| ¿Traducciones u originales? La
pregunta parece superflua. A nivel general, se piensa que no hay mejor manera de acercarse
a un libro que leyéndolo en su idioma original. Primero, porque es posible captar de
primera fuente el "espíritu" del libro. Segundo, porque resulta una útil
herramienta de aprendizaje y práctica, tanto del idioma como de la cultura que le da
soporte. Tercero, porque es posible entender muchos giros y juegos que hacen que un libro
sea especial o diferente de otros. Las traducciones pueden ser muy frías, muy formales.
En su estandarización, se pierden los coloquialismos, los localismos y hasta las
expresiones idiomáticas más pintorescas, que reflejan e identifican a las culturas.
Además, es como estar leyendo "de segunda mano", pues resultan ser la manera en
que el traductor leyó el libro, "su" interpretación particular, no la tuya. Tu
lectura resulta, pues, filtrada.
Un ejemplo simple lo encontramos en los títulos. "Harry Potter and the Half-Blood
Prince" debería ser traducido al español como "Harry Potter y el Príncipe
Mestizo", pero en la traducción oficial del libro, que fue lanzada el 23 de febrero
pasado, le pusieron "Harry Potter y el Misterio del Príncipe". ¿Por qué
hicieron tal cosa? No lo sé, pero ciertamente despojan al libro de la primera fuente de
información importante con respecto a él. Habiéndolo leído, nos damos cuenta de que lo
más importante del título no está en la palabra Príncipe como en las palabras
Half-Blood (Mestizo), lo cual se pierde con el título que le impusieron en español. Otro
ejemplo, siempre relacionado con Harry Potter, es la costumbre que tiene Rowling de jugar
con las palabras (como Diagon Alley, diagonally), que en la traducción necesariamente se
pierde.
Por otro lado, la lengua original siempre tiene inconvenientes. Uno de los más
importantes es que no necesariamente la conoces lo suficientemente bien como para leer un
libro entero escrito en ella y entenderlo. O no la conoces del todo (yo me imagino frente
a un libro escrito originalmente en japonés, en árabe o en alemán, con los ojos
abiertos de par en par y sin entender siquiera una coma). En este caso, debes firmar un
pacto de confianza con el traductor y esperar que haya hecho un buen trabajo, lo cual
ocurrirá con la mayoría de las obras.
Con una buena traducción se puede también aprender. Sobre culturas ajenas, sobre giros
imprevistos del idioma (los buenos traductores suelen incluir explicaciones a frases o
vocablos de uso popular o regional, incluso histórico), sobre la relación que dicha
lengua tiene con la tuya (especialmente si conoces un poco la lengua original), y también
puedes disfrutarlo con gran intensidad, lo cual no ocurriría si sólo tuvieras que
leerlos en sus lenguas originales y no estuvieran traducidos.
A mí me parece aconsejable, de todas maneras, conocer y comprender idiomas extranjeros,
no sólo en contextos de negocios o sociedad, sino también en su literatura y en sus
documentos científicos o históricos. Si uno tiene la oportunidad de aprender uno de
ellos y de leer libros enteros en tal idioma, creo que debería emprender la aventura.
Resulta, pienso, una experiencia novedosa y reconfortante. Y si no, pues confiar en buenas
traducciones. En este caso, si uno conoce bien su propia lengua puede percibir
inconsistencias y absurdos en una traducción, lo que le daría idea de su calidad, y se
haría sensible a lo hecho con excelencia.
Entretanto, disfrutar de una buena lectura (en el idioma que se pueda leer) siempre es una
agradable idea en una hermosa tarde de lluvia.
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