| Solsticios Se aproxima el solsticio de junio o solsticio de verano (en el hemisferio
norte). Si viviéramos en alguna civilización antigua europea, céltica o similar,
supongo que nos prepararíamos para el importante momento en que el sol marcará el inicio
del verano. Era una fecha simbólica, cargada de promesas y misterios, y no pocos
pueblos prehistóricos le concedieron una importancia vital para sus sociedades. De
hecho, se cree que el famoso Stonehence
está ligado a la celebración de los solsticios. En el caso del 21 o 22 de junio,
en el hemisferio norte es el día más largo del año. Por contraste, en el
hemisferio sur, para cuyas sociedades sería el solsticio de invierno, será el día más
corto, el cual por cierto también es otro motivo de celebración, pues después de dicho
día, los días comenzarán a alargarse de nuevo y el Sol se fortalecerá.
Hoy en día cada solsticio nos significa simplemente el eco de una tradición, el
marcaje de una estación, o la oportunidad para salir de fiesta, si en nuestra localidad
se celebra alguna. Pero en días antiguos, tanto en Europa como en Egipto y otras
civilizaciones orientales, la llegada de los solsticios era un motivo de celebración y también de prevención. Eran
momentos mágicos, cuando se abrían puertas misteriosas al paso de seres como duendes o
hadas o diablos -éstos, propios de la tradición cristiana-. Había que encender
hogueras para mantener alejados a los espíritus demoníacos pero al mismo tiempo, había
que celebrar al Sol y desearle fuerza, pues sin su energía, nuestras culturas agrícolas se habrían perdido y habrían
muerto en medio del hambre. Si era el día más largo (verano), habría tanta luz
que las tinieblas no podrían alcanzarlos, pero había que desear que el Sol no perdiera
su energía. Por otro lado, si era el día más corto (invierno) se celebraba lo que
vendría después, es decir, el progresivo alargamiento de los días y fortaleza del Sol.
Cualquiera que fuera el motivo, habría ocasión de celebración.
En nuestros días escépticos y racionales, ¿qué puede significar un solsticio de
junio? Ya no una alabanza al Sol y a la vida. ¿O sí? Las estaciones
siguen cambiando, tal como lo han hecho desde que somos capaces de registrarlo y
recordarlo. Gracias a tales registros, fuimos capaces de construir nuestras
civilizaciones, independizarnos de la cacería y del vaivén de los árboles o arbustos
que producían frutos, y pudimos expandirnos y conquistar el planeta. Gracias a
nuestra capacidad de observar las estrellas y los movimientos del Sol y de la luna, fuimos
capaces de establecer la civilización que hoy en día -aunque no lo parezca- nos protege.
En otras palabras, tenemos motivos para celebrar los solsticios.
¿Llegará el momento en que los solsticios desaparezcan? Pues sí, claro, pues
el Sol no es eterno. Pero no será su desaparición lo que debiera inquietarnos, ni
siquiera tomar un momento de nuestros pensamientos (se calcula que sucederá dentro de unos 5 mil millones de años). Creo que
más atención merece nuestra Tierra, sus estaciones y sus ciclos. Hoy, que nos
enfrentamos al fantasma del calentamiento global, a la amenaza del cambio climático, es
motivo de celebración que aún haya un solsticio de verano en el que podamos prever días
soleados, durante los cuales nuestros campos florecen y nutren nuestras mesas, y un
solsticio de invierno por el que podamos prever que los días fríos y estériles
terminarán por acabar pronto y llegará una nueva primavera y nuestros árboles
reverdecerán y crecerán nuestros campos. El simbolismo no vendrá asociado, ya
más, a la fuerza del Sol o a la salida de los seres mágicos -que representaban en gran
escala los dones de la Madre Naturaleza-, sino que podremos asociarlos a nuestra capacidad
de revertir nuestros errores, preservar la belleza de nuestra Tierra y seguir cosechando
frutos al final de cada otoño, como ha sucedido desde que nuestros ancestros alabaron al
Sol y le agradecieron su constancia. :)
|
-
- |