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BITÁCORA
13 de diciembre de 2008

Tradiciones que sí vale la pena conservar...

libro_devalores.jpg (3050 bytes)He notado en los últimos tiempos que ha habido un creciente movimiento en pro del rescate de "valores".   Artículos de periódicos, correos electrónicos no solicitados (que suelen traer presentaciones de Power Point con dibujitos bonitos, fotografías nostálgicas y frases cliché), sesudas conferencias y hasta discursos infantiles (los cuales no suelen ser escritos o pensados por los niños que los exponen) se enfocan con repetida insistencia en las desgracias que caen sobre nuestra sociedad porque "hemos permitido" que se "pierdan" nuestros "valores".  Nadie explica realmente en qué consisten los tan defendidos "valores", pero la insistencia es evidente. Nuestra juventud se ha perdido, por falta de valores.  Nuestra política se ha perdido, por falta de valores.  Nuestras familias se han perdido, por falta de valores.  Etc. Etc. Etc.  ¿De cuáles valores están hablando?   No lo sé.  No suelen explicarlo con detalle.  De pronto, y sin previo aviso, luego de una larga cháchara sobre los devaluados valores, estos brillantes defensores de antaño se enfocan en nostalgias por nuestras "tradiciones".   Que hay que conservarlas, que hay que preservarlas, y va de nuevo.  Tampoco se especifican de cuáles se tratan.

¿Por qué lo critico?  Pues por la simple razón de que no todos los llamados valores -que suelen corresponder a creencias de antaño de variada naturaleza- ni todas las tradiciones son dignas de ser conservadas, ni siquiera conviene.  solidaridad2.jpg (3137 bytes)Cuando hablamos de amistad, amor, honestidad, valentía, lealtad, y ese tipo de cualidades humanas, son ciertamente valores que deben conservarse.  Pero no son valores propios de una tierra o de una época.  Son rasgos de la conducta humana cuya aplicación siempre ha sido beneficiosa para nuestras vidas y nuestras sociedades en todo sentido.  Por eso son valores universales: valen para todo tiempo y lugar.  El problema es que son tan generales que han de ser especificados para cada circunstancia, lo que da origen a múltiples interpretaciones. Es en tales interpretaciones donde surgen las diferencias de opinión, las censuras y las lamentaciones.  Un valor como la discreción no se entiende de la misma forma aplicada a un hombre que a una mujer, a un niño que a un adulto, en 1950 y en 2008.  Ha de ser reexaminado, reeditado casi.

Con las tradiciones la situación es aún más complicada.  Si un país no conserva sus tradiciones, puede perder su identidad, pero al mismo tiempo, las sociedades humanas cambian y se moldean a nuevas circunstancias y nuevas relaciones, en las que algunas tradiciones quedan desfasadas.  ¿Cuáles conservar?  ¿Todas?  ablación.jpg (2691 bytes)Eso es absurdo. Por ejemplo, la ablación femenina es una tradición africana muy arraigada.   También ha existido en otras partes del mundo. ¿Debemos conservarla porque es una "tradición"?  Obviamente, no.  tamales-trad.jpg (4018 bytes)En un ejemplo menos dramático, se ha perdido la tradición de preparar tamales en familia (en mi país).  Sin embargo, los tamales se siguen preparando, se venden incluso.  ¿Qué es lo que debemos conservar entonces?  ¿Reunir a todo el mundo a preparar un alimento que ya nadie sabe preparar pero que a todo el mundo le gusta comer o simplemente la costumbre de comer tamales en Navidad?

Pienso, entonces, que defender tradiciones y valores sin aspiración de cambio es una lucha perdida de antemano.  Cambiamos todo el tiempo y es necesario hacerlo.   Entonces, lo que se debe conservar no es necesariamente la tradición panes-trad.jpg (4021 bytes) quesos-trad.jpg (4099 bytes)en sí misma sino sus saludables o convenientes efectos, si los tenía. Pienso en comidas ancestrales, saludables y beneficiosas, que se siguen preparando hoy en día y que son verdaderas tradiciones humanas, como el pan, el queso, el vino, las tortillas, los preciosos vino-trad.jpg (3014 bytes)tamales, etc. y en la manera familiar y/o amistosa con que se usan en eventos o ceremonias también beneficiosas, porque celebran verdaderos valores universales, como la amistad, el amor o la unión familiar.  Pienso en una tradición tan hermosa, tan plena de significados universales, como es la Navidad, y en que no debemos celebrarla así o asá (como dirán algunos inflexibles defensores de lo antiguo), sino conservar su espíritu básico (la celebración de esos valores universales de los que hablaba) y hacerlo con convicción y no por obligación.  Esa es una tradición que vale la pena conservar.

 

 

 

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