| Fantasía y adultez -He visto un hada- dijo Ofelia, palabras más, palabras menos, en
una de las primeras escenas de la película El laberinto del fauno, que tuve la
suerte de ver hace unas cuantas semanas. -Ya estás mayor para creer en esas zarandajas-
le respondió su madre, también en términos aproximados. En el mundo narrado de la
película, lo dicho por la niña era, sin embargo, la exposición literal de un hecho
real. La madre reaccionó, por su parte, como hubiera reaccionado en su lugar cualquier
adulto normal de nuestra época, aunque nosotros, los espectadores, ya sabíamos que la
niña no mentía. También sabíamos que el filme trataría una historia de corte
fantástico tradicional, con hadas y faunos, pruebas y monstruos, por lo que, más que
extraño, nos era esperable el que Ofelia realmente viese un hada. Y allí estábamos, un
público primordialmente adulto, mirando una historia de hadas y guerra.
La película yuxtapone dos mundos que se parecen y se
correponden en cuestión de detalles: el mundo "real" (humano) y el mundo
"fantástico" (o de las hadas). En el primero se viven los estertores de un
cruel conflicto armado (¿qué conflicto armado no es cruel?), del cual ha resultado
vencedor uno de los bandos, que se dedica a perseguir y exterminar los últimos reductos
del enemigo. Entretanto, en el mundo subterráneo, el de los seres fantásticos, se
enfrenta estoicamente el destino inevitable de la completa desaparición, destino que sólo puede ser conjurado si la princesa, ida tiempo atrás,
regresara a su reino. En la confluencia de ambos mundos, Ofelia se ve rodeada de la
crueldad humana y de la ansiedad del reino fantástico (encarnada por el fauno), que ha
descubierto en ella la reencarnación de su princesa perdida. La niña deberá
entonces pasar tres pruebas si desea en verdad "regresar" a su mundo original (y
salvarlo de paso), pruebas que no resultan menos crueles que la diaria realidad que vive
junto a los humanos.
La historia, claramente fantástica, no fue diseñada, sin embargo, para mentes
infantiles. Este hecho se hace patente después de los primeros 10 minutos de película.
Es demasiado compleja en sus ideas de trasfondo, demasiado oscura en su planteamiento
visual, demasiado dura en su narración, como para que un público infantil pudiera no
sólo disfrutarla sino tan sólo entenderla. En otras palabras, la película misma pone en
duda las palabras de la madre: ¿somos "mayores" para ocuparnos de la fantasía?
¿Llega un momento en nuestras vidas en que estamos obligados a abandonar nuestras
lecturas fantásticas... o nuestras películas fantásticas? ¿En qué momento es la
fantasía inapropiada para la adultez?
Mucho de lo
que se comenta entorno a este tema discurre por los razonamientos siguientes: "La
fantasía no es seria. ¿Cómo podemos reflexionar sobre el mundo o sobre nuestra
propia existencia en medio de elfos, enanos y dragones? Libros como El Señor de los
Anillos (y su correspondiente versión cinematográfica) o como Las Crónicas de
Narnia, ¿en qué contribuyen al enriquecimiento cultural de la especie?
Pueden ser libros muy bien escritos, hermosos inclusive, pero sólo sirven como medios de
evasión de la realidad, de entretenimiento puro, que en modo alguna pueden considerarse
como literatura "seria", aquella que logra provocar reflexiones profundas,
desnudar el alma humana, fortalecer el pensamiento y hasta fundar toda una
filosofía."
Con semejante planteamiento, la única conclusión posible es la de llegar a pensar que
la fantasía es propia exclusivamente de la "irresponsable" infancia y de la
"egocéntrica" adolescencia, épocas de la vida humana en las que el mundo real
aún no involucra ni incumbe y en la que se posee el derecho a soñar sin preocuparse de
las consecuencias. ¡Ya habrá tiempo para ocuparse del mundo y sus desgracias cuando se
llegue a la adultez!
¿Así están las cosas? ¿La noble literatura universal, la verdaderamente
"importante", la que leen los adultos, ha excluido para siempre a las hadas y a
los dragones? En algún foro de literatura leí la opinión de alguien que expresaba su
desgana ante la fantasía porque sólo quería invertir su valioso tiempo en lecturas que
le reportaran mayores conocimientos o reflexiones "serias". ¿Leer historias de
magia y caballeros nos infantiliza?
Volveremos sobre este tema.
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