suelo de material biodegradable, y una
silla anatómica que se ha armado justo a su lado. Se aclara el ventanal y una pantalla de
televisión empotrada enfrente se activa con las noticias del día. En el pequeño cuarto
de baño, tu servicio sanitario ha succionado tus desechos al vacío, y tú ya estás
debajo del chorro de agua cálida bajo una ducha de precisión electrónica. Sólo
dispones de unos 5 minutos para asear tu cuerpo y tu cabello, pero lo haces con
matemática militar. En poco tiempo estás recibiendo corrientes de aire caliente
que te secan en segundos y no pasan otros antes de que estés de nuevo en tu dormitorio,
ahora convertido en comedor. En una puerta larga y estrecha con un panel exterior,
seleccionas tu traje del día, que te es entregado al abrir la puerta en cuestión.
Vestirte es una tarea que debes hacer aún tú solo, así como comer, pero el desayuno es
traído por un pequeño robot doméstico, con una bandeja sobre lo que se supone debió
ser la cabeza, y que emerge de una puerta ubicada a la izquierda de la pantalla del
televisor, la cual, como es de suponer, conduce a la cocina, tan diminuta como el resto
del apartamento de soltero del que dispones. Te sientas a la mesa y saboreas un nutritivo desayuno compuesto de geles
coloridas, procesadas a partir de alimentos naturales sólidos y líquidos, pero que se
aprovechan hasta el último gramo. El desayuno es satisfactorio. Miras las noticias, sin
muchas ganas de ponerles atención, y luego desvías tu mirada hacia el paisaje de intenso
color rojo que se extiende más allá de tu ventanal. ¿Rojo? Sí, claro. Estás viviendo
en Marte.
¿Me volé? Bueno, tal vez. Aunque parece cada día que una pintura similar no está
tan lejana como alguna vez pensamos. Hace unos 30 años, las series de televisión
suponían que para el año 2000 estaríamos viviendo así en colonias espaciales. Eran muy
optimistas, en verdad, y tal vez así habría sido si no fuera por la innuerable lista de
problemas prácticos que entraña ajustarse a una forma de vida extraterrestre. Sin
embargo, nuestros pasos se enfilan hacia el espacio.

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| Fifth element (1997): en el siglo XXIII, el personaje de
Bruce Willis vive en un mini apartamento que podría ser cierto en una colonia marciana. |
Hace poco descendió la primera turista espacial. Y hay en espera
otros más, que desean experimentar la emoción de los viajes espaciales. Y estamos tan
sólo en el 2006. La NASA tiene sus planes, los industriales también tienen los
suyos. Y los gobiernos del mundo que pueden sufragar una carrera espacial contribuyen día
a día al mejoramiento de la Estación Espacial Internacional. Pero nadie se ha
olvidado de Marte.
En estos días, el
robot Opportunity, lanzado a Marte en el 2003 por la NASA, logró llegar al borde
del cráter Victoria, en el planeta rojo, y sacar las primeras fotografías. El cráter
tiene unos 800 metros de diámetro y los científicos intentarán guiar cuidadosamente al
robot para que se introduzca en su interior y siga enviando impresiones fotográficas de
sus paredes internas. El objetivo es indagar sobre la existencia posible de agua, además
de estudiar la conformación de los estratos rocosos del cráter. Ya el robot había
enviado fotografías de su entorno cuando aterrizó (en enero del 2004) y los científicos
habían descubierto que la zona había tenido una época húmeda en el pasado, por lo que
podía verse de los grabados en la roca, pero no esperaban que Opportunity
pudiese llegar hasta Victoria, pues el polvo marciano podía cubrir los paneles solares
del artefacto y volverlo inoperante al dejarlo sin suministro de energía. Sin
embargo, contra los pronósticos pesimistas, el robot logró llegar al cráter en
cuestión y continúa en operaciones.
Hablamos, por supuesto, de acciones científicas, de estudio y exploración. Ni
siquiera hemos enviado tripulación humana a Marte ni mucho menos colonizadores.
Pero en el día a día del avance tecnológico, la exploración espacial deja los sueños
de la ciencia ficción y se adentra cada vez más en nuestra cotidianeidad, hasta el punto
de que noticias como ésta comienzan a pasar casi inadvertidas por lo corrientes. Con este
perfil, no me extrañaría que un día, uno de mis nietos futuros me llame para contarme
que se ha conseguido un trabajo en Marte y que espera que lo visite en Navidad. Y tal vez
tenga que adaptarme a un cuartito similar al que comienza este comentario, preguntándome
una vez más cuál será el límite de nuestros sueños... :)
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