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BITÁCORA
11 de abril de 2006

Modas caprichosas

Bueno... alguien dijo por ahí que toda moda es caprichosa, sino no sería "moda", pero al menos a mí me parece que algunas pueden ser más caprichosas que otras. ¿Por qué se establece una moda? Ni idea, pero de pronto está ahí, al alcance de la mano y uno se deja llevar por ella como si fuese un decreto ineludible del gobierno. De hecho, los decretos gubernamentales no suelen preocuparnos gran cosa, mientras que la "moda" es intimidante. Pienso en ello no por los zapatos de último grito ni por las faldas cortas o largas, o por los pantalones por la pantorrilla, sino por algo tan nuevo como son los teléfonos celulares o móviles.

Hace un tiempo, un teléfono celular era una novedad tecnológica maravillosa. ¡Comunicarse con cualquier mortal desde cualquier punto de la ciudad sin depender de tu casa o del alcance de tu señal inalámbrica! ¡Guau! Claro que estaba reservado para los más ricos, así que los demás se limitaban a contemplarlos con ansiedad lastimosa a través de alguna vitrina especial.

Esos tiempos pasaron a la historia.  Ahora cualquiera tiene un celular. Y cuando digo "cualquiera" es eso: "cualquiera". Desde el conserje del edificio hasta un escolar. Desde el hombre que reparte las verduras hasta el jefe de la compañía. Todos tienen uno.  Y los hay entonces de todos los tamaños, colores y sonidos posibles, pues la competencia es feroz entre los fabricantes. ¡El mercado es tan grande!  Supongo, entonces, que aquí se fundó la moda de los celulares. Un tiempo hubo en que la "moda" era tener un color diferente de carátula según el traje que te pusieras ese día. Después vino la moda de sonidos diferentes para cada llamada entrante. Luego, que los celulares tenían que ser más delgados que una hoja de papel. Luego, que tuvieran cámara.  Luego que tuvieran cámara y acceso a internet y etc., etc., etc.

El otro día presencié el último grito: minicelulares que se enganchan en la oreja para poder hablar mientras realizas otras actividades. ¡Eso estuvo impactante! A primera vista parecían aparatos para sordos.  Luego me acerqué un poco y disimuladamente observé el adminículo con atención. Oh, por Dios, me dije. ¡Celulares! Ya no tienes que usar tu mano para responder, no.  Ya puedes llevar la conversación (cualquiera que sea) al lado de tu cerebro, justo en tu oreja. ¿No es demasiado?

Supongo que no. Eso es lo que tienen las modas. Nada es demasiado. Simplemente se pone de moda o no.  Si está, úsalo. Si no, ni se te ocurra.  No hay sentido común o necesidad real o raciocinio. Es la tiranía de lo que usan o hacen los demás.  Y así te sientes parte de ellos. Ya vendrán otras modas. No sé, tal vez celulares incorporados en la oreja o en la parte baja del cerebro, o con video (videofonos más sofisticados), o qué sé yo. Ya aparecieron los celulares con acceso a canales de televisión. ¿De qué me puedo asombrar?

Listos, entonces, para la próxima moda. :)
 

 

 

 

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