| Septiembre  Mientras estoy
sentada aquí, frente a mi escritorio y contemplo un torrente de lluvia que parece no
terminar, pienso que el año entra en su recta final y que se acercan los días de fiesta
y el cambio de año. El tiempo transcurre de prisa, en un inevitable recorrido que
la mayoría de las veces ni siquiera sentimos ni realmente nos importa. Pero
transcurre. Ya llegó septiembre. Para mí representa lluvia continua, ríos de agua
corriendo por las alcantarillas y a lo lejos, frente a mí, las montañas cubiertas de una
niebla espesa. Las mañanas son soleadas, calurosas y húmedas, pero poco puede
hacerse para liberar el entorno de la humedad constante, casi abrumadora, que nos
rodea. Ese es mi septiembre.
En otras
latitudes el paisaje es diferente. Los fríos otoñales se hacen sentir en el norte,
mientras que en el sur posiblemente ya se tienen atisbos de una primavera temprana. ¡Puntos de vista! En un planeta tan hermoso y
tan familiar. Y terrible. Los huracanes recorren el Caribe, dejando
destrucción y tristeza a su paso, mientras en Sudamérica crecen las inundaciones y los
deslizamientos. No es una época de sonrisas, ciertamente, y con los terribles
cambios climáticos que ahora sufrimos por -en gran parte- culpa nuestra, hay todavía
menos motivos de alegría.
Un pensamiento me vuelve a asaltar. A lo lejos está la montaña, aún cubierta
de verdor y neblinas, pero aquí, en mi entorno, el concreto predomina con su horrible
color gris y su lúgubre aire de artificio. ¿Dónde están los árboles? No
se ven muchos en estos tiempos, y ya puedo imaginar los apuros que tendrán los pericos
cuando vuelvan por estas tierras con los primeros soplos de los alisios, allá en
diciembre. No habrá hogar ni refugio, ni descanso ni comida. Es triste. Y
será porque la lluvia tiene el poder de ponerme melancólica o porque ahora, que llueve
tanto, puedo recordar los días ventosos, soleados y cálidos de la estación seca que
aún está lejos de arribar y que cada año se anuncia con dichas avecitas.
Espero que no sea éste el último aguacero que reciben estas montañas verdes y que el
otoño septentrional o la primavera austral encuentren su esplendor en naturalezas
intactas o renacidas, allá donde les toque llegar...
|
-
- |