| Proyectos de vanguardia  Hace
muchos siglos nuestras ciudades eran pequeños grupos humanos insertos en medio de campos
verdes y posiblemente poblados de bosques. Hoy en día, los bosques han desaparecido y las
ciudades son inmensos aglomeraciones de humanos estresados que crecen día con día y que
amenazan con tragarse el paisaje y hasta los mares si tienen la oportunidad. Es el
resultado natural e inevitable de nuestro crecimiento poblacional y nuestros logros en
materia de medicina (que ha logrado erradicar y controlar la mayor parte de las
enfermedades infecciosas que antes nos diezmaban),
de economía (que ha instaurado un sistema de comercio global altamente eficiente y pleno
de productos de variada naturaleza) y de política (pues aunque a veces parezca
increíble, el grado de paz y sostenibilidad política es altísimo en comparación con
las interminables disputas que asolaban los antiguos pueblos). ¿Víctimas de
nuestro propio progreso? Tal parece. Y las voces de protesta que claman por
un rescate ecológico se dejan oír a lo largo y a lo ancho de nuestro castigado planeta.
Pues bien. En estos días apareció una noticia curiosa: un instituto privado de
arquitectura ecológica presentó un plan de reorganización para la ciudad de San José
(la capital de mi país, Costa Rica). El proyecto pretende convertir la ciudad en
una urbe "verde", una verdadera reincorporación del bosque a la ciudad
existente. En vez de anchas avenidas de asfalto, posiblemente propensas a accidentes y no
necesariamente útiles para descongestionar el tráfico, se quiere construir largos
bulevares, con extensas zonas verdes llenas de árboles a ambos lados de la calle, que
refresque la vista y oxigene las calles. En vez de lotes baldíos o edificios abandonados,
parques. En vez de centros citadinos infestados de vehículos humeantes, tendremos
paseos para peatones y carriles para bicicletas. Hace un tiempo se quería
reintroducir tranvías eléctricos, por lo que supongo que se revivirán a la luz de este
nuevo planteamiento.
Naturalmente, las ventajas de un plan de esta
naturaleza son varias. Tomemos en cuenta que las plantas oxigenan el ambiente. Una gran
cantidad de árboles contribuirán a la descontaminación del aire citadino. Además, la
construcción de bulevares y paseos peatonales obligará a la existencia de tránsito
colectivo eficiente que sustituirá a los muchos vehículos particulares que inundan el
centro urbano, los cuales, por cierto, tendrán que abandonar paulatinamente el casco
central. Por otro lado, los árboles contribuyen a refrescar el ambiente y a equilibrarlo.
En días de mucho calor, crean sombras y favorecen las brisas, mientras que en días de
lluvia, la tierra sobre la que se levantan absorbe una gran cantidad del agua que cae.
Su efecto tranquilizador es innegable. Después
de todo, nunca es igual caminar por una acera congestionada de gente, rodeada de
automóviles que expiden humo y causan ruido, bajo el sol inclemente, totalmente rodeado
de asfalto, concreto y cables eléctricos, a caminar por un gran bulevar, bajo la sombra
de árboles susurrantes, sobre adoquines, rodeados de parterres con plantas ornamentales,
alejado del tránsito pesado, del ruido y del smog. El efecto tranquilizador sobre
la psique humana es evidente. Y, por supuesto, está la estética:
una ciudad llena de parques y avenidas de árboles es mucho más hermosa que una selva de
concreto gris.
Espero que algún día se concrete este proyecto tan vanguardístico. Claro que
no puedo evitar una alta dosis de escepticismo, pues mi fe en la clase política es
inexistente. Sin embargo, aún queda la esperanza de que, de algún modo, este plan
favorezca las ambiciones personales de algún político influyente y destacado y que, por
tanto, vea la necesidad de impulsarlo. O que nos toque en suerte la llegada de personas
comprometidas con el progreso del país y el bienestar de su gente y que por eso fomenten
la implementación de este tipo de planes razonables y convenientes para la salud mental y
física de los ciudadanos...
Ya veremos qué pasa.
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