| Tormentoso inicio de año Muchos recordarán el 2008 como un año funesto en muchos sentidos,
desde el económico hasta el social o el político, pasando por los desastres naturales y
los desafíos ecológicos que lograron explotar. Pero de alguna manera, cuando se
termina, una especie de alivio podría sentirse en muchos puntos del mundo, como si el
cambio del calendario significara un respiro a tantos desafíos. Desafortunadamente,
parece que el 2009 se perfila tanto o más tormentoso, y hasta lúgubre. Alguien
dijo, sin embargo, con un optimismo que le envidio: "Si empezó tan grave, no puede
empeorar: sólo mejoraremos".
El
conflicto en Gaza sacude al mundo por dos razones: por lo complejo que es y por la
impotencia básica de todos los que están fuera. Es, en sí mismo, la explosión de
una tensión creciente a lo largo de todo el año pasado. No parece aún que vaya a
resolverse, mientras la crisis humanitaria se agrava. Sin embargo, no puede durar.
Ningún bando lo aguantaría. Entonces, haciendo gala del optimismo antes
citado, como no puede empeorar, pronto tendrá que resolverse. Los esfuerzos por
alcanzar una solución se han intensificado y espero que esta vez sea más eficaz.
No hay que olvidar que otros conflictos igualmente desastrosos pueden estarse gestando en
otros partes del mundo a la sombra de la calamidad de Gaza: piénsese en Afganistán, en
Pakistán, en Darfur, en el Congo, en Zimbaue, etc. Incluso es de considerar el
conflicto entre Ucrania y Rusia por el gas, aunque parece que están próximos a la
solución. En todo, caso cuanto más veloz llegue un alto al fuego en Gaza, tanto
mejor para las víctimas, para el pueblo de Gaza y también para esos otros focos de
conflicto.
La
recesión económica parece haber tocado fondo en el mundo desarrollado. Sin
embargo, los países están tomando medidas que intentan resolver la crisis y prever una
profundización que nadie desea. En Estados Unidos, por ejemplo, ya comenzó la
batalla por el nuevo paquete de estímulo económico que intentará revertir la espiral
descendente de su economía. No conozco detalles ni mucho menos, pero espero que sea
un nuevo impulso, pues de la mano de la economía estadounidense irán ancladas las demás
economías del mundo. Igual que con Gaza, quiero pensar como el optimista: como no
debe empeorar (digo debe y no puede, pues parece que sí puede
empeorar), deberá mejorar.
En mi país un terremoto de escala 6,2 en
la escala de Richter segó la vida de 15 personas, destruyó carreteras, comercios y
pueblos, y hasta dejó fuera de funcionamiento una de las plantas hidroeléctricas más
importantes del área metropolitana. Aún más de 100 personas siguen desaparecidas
y la cuenta de daños asciende a los millones de dólares. Pero ya se trabaja por
rescatar a los que quedaron atascados, y por llevar comida y ropa a los damnificados.
Quisiera que no hubiera muerto nadie, y espero que aparezcan los desaparecidos,
pero supongo que pudo ser peor. La lección vendrá para las construcciones y las
previsiones del gobierno para casos de emergencia, aunque eso vendrá después. De
momento, mis pesares estarán con quienes perdieron a un ser querido y con quienes
perdieron sus bienes y sus medios de trabajo...
Ante un tormentoso inicio de año y a las puertas de tantos problemas, nos aferramos al
optimismo que mueve montañas y decimos con seguridad: bien, tocamos fondo, ahora todo
tiene que ir mejor.
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