| Más científicos Hace unos meses, en alguno de sus discursos,
el presidente Obama comentó que su país necesitaba formar "más científicos".
Lamentó el estado de la educación media y estableció sin ambages que era preciso
reforzar la formación en ciencias y matemáticas en todos los colegios y escuelas del
país. En otro escenario, algunas conferencias internacionales sobre educación
hicieron su énfasis en la enseñanza de la ciencia a los niños y adolescentes, y de
hecho, en próximos días, una nueva conferencia internacional se inaugurará en Nueva
York, y contempla entre sus temas la educación científica de las nuevas generaciones.
En mi país, el déficit de científicos e investigadores es un problema que se ha
vuelto crónico. Cada gobierno enfrenta la necesidad de formar científicos de calidad,
sin que haya resultados satisfactorios a la vista. Y una de las asignaturas colegiales
más castigadas en los exámenes de bachillerato de educación media es precisamente
matemática, la base esencial de las ciencias. ¿Necesitamos más científicos? Es un
hecho. ¿Los estamos formando? No parece.
Considerando el panorama, me pregunté por qué es siempre tan sombrío el panorama
educativo de la mayoría de las naciones del mundo, incluyendo las de América Latina, en especial con respecto a la educación
científica. A los jóvenes no les interesa la ciencia, ni a los niños tampoco. La
encuentran aburrida, poco glamorosa, y muy mal remunerada. Prefieren carreras brillantes,
relacionadas con el mundo de las finanzas, con el de la moda, con el de los deportes de
industrias millonarias, con el de la música pop y con otras variantes de exhibicionismo
cultural. Es más interesante ser un estupendo abogado o triunfar en un escenario que
hacerse investigador científico. Y esa actitud se repite en todas las sociedades.
Creo que la explicación de este estado de cosas es bastante obvia. Primero, se le hace
creer a los niños y adolescentes que lo mejor del mundo es ser rebelde y cantar pop.
Todas las series de TV y las películas dirigidas a ellos encuadran chicos bonitos y
populares que cantan, bailan y actúan y son populares y adorados por sus congéneres como
verdaderas estrellas. En cambio, aquellos personajes que representan a un chico interesado
en la ciencia siempre es una criatura repulsiva, aburrida, fea, de quien todos se burlan y
a quien todos desprecian, a menos que se decida a abandonar sus actividades de
"nerd" y se lance al escenario, en cuyo caso se vuelve popular y atractivo. La
propaganda en este sentido es abrumadora.
Segundo, la enseñanza misma de la ciencia (y de la matemática, ya que estamos) es
demoledoramente aburrida. Lo era cuando yo asistía a la escuela y lo es ahora cuando son
mis hijos quienes asisten. Los libros son áridos, las clases son magistrales, las
explicaciones son abstractas sin el menor sentido de conexión con la realidad. Sumando
esto al párrafo anterior, el resultado no debería sernos tan extraño. ¡Es obvio que
todos huirán de la ciencia como la peste! Y es triste, porque en el futuro habrá aún
mayor carencia de profesionales científicos que sustenten el desarrollo de nuestros
pueblos.
Enseñar
de forma divertida, interesante, que los alumnos encuentren sentido a las leyes de la
física o a las combinaciones de la química, que sepan por qué la ecología es
interesante o por qué es práctico comprender los ciclos vitales, es una tarea necesaria
y urgente. No es conveniente que la actividad científica sea asociada con personas que
sufren repudio social. Que la actividad científica no sea el terreno de "nerds"
aburridos y feos, sino de gente inteligente, atractiva para la sociedad por la importancia
que revisten, sería el primer cambio de imagen que deberíamos asumir para comenzar a
mirar la ciencia con otros ojos y tener, por tanto, más científicos. :)
|
-
- |