| El espectáculo debe continuar Dicen que en el teatro surgió esta conocida
fórmula, según la cual, sin importar lo que suceda o quién falte, cualquier
espectáculo debe ser llevado hasta el final. Alguien lo considera un signo de
frialdad, falta de empatía por el prójimo y hasta símbolo de codicia. ¿Cómo que
"el espectáculo debe continuar?" ¿Y si ha ocurrido una tragedia? ¿Un
desastre? ¿Se justifica la fórmula? ¿No se hace evidente que la gente del teatro vive
obsesionada por el dinero? Y otros argumentos por el estilo. Yo, por mi parte, no
pienso así. Para mí, esta frase, surgida de un medio artístico, nada fácil, como
es el teatro, sólo evidencia respeto por el público, respeto por los artistas, y un
sentimiento de valentía frente a los avatares del exterior. Una de sus
consecuencias es también que contribuye a mantener la moral en alto.
Me hice estas reflexiones por varias
circunstancias, no relacionadas entre sí, pero que en el fondo se alimentan del mismo
mensaje. Una de ellas es la proximidad del Día de San Valentín. Ya están en
los comercios los consabidos chocolates, aparecen las ofertas relacionadas con regalos
florales, ositos de peluche y otros obsequios tradicionales de esta fiesta. Un
anuncio muy creativo que vi en televisión promocionaba ositos de peluche con alegres
atuendos, como la fórmula perfecta para quedar bien con la novia. Otro anuncio
lanzaba ofertas jugosísimas de arreglos florales. Y así, sucesivamente. ¿Qué
tiene que ver con la fórmula teatral?
Bueno, pues, que la fiesta continúa. La fiesta de la vida. Estamos en
crisis, hay pérdida de empleos, la gente se siente desanimada frente a lo que depara el
futuro. ¿Son razones suficientes para dejar de celebrar el 14 de febrero? Al
contrario. Aquellos que todavía tienen la posibilidad de hacer una pequeña
inversión en un regalo, sostienen la economía. Aquellos que siguen empeñados
trabajando, ofreciendo nuevos servicios, nuevos productos, y se lanzan a ofrecerlos,
también sostienen la economía, sostienen los empleos de sus trabajadores y mantienen la
fe en que podemos seguir adelante. En general, tanto quienes dan como quienes
reciben se nutren de sentimientos de cariño y confianza, y dejan de lado, al menos por un
momento, el temor o la angustia. El espectáculo, entonces, continúa.
¿Que se aproximan los premios de la Academia, el desfile de las estrellas, y otras
frivolidades? No hay problema. Alegran el corazón y la vista, despejan la mente y
alejan, por un momento, las inquietudes del futuro, mientras son sustituidas por chismes
simpáticos y espectáculos hermosos. ¿Sigue el cine funcionando? Se agradece.
Es necesario poder disfrutar de un poco de descanso mental, de disfrute auténtico.
Además de que sostiene la economía, como mencioné antes con
respecto al comercio de San Valentín. ¿Todavía hay espectáculos teatrales?
¡Magnífico! Ensalzan el corazón, la mente y el ánimo. Ofrecen el mejor ejemplo de que
la vida continúa y se debe seguir trabajando hasta que caiga el telón. Tesón,
confianza, respeto. Y de paso, ayudan en la economía.
Agradezcamos que la gente sigue cosechando, sigue ofreciendo productos, sigue
impartiendo lecciones, sigue entreteniendo. Agradezcamos, en medio de crisis y
problemas, de que todavía muchos creen en que el espectáculo debe continuar.
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