| De paseo por una librería El otro día
nos fuimos de visita a la librería local. Mis hijos habían concluido la lectura de
sendos libros en nuestra hora especial de lectura y les hacía falta material, por lo que
era preciso suplirlos de nuevas fuentes. El pedido fue externado formalmente por mi hijo
mayor, lo cual no me sorprendió, pues se puede decir que ya es un lector con experiencia
(tiene casi 9 años) y de paso pensé que sería apropiado buscar otro también para mi
hija de 6 años, que se ha adentrado en la aventura de la lectura recientemente. El
pequeñín, de 4 años, prelector inquieto, nos acompañó porque nos acompaña siempre a
todo lugar al que vayamos.
Pequeña librería. La variedad no es muy grande, aunque considerable si tomo en cuenta
el promedio de las librerías locales, y destina un rinconcito a la literatura infantil.
Es muy agradable. Libros empastados en colores brillantes, con letras grandes
y claras, historias pletóricas de imaginación y algunas con intenciones didácticas
evidentes. Sentados en silloncitos en forma de estrella, mis hijos se dedicaron a la
tarea de revisar toooodos os libros que pudieran alcanzar. Pero con atención seria, lo
cual no dejó de llamar mi atención. Humm... éste me sirve, éste no. Éste
se ve interesante... éste, muy difícil. Ah, no está aquel que buscaba. Mi
hijo mayor había llegado con la clara intención de hallar Las Crónicas de Narnia:
El Príncipe Caspian, pero no se hallaba a la venta en aquel momento, lo cual no
impidió que se pusiera a rebuscar.
Mientras miraba a mis hijos dedicados a su búsqueda, pensé de pronto que en mis años
de infancia había muy pocas librerías y la única verdaderamente grande no solía
destinar una sección de su local a los niños, pero los libros infantiles eran igualmente
coloridos e imaginativos. No cambian mucho los libros. Las librerías sí. Son
más vistosas, más astutas para presentar su mercadería, más imaginativas en sus
actividades, mediante las cuales incitan a los clientes a visitarla y preguntar por las
novedades o los más destacados. Los libros, en cambio, siguen siendo ese montón de
papel impreso encuadernado en una pasta suave o dura, de contenido variado, que hace
siglos ya tentaba a cientos de lectores y que hoy en día sigue tentando. Otros artículos
infantiles, al igual que los libros, han cambiado poco en el transcurrir de los siglos,
como por ejemplo los juguetes básicos: las muñecas siguen siendo
muñecas, las pelotas y los vehículos en miniatura aún agitan la imaginación de los
niños, y hasta las falsas monturas y los disfraces ocupan un primer lugar en sus
preferencias. Son algo así como los grandes permanentes. Juguetes típicos y
libros. Y si los juntas con las nuevas maravillas de la tecnología moderna, en
especial con nuestras magníficas computadoras, tienes suficientes elementos para encender
el pensamiento de los niños y llevarlos a niveles insospechados de desarrollo y
habilidad. Alguien decía que la computadora desplazaba a los juguetes o a los
libros. Y por un tiempo, hubo quienes pensaban así. Pero en realidad, la capacidad
de complementación entre unos y otros es magnífica. Ahí estaban mis hijos,
creciendo en medio de un ambiente digital, super tecnológico, diestros usuarios de
computadoras, inclusive de Internet (como mi hijo mayor), y además, completamente
concentrados en medio de libros infantiles, buscando ansiosamente una nueva historia, un
nuevo mundo de imaginación.
Mi hijo menor interrumpió mis reflexiones con una vocecita entristecida: "No zé
qué puedo llevad". Me hizo gracia. No sabe leer, pero ya considera con
seriedad tener un libro para la hora de la lectura y poder imaginar lo que sucede ahí a
partir de la interpretación de sus imágenes. Lo consolé diciéndole que escogiera
uno de animalitos. Al final, él mismo escogió un libro de cartón con forma de
osito panda, recibió la autorización paterna para llevarlo y cuando habían pasado unos
20 minutos de búsqueda, iba mi esposo cargado con cuatro libros nuevos: una adaptación
infantil de Don Quijote de la Mancha (¡increíble, pero magníficamente
adaptado!), El maravilloso Mago de Oz (un clásico infantil para mi hijo mayor), La
Bella Durmiente (una precisa adaptación del cuento clásico para mi hija) y El
Osito Panda, para el menor. Digno final para un paseo por la librería aquella
tarde. :)
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