| Las maravillas del mundo Alrededor de unos cien millones de votantes, desde
todos los rincones del planeta, votaron por las "Nuevas Siete Maravillas del
Mundo" en un concurso privado, sin el patrocinio ni aprobación de la UNESCO o
cualquier otra organización internacional de rango similar. Los resultados ya
fueron dados a conocer hace unos días (yo no voté, pues no me enteré a tiempo) y
generaron tanto júbilo como críticas y hasta censura. Entre los ganadores figuraron algunos de los monumentos por los
que yo habría votado sin duda, tales como las ruinas de Machu Picchu o las de Chitchén
Itzá, pero quedaron por fuera otros que yo, en mi pequeña y humilde opinión, considero
auténticas maravillas de la inteligencia humana, como el caso de Hagia Sophia (o
Iglesia de Santa Sofía, como suele llamársele en español), en Turquía, o las estatuas
de la Isla de Pascua, frente a las costas chilenas. No se
puede tener todo y aquí intervinieron tantas voluntades humanas como cabezas. En
general, las nuevas maravillas me parecieron acertadas, dado que todas tienen de común
una ingente capacidad de provocar una sensación de maravilla en el corazón
humano. También pensé que la exclusión de las Pirámides de Giza de la votación
fue conveniente y
justa: le permitió a otro monumento ser tomado en cuenta (pues estoy segura de que
habría integrado la lista otra vez de haber continuado en liza). Hay que recordar que de
las Siete Maravillas del Mundo originales, las Pirámides son las únicas que quedan en
pie. Todas las demás fueron barridas por el paso de los siglos (el Templo de Diana
en Éfeso, el Coloso de Rodas, el Faro de Alejandría, los Jardines Colgantes de
Babilonia, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Sepulcro de Mausolo en Halicarnaso).
Ocho, pues, son las maravillas del mundo hoy en día.
La UNESCO se opuso a la iniciativa, incluso la criticó con dureza. Adujo que nombrar
un monumento como Patrimonio Mundial para protegerlo del deterioro, incluso de la
desaparición, requiere de la valoración según criterios científicos y técnicos que no
podían estar presentes en una votación tan popular como ésta. Ni siquiera los
monumentos candidatos se encuentran en peligro. Sus argumentos me parecen acertados,
en cuanto al nombramiento de un patrimonio de tal naturaleza. Pero esta votación tampoco
buscaba "proteger" ninguno de ellos, ni buscaba sustituir a la UNESCO en tan
importante labor de preservación histórica y cultural. Para esto, la UNESCO es
perfecta. El sentido de la lista se basaba en premisas muy distintas a la
protección de la cultura. Tenía que ver
directamente con la capacidad de asombro, de éxtasis, que una construcción realizada por
el ser humano mismo puede causar en sus congéneres. La Gran Muralla China, el Coliseo Romano, el Cristo Redentor, el Taj Mahal y
la Ciudad Roja de Petra se unen a las antiguas ciudades precolombinas que ya cité para
completar la nueva lista. Inspiran admiración y
respeto, no tanto por las construcciones en sí, sino por las manos humanas que las
convirtieron en realidad, las cuales son las que, al fin y al
cabo, más importan. También nos pueden hacer pensar en las que desaparecieron por
la acción de la guerra o de la insania. En
este caso, sí, que sea la UNESCO la que informe, sin enojarse, de la existencia precaria
de grandes monumentos, en historia y tradición, que no deberían perderse por culpa de
nuestra ignorancia o por la indiferencia de los gobiernos. Que se organicen tantas
votaciones como sean necesarias para solicitar la protección de tantas otras maravillas,
menos espectaculares, pero igualmente importantes para nuestra historia. :)
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