| Sorpresivo dolor... Ha sido
impactante saber de la inesperada masacre ocurrida en los predios de la Universidad
Politécnica de Virginia. Una institución pacífica, que nunca se ha destacado por ser
especialmente conflictiva, o escenario de crímenes o protestas, o algo por el
estilo. Es tan sólo un centro educativo más, con su número de estudiantes
activos, sus negocios relacionados y adyacentes, sus dormitorios y su cuerpo
administrativo y docente. Como otro cualquiera similar en cualquier parte del mundo. Y de
pronto, una mañana, un chico pierde todo contacto con la realidad y lleva sus instintos
violentos al homicidio masivo y al suicidio consecuente. Y de la noche a la mañana, 32
personas inocentes pierden la vida sin que hayan hecho nada para merecerlo. Pues, no
es que la muerte se merezca, pero al menos la esperas si eres un soldado en el
frente, o si eres un narcotraficante lidiando con otros de la misma calaña, o si eres el
cruel dictador de un país oprimido por la tiranía, o si eres un delincuente en una
ciudad enorme y hostil. No la esperas, no de esa manera, en un aula universitaria
mientras estudias para acabar el semestre decentemente. Por tanto, son muertes de
inocentes que no hicieron nada para merecerla.
Al margen del dolor, de la violencia que crece en nuestras sociedades (en todas), de la
conveniencia de que los simples ciudadanos porten armas o no, de la eficacia de las
autoridades en casos como éste, ¿qué puede estarnos pasando? ¿se incrementan
dramáticamente los índices de violencia, como fruto de algo que estemos haciendo o
dejando de hacer? ¿Será la pérdida de los "valores de antaño"?
Bueno... no sé. No lo creo. Pienso que semejante tragedia era prácticamente
impredecible. Que en todos los lugares hay seres solitarios y dementes que se tornan
violentos frente a alguna serie de circunstancias. Pero en los valores de antaño,
donde la muerte era vista como algo más ligado a la vida, donde la guerra era cosa de
todos los días y no existían los derechos humanos, no encontraremos la pacificación que
ansiamos. Pienso que está especialmente en el alto grado de frustración que permea toda
nuestra sociedad. Porque deseamos ser felices y casi nadie parece lograrlo. Porque
pensamos que si tenemos problemas somos un fracaso. Porque si nuestros sueños no se
cumplen, somos un fracaso. Porque si la chica que nos gusta nos rechazó, somos un
fracaso. Y porque si los adultos siguen reaccionando violentos e iracundos frente a sus
propios niveles de frustración, será inevitable que más jóvenes reaccionen después
con cuadros graves de violencia.
Para pensar. Para reflexionar.
En medio del
dolor y de la sorpresa, también hay rayos de esperanza. Un hombre tuvo el valor de ser
héroe y de salvaguardar la vida de varios jóvenes para quien su existencia apenas
aflora. Un profesor que no sólo sobrevivió al Holocausto y no sólo se enfrentó a un
régimen dictatorial comunista, sino que supo aportar al mundo su saber y su grano de
arena, en la formación de mentes jóvenes, y al final cerró su vida interponiéndose
entre un asesino y sus víctimas inocentes. A él, nuestros más profundos respetos. A su
familia, un pésame teñido de esperanza.
Entretanto, envío desde mi humilde rincón un sentido pésame a todos los familiares
de las víctimas de esta horrible tragedia. :(
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