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BITÁCORA
5 de abril de 2007

Fantasía y adultez

labfauno2.jpg (2681 bytes)-He visto un hada- dijo Ofelia, palabras más, palabras menos, en una de las primeras escenas de la película El laberinto del fauno, que tuve la suerte de ver hace unas cuantas semanas. -Ya estás mayor para creer en esas zarandajas- le respondió su madre, también en términos aproximados.  En el mundo narrado de la película, lo dicho por la niña era, sin embargo, la exposición literal de un hecho real. La madre reaccionó, por su parte, como hubiera reaccionado en su lugar cualquier adulto normal de nuestra época, aunque nosotros, los espectadores, ya sabíamos que la niña no mentía. También sabíamos que el filme trataría una historia de corte fantástico tradicional, con hadas y faunos, pruebas y monstruos, por lo que, más que extraño, nos era esperable el que Ofelia realmente viese un hada. Y allí estábamos, un público primordialmente adulto, mirando una historia de hadas y guerra.

labfauno1.jpg (3434 bytes)La película yuxtapone dos mundos que se parecen y se correponden en cuestión de detalles: el mundo "real" (humano) y el mundo "fantástico" (o de las hadas). En el primero se viven los estertores de un cruel conflicto armado (¿qué conflicto armado no es cruel?), del cual ha resultado vencedor uno de los bandos, que se dedica a perseguir y exterminar los últimos reductos del enemigo.  Entretanto, en el mundo subterráneo, el de los seres fantásticos, se enfrenta estoicamente el destino inevitable de la completa desaparición, destino que labfauno3.jpg (2522 bytes)sólo puede ser conjurado si la princesa, ida tiempo atrás, regresara a su reino. En la confluencia de ambos mundos, Ofelia se ve rodeada de la crueldad humana y de la ansiedad del reino fantástico (encarnada por el fauno), que ha descubierto en ella la reencarnación de su princesa perdida.  La niña deberá entonces pasar tres pruebas si desea en verdad "regresar" a su mundo original (y salvarlo de paso), pruebas que no resultan menos crueles que la diaria realidad que vive junto a los humanos.

La historia, claramente fantástica, no fue diseñada, sin embargo, para mentes infantiles. Este hecho se hace patente después de los primeros 10 minutos de película. Es demasiado compleja en sus ideas de trasfondo, demasiado oscura en su planteamiento visual, demasiado dura en su narración, como para que un público infantil pudiera no sólo disfrutarla sino tan sólo entenderla. En otras palabras, la película misma pone en duda las palabras de la madre: ¿somos "mayores" para ocuparnos de la fantasía? ¿Llega un momento en nuestras vidas en que estamos obligados a abandonar nuestras lecturas fantásticas... o nuestras películas fantásticas? ¿En qué momento es la fantasía inapropiada para la adultez?

señordelosanillos.jpg (5003 bytes)Mucho de lo que se comenta entorno a este tema discurre por los razonamientos siguientes: "La fantasía no es seria.  ¿Cómo podemos reflexionar sobre el mundo o sobre nuestra propia existencia en medio de elfos, enanos y dragones? Libros como El Señor de los Anillos (y su correspondiente versión cinematográfica) o como Las Crónicas de Narnia, ¿en qué contribuyen al enriquecimiento cultural de la especie?   Pueden ser libros muy bien escritos, hermosos inclusive, pero sólo sirven como medios de evasión de la realidad, de entretenimiento puro, que en modo alguna pueden considerarse como literatura "seria", aquella que logra provocar reflexiones profundas, desnudar el alma humana, fortalecer el pensamiento y hasta fundar toda una filosofía."

Con semejante planteamiento, la única conclusión posible es la de llegar a pensar que la fantasía es propia exclusivamente de la "irresponsable" infancia y de la "egocéntrica" adolescencia, épocas de la vida humana en las que el mundo real aún no involucra ni incumbe y en la que se posee el derecho a soñar sin preocuparse de las consecuencias. ¡Ya habrá tiempo para ocuparse del mundo y sus desgracias cuando se llegue a la adultez!

¿Así están las cosas? ¿La noble literatura universal, la verdaderamente "importante", la que leen los adultos, ha excluido para siempre a las hadas y a los dragones? En algún foro de literatura leí la opinión de alguien que expresaba su desgana ante la fantasía porque sólo quería invertir su valioso tiempo en lecturas que le reportaran mayores conocimientos o reflexiones "serias". ¿Leer historias de magia y caballeros nos infantiliza?

Volveremos sobre este tema.

 

 

 

 

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