7 de agosto de 2006
Cursando de nuevo la escuela. Últimamente han estado pasando por algunos canales de cable un anuncio de
alguna organización o fundación de ayuda social o fomento educativo o algo parecido. No
recuerdo de cuál entidad se trata, pero sí que recuerdo el anuncio en cuestión.
Consiste en uno de esos mensajes en los que se insta a la población a comportarse de una
manera conveniente por el bien de otros. En este caso, los "otros" son los
niños y lo que se pretende es que los padres de familia se involucren activamente en las
actividades escolares de todo tipo de sus hijos. El anuncia comienza con la imagen
de un adulto, serio o sonriente, y en letras claras su nombre, su edad, y el grado que
supuestamente "cursa". Por ejemplo, "Manuel, 45 años, tercer
grado". Luego aparece una mujer, otro hombre, y así sucesivamente. Diferentes
edades, diferentes niveles de primaria. Al principio pensé que se trataba de
adultos que por alguna razón no habían logrado estudiar de niños y que ahora por medio
de un gran esfuerzo volvían a la escuela. Finalmente, aparece una mujer joven de la cual
se dice que cursa el "kindergarden". En este punto me sorprendí. ¡Nadie
"regresa" al kindergarden! Por tanto comprendí. Luego decía "Conviértete
en un padre de cuatro puntos". Los cuatro puntos era algo así como
"coopera, participa, comparte, etc". (Nunca recuerdo el último punto de una
lista).
Pensando en ese anuncio, parecía simpático y hasta exagerado decir que los adultos
padres de familia "cursaban" junto con sus hijos sus años de escuela.
Luego, al pensar en mis propios hijos, me di cuenta de que es una verdad irrefutable, si
uno se involucra de verdad con la escuela de los niños. En estos días, por ejemplo, me
ha tocado la inevitable tarea de tener que ayudar a mis hijos en sus deberes escolares. No hay remedio, por más que uno quiera
evitarlo diciendo "después de todo es su responsabilidad, yo no soy quien está
estudiando", siempre termina buscando información en los libros, ayudándolo a
redactar alguna pregunta difícil y tomándole la materia para el examen. No es que tú
haces la tarea por él o estudias por él (lo cual es altamente contraindicado e
impráctico para efectos de educación), no. Es que al ayudarlo a que asuma sus
deberes, terminas por involucrarte en el proceso. Así, si mi hijo tenía que
aprender las reglas ortográficas de la c, la s y la z en español, allí estaba yo
revisándolas también para poder evaluarlo y saber si se las había aprendido. Yo
no las recordaba ni por asomo, no al menos de forma teórica, como requería el examen,
así que tuve que darme a la tarea de "estudiarlas". Mi hija, por su
parte, tenía que entregar una redacción sobre el agua. Pues a ayudarla a buscar
datos sobre el agua y por qué es importante para nuestro cuerpo, y cada cuánto hay que
tomarla, etc., etc., etc.
Finalmente, misión cumplida. Tus hijos miran televisión y tú te tomas un café
tranquila, sabiendo que ya están preparados para el día siguiente. Y no puedes por
menos que sonreír, pues recuerdas de pronto otra tarea similar (las tareas se repiten en
el tiempo y en el espacio, no sé por qué), otra lista de reglas de ortografía que
estudiar, y tu propia madre o tu padre tal vez, a tu lado, ayudándote a escribir
correctamente los datos en la hoja limpia, o preguntándote si "vaca" se escribe
con "b" o con "v", con el rostro cansado y la frente arrugada, pero
preocupados o ansiosos porque te fuera bien y supieras responder. Era tu
responsabilidad, pero ellos estaban allí. Y te das cuenta de pronto que es la clase de
memorias que agradeces y que tal vez, por una vez, un anuncio tiene razón en
recordártelo. :)
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