| El derecho a protestar Ahora que justo acaba de pasar la cumbre del
G-20 y miles de personas se agolparon en Londres para manifestar sus frustraciones e
inquietudes, regresó al escenario ese impulso humano tan natural que es protestar, en voz
alta y rodeado de muchos otros que piensan igual. No ha habido momento en la
historia en que una muchedumbre no se haya reunido en diferentes niveles de enojo o
angustia y no haya protestado contra algo o contra alguien que consideraban injusto,
cruel, peligroso o degradante. En algunas ocasiones semejantes protestas eran
violentísimas, terminaban en muerte y sangre, a veces en peleas estruendosas. En
otras ocasiones, se hacían pacíficamente, con poderosos mensajes multitudinarios.
Pero han existido siempre.
¿Es nuestro derecho? No creo que en el pasado remoto se le haya considerado en
esos términos. Cuando las multitudes se reunían entorno a los antiguos políticos
de las civilizaciones de la Media Luna o de las ciudades griegas o en los reinos chinos, nadie pensaba en
"derechos". Se reunían y espontáneamente manifestaban su furia, su
decepción o su aprobación. Y eran muchedumbres harto peligrosas, pues en
actividades colectivas, los seres humanos hemos demostrado un alto grado de irracionalidad
e histeria que pocas veces puede contenerse. Así pasó en ejecuciones famosas, sin
juicios justos ni oportunidad para defenderse. Y así pasó con las terribles
persecuciones de "brujas" o "traidores". Nadie sabía si en
realidad el desgraciado representaba algún peligro para la comunidad. Igual moría
de manera cruel.
Recordemos las multitudes enfurecidas de la
Revolución Francesa, de las ejecuciones en Camboya o del terrible genocidio perpetrado en
Ruanda. Multitudes rabiosas y descontroladas, llevando a cabo acciones impensables
en circunstancias distintas, todos escudados en el grupo moviéndose como un sólo
individuo.
Pero muchas veces esas multitudes que protestan no han producido muerte o desolación.
También han sido capaces de calar hondo y lograr conquistas nobles. Un
ejemplo notable fueron las manifestaciones pacíficas lideradas por Martin Luther King
Jr., las cuales lograron esparcir un mensaje mucho más poderoso que las violentas
acciones de los grupos extremistas. Y esto nos deja un mensaje claro: apreciamos
nuestra natural inclinación a protestar y a hacerlo en grupo, para que nuestra voz sea
escuchada, pero nuestro mensaje tiene efecto si nuestras acciones se revisten de paz y
respeto por la vida humana y por la integridad de las propiedades.
Lo triste de los incidentes del miércoles
1 de abril en Londres es que aún persisten la violencia y el desorden en muchas marchas
de protesta que de otra manera habrían llevado un mensaje más significativo. Su
furia oscurece cualquier mensaje que pudieran querer transmitir y reduce a vandalismo lo
que debió ser una manifestación espontánea de pueblos que no han perdido la
inclinación natural por las causas justas.
Afortunadamente, muchos otros comprendieron esto y fueron más eficaces al día
siguiente, cuando de forma pacífica se presentaron de nuevo para hacer valer su derecho a
protestar.
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