| El Día Internacional de... El 8 de marzo pasado se celebró un nuevo
Día Internacional de la Mujer. En medio de avisos publicitarios edulcorados (en los
que se felicita a las mujeres ser lo que son: mujeres), reflexiones profundas y serias
sobre la situación real de las mujeres en el mundo (conquistas y derrotas, desafíos y
esperanzas, victorias y lágrimas) y hasta críticas enconadas contra la celebración
misma, se le dedicó un día a un motivo, un símbolo o como quiera vérsele.
Se dice que celebrar un día así es denigrar a la mujer. Es seguir viéndola
como un ser inferior, al que hay que
socorrer. Otros dicen que, precisamente porque sigue siendo vista como ser humano de
segunda categoría en la mayoría de las sociedades humanas, es preciso seguir recordando
que la lucha continúa y que no debe ser olvidada. Ambos tienen su parte de razón, claro
está. Sin embargo, lo que más me interesó de la celebración fue la creciente
confianza en crear "días internacionales de..." para luchar por una causa.
No hace mucho se celebró un día mundial de reflexión entorno al cáncer de mama, que
cobra tantas vidas sin que muchas veces nos demos cuenta. También se ha celebrado
el día internacional del agua -incluso se amplió en el año internacional del
agua-, con lo que se conminaba a la reflexión entorno a nuestras reservas de agua potable
en el mundo, el acceso que tenemos a ella y si peligra este valiosísimo recurso natural
por culpa de la contaminación y la sobreexplotación. Tenemos los días formales
dedicados a la madre, al padre, al niño, al maestro, al árbol, al trabajo, al libro, y
aún hay muchos más. Si llenamos el calendario de tantas celebraciones, ¿dejarán
de tener importancia? ¿Comenzaremos a verlas pasar con indiferencia?
¿Quién sabe?
Pienso,
por mi parte, que no. Estas celebraciones, en particular las que no llegan aún al
corazón del comercio, como el Día de la Mujer, siguen teniendo una gran razón de ser:
mantienen vivo el deseo de lucha, conservan el poder de reflexión y alertan contra la
apatía y la renuncia. Ese día en particular puso de nuevo sobre el tapete el
estado de la lucha por la igualdad, e incluso reforzó los llamados de atención sobre las
crisis humanitarias en Congo, Darfur y Afganistán, que se ensañan en particular contra
el sexo femenino.
Las celebraciones que han ido perdiendo mucho de su sentido son aquéllas que descansan
en la actividad comercial -como el Día de la Madre, del Padre o del Niño-, pues la gente
suele verlas tan sólo como ocasión de dar regalos. Sin embargo, siempre dejan un
resquicio de pensamiento para los más conscientes. No es casualidad que no tengan
"su día" ninguno de los personajes que no necesitan ser defendidos ni
protegidos, por disponer de las ventajas y de la posición de poder en el mundo. Los
demás, merecen en algo nuestros pensamientos...
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