| Ahora, en Copenhage Después
de tantos preámbulos sin mucho éxito, finalmente la Cumbre de Copenhage (Dinamarca) ha
comenzado, con representantes de 192 países y con vistas recibir a grandes líderes
mundiales, incluyendo a Barack Obama hacia la otra semana. Nadie duda que sea importante a
estas alturas, pues puede decirse que se discute el rumbo que nuestro planeta habrá de
tomar en materia energética y económica durante los próximos años, aunque las voces
escépticas insistan en afirmar que el cambio climático ni es nuestra responsabilidad ni
es tan grave como se anuncia. ¿Qué se decidirá? ¿Se decidirá algo? Eso está por
verse. El problema con este tipo de conferencias internacionales es que suelen quedarse en
intenciones más que en medidas concretas y puede que la situación del clima siga tal
cual durante los próximos años.
En mi humilde opinión, hacer algo es
indispensable. Creas o no en que el calentamiento global es causado por el ser humano, lo
que es innegable es que vivimos rodeados de una extrema contaminación ambiental que no
puede traernos beneficios. Los países petroleros insisten en que el ser humano no es
responsable de que la Tierra se caliente, obviamente intentando defender un status quo que
sólo a ellos conviene, pues en el cuadro sus productos -petróleo y derivados- son los
principales causantes del aumento de la temperatura. La verdad, poco importa a estas
alturas si el calentamiento lo producimos
nosotros o no. La contaminación del aire es ostensible responsabilidad nuestra y nuestros
pulmones están pagando las consecuencias ya y ahora. Los petroleros pueden decir lo
quieran, pero que sus productos nos son perjudiciales no lo oculta nadie de ninguna forma.
Que debemos cambiar nuestras estructuras energéticas es imperioso, más allá del
calentamiento global, y que debemos hacerlo ya, también.
Ahora bien, estimo poco probable que las emisiones de CO2 sean tan inocentes como ellos
quieren hacerlo ver. La verdad es que la Tierra se está calentando y la verdad es que
nuestras emisiones de gases invernadero están contribuyendo a ello, lo hayan causado en
primera instancia o no. Doble razón para regularlas, e inclusive, para eliminarlas.
Por otro lado, es evidente que estamos extinguiendo especies a un ritmo anormal y
peligroso, no sólo en el Reino Animal sino también en el Vegetal. También es evidente
que nuestras estructuras agrícolas no están funcionando de manera eficaz para alimentar
a toda la población del mundo. Se necesita un cambio sustancial en la manera en que
tratamos a la naturaleza y también en la manera en que aprovechamos nuestros recursos. Y
en cómo los desechamos. Recordemos que el
Océano Pacífico sostiene en estos momentos una inmensa mancha de desechos que no
desaparecerán hasta dentro de cientos de años, mientras que nuestro espacio exterior
comienza a llenarse de desperdicios. Reciclaje, reutilización, reconversión, tantas y
tantas ideas han surgido para deshacernos de la basura y proveernos de energía sostenible
que es un sinsentido seguir pensando que podemos mantener el estado de las cosas tal cual
están.
Esta responsabilidad es compartida. No es cosa sólo de los países "ricos"
ni significa que los "pobres" tienen licencia para contaminar en aras de un
supuesto "desarrollo", porque no es cierto eso de que sólo se puede avanzar
económicamente de una sola manera. Existen miles de formas de ser próspero sin necesidad
de arrojar nuestra basura al vecino. El cuento chino de muchos de nuestros países
subdesarrollados de que limitar las emisiones o adoptar medidas de reciclaje retrasa el
desarrollo es sólo eso: un cuento chino. Y va lo mismo para las medidas contra la
minería tradicional y otras plagas "industriales" que sólo han contaminado
nuestros recursos naturales y anclado nuestros países en el subdesarrollo que pretenden
combatir.
Así que pensemos bien lo que debemos hacer. Esta Navidad puede traernos el mejor
regalo o la peor desilusión. Por el bien de todos, espero que sea lo primero.
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