| San Valentín ¡Es tan repetitivo hablar del amor y de los enamorados el 14 de febrero!
O de la profunda amistad que une a algunos seres humanos con sus almas gemelas... (tengo
la impresión de que en algunos países la fecha se ha vuelto extensible a la amistad
posiblemente por razones comerciales). Tarjetas, bombones, flores, "te
amo", "feliz día de San Valentín", "Happy Valentine's!" (al
decir de algunos), cenas románticas a la luz de las velas, ¡en fin!, tantas y tantas
variantes. Incluso prosperan otros negocios al cobijo de esta fecha, como la
compañía que ofrece las "mejores excusas" para olvidarse de celebrar el
dichoso día (sí, también están los que desean borrar del calendario fechas como
ésta). A todo esto, supongo que todos estarán enterados de quién fue San
Valentín. Yo, por mi parte, descubrí de pronto que ignoraba todo sobre la materia
y por eso me fui a investigar un poco.
San Valentín resultó ser un santo antiguo. La
leyenda habla de un sacerdote cristiano, Valentinus, que vivió durante la época del
emperador romano Claudio II, y que a escondidas de las autoridades imperiales casaba a las
parejas según sus creencias religiosas. Tiempos hostiles eran aquellos para los
cristianos, considerados abiertos rebeldes frente a la autoridad: cuando lo sorprendieron,
lo condenaron al martirio y a la ejecución. Durante este periodo de cautiverio se
le atribuyen diversos milagros, pero una de las historias más interesantes (desde mi
punto de vista, al menos) es la que cuenta de la relación que trabó Valentinus con la
hija de su carcelero romano, el cual le confió al ilustrado sacerdote la instrucción de
la joven, en la cárcel misma. Se dice que Valentinus se enamoró de la muchacha y
el día antes de su muerte le envió una carta de amor y despedida que firmó "de tu
Valentinus". A este hecho, pues, se atribuye la costumbre de enviar cartas de
amor y poemas en el día de los enamorados (cartas de "San Valentín" o
"valentines").
Valentinus fue ejecutado un 14 de febrero. Su historia habría culminado aquí si
200 años más tarde la Iglesia Católica, ya poderosa y deseosa de acabar con ritos
paganos que incluían invocaciones a dioses protectores del amor, no lo hubiera canonizado
y declarado "santo patrono de los enamorados". Los dioses paganos de la
fertilidad y del amor que eran objeto de peticiones y oraciones fueron entonces
sustituidos por un santo cristiano, dentro de la doctrina de la Iglesia.
Por supuesto que las costumbres europeas de la celebración del amor pasional o
romántico se remontan a tiempos más antiguos que los hechos que llevaron a Valentinus a
morir, y solían involucrar la presencia de dioses (o diosas) de la fertilidad o del amor
(que en la Antigüedad eran casi lo mismo), de los cuales el más famoso es Cupido (el Eros griego), quien por cierto no tenía nada que ver
con ese angelito rollizo y cursi que adorna tantas tarjetas de San Valentín. Lo que
a mí en particular me llama más la atención es la manera tan astuta que tuvo siempre la
Iglesia para apropiarse de celebraciones religiosas ajenas, aunque fuera por la vía de
aprovecharse de tristes historias como la de Valentinus. Hoy en día, San Valentín
es una especie de santo menor, más protector de los comercios de tarjetas y flores que de
los enamorados, más una excusa que una auténtica celebración. Su historia resulta mucho
más triste y dura que una tarjetita con un cupidito bonachón, aunque también
curiosamente más romántica que sus derivaciones comerciales. Entonces, en ese Valentinus
pienso hoy, y a travé de él, en todos aquellos que realmente aman y realmente sufren o
son felices en aras de ese amor. Para ellos sí envío un ¡Feliz Día de San
Valentín! :)
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