| Historias navideñas  Comentando una
comedia ligera ambientada en Navidad, un crítico local de cine decía que podía
considerarse entre los géneros cultivados por el cine al género "navideño",
el cual consistía en historias relacionadas directamente con la Navidad y por ende,
solían estrenarse en esta época del año. Añadía que, a diferencia de otros
géneros (como el western) no se había renovado en décadas. Siempre las
mismas comedias tontas, siempre los mismos sentimientos antinavideños (egoísmo,
consumismo, materialismo), siempre el mismo par de idiotas lanzándose toda suerte de
desafíos para destacarse en la comunidad. Vi de qué iba la película que comentaba
y ciertamente parecía como cortada en molde, de tan igual que resultaba a otros títulos
parecidos de la misma época.
Ahora bien, en realidad las historias navideñas abarcan mucho más que comedias tontas
o extremadamente ligeras. Su tema central, la Navidad, puede ser abordada de muchas
formas y de hecho lo es. Muchas resultan entonces melancólicas y otras hasta
religiosas. Y no pienso tan sólo en el cine. La literatura ha proporcionado
ejemplos varios de historias navideñas diversas en las que el protagonismo no es asumido
por un comediante insulso sino por personajes más intensos.
Clásico de
clásicos, Canción de Navidad, de Charles Dickens, es el primer ejemplo
magistral en el que puedo pensar. Abordando la Navidad como suma de valores más que como
época de fiesta o como celebración religiosa, transmite un sentimiento único: puedes
ser egoísta todo el año, si así has de ser, pero por favor, no en Navidad. Es
patético, es desolador y es ruin ser egoísta, especialmente si es Navidad. El
avaro e insensible señor Scrooge revive sus Navidades pasadas, contempla desde otra
perspectiva su Navidad del presente y mira con horror sus Navidades futuras, crueles y
duras por culpa de su propia dureza y su propia crueldad. No hay en esta historia la
menor traza de una comedia tonta o ligera.
Otras historias navideñas también se inclinaron por la melancolía o los dulces
sentimientos, como aquella hermosa historia de los esposos muy pobres que vendían lo que
más apreciaban para poder darle un regalo de Navidad al otro y se daban cuenta al final
que el regalo más valioso que podían darse era su amor entregado.
¿Será que sólo
en el cine hallamos la estupidez ligada a la Navidad? No lo sé, pero sí sé que hay
películas navideñas que no caen en la categoría de estúpidas. Ejemplos que se
me vienen a la cabeza son las producciones animadas de El expreso polar, de
Robert Zemeckis (animación por computadora), y La pesadilla antes de Navidad de Tim Burton (animación cuadro por
cuadro). Ambas son historias navideñas de curioso desarrollo, donde la fantasía se
une a la tradición de Santa Claus para traernos un aire de beatitud navideño
inconfundible. Tampoco encontramos en ellas trazas de estupidez apabullante.
No creo, entonces, que el género navideño se haya estancado. Es sólo que la
tentación de producir películas tontas es muy fuerte para los estudios, pues son
fáciles de hacer y fáciles de encuadrar (por la época), pero no nos engañemos pensando
que sólo existen en el género navideño. Entretanto, podemos disfrutar de algunos
títulos seleccionados por su calidad que bien hablan de Navidad y lo hacen con una
sonrisa y no con un porrazo.
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