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BITÁCORA
3 de septiembre de 2007

Septiembre

rainyday.jpg (4371 bytes)cloudymountain.jpg (1582 bytes)Mientras estoy sentada aquí, frente a mi escritorio y contemplo un torrente de lluvia que parece no terminar, pienso que el año entra en su recta final y que se acercan los días de fiesta y el cambio de año.  El tiempo transcurre de prisa, en un inevitable recorrido que la mayoría de las veces ni siquiera sentimos ni realmente nos importa.  Pero transcurre.  Ya llegó septiembre. Para mí representa lluvia continua, ríos de agua corriendo por las alcantarillas y a lo lejos, frente a mí, las montañas cubiertas de una niebla espesa.  Las mañanas son soleadas, calurosas y húmedas, pero poco puede hacerse para liberar el entorno de la humedad constante, casi abrumadora, que nos rodea.  Ese es mi septiembre.

fall_innorth.pg.jpg (166071 bytes)En otras latitudes el paisaje es diferente.  Los fríos otoñales se hacen sentir en el norte, mientras que en el sur posiblemente ya se tienen atisbos de una primavera temprana.  primav_argent.jpg (53067 bytes)¡Puntos de vista!  En un planeta tan hermoso y tan familiar.  Y terrible.  Los huracanes recorren el Caribe, dejando destrucción y tristeza a su paso, mientras en Sudamérica crecen las inundaciones y los deslizamientos.  No es una época de sonrisas, ciertamente, y con los terribles cambios climáticos que ahora sufrimos por -en gran parte- culpa nuestra, hay todavía menos motivos de alegría.

Un pensamiento me vuelve a asaltar.  A lo lejos está la montaña, aún cubierta de verdor y neblinas, pero aquí, en mi entorno, el concreto predomina con su horrible color gris y su lúgubre aire de artificio.  ¿Dónde están los árboles?  No se ven muchos en estos tiempos, y ya puedo imaginar los apuros que tendrán los pericos cuando vuelvan por estas tierras con los primeros soplos de los alisios, allá en diciembre.  No habrá hogar ni refugio, ni descanso ni comida. Es triste.  Y será porque la lluvia tiene el poder de ponerme melancólica o porque ahora, que llueve tanto, puedo recordar los días ventosos, soleados y cálidos de la estación seca que aún está lejos de arribar y que cada año se anuncia con dichas avecitas.

Espero que no sea éste el último aguacero que reciben estas montañas verdes y que el otoño septentrional o la primavera austral encuentren su esplendor en naturalezas intactas o renacidas, allá donde les toque llegar... 

 

 
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