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BITÁCORA
14 de mayo de 2008

Heroísmos reales

her_cul_es.jpg (4006 bytes)Hace ya varios años, trece quizá, que se estrenó en cartelera la película animada Hércules, de Walt Disney.  Era un clásico animado sobre un joven que descubre cuál es su verdadero destino y que demuestra, a pesar de las adversidades, que se puede ser bueno, valiente y leal, cualidades que le ganan un premio excepcional.  Visto así, no deja de ser una clásica película disneyana, edulcorada y predecible, como tantas y tantas otras que la famosa firma cinematográfica habrá producido infinidad de veces.  Sin embargo, lejos de ser un producto comercial hecho para el video casero, en realidad, es una de las buenas películas hechas con lápiz, en las que la forma sintonizaba con un contenido humanista, sin edulcoraciones excesivas.  De hecho, considero a Hades, el malo de la historia, como uno de los "malos" mejor logrados de las historias de Disney.

¿Por qué la recuerdo ahora?  Bueno, en realidad, tiene que ver con ese contenido humanista que mencionaba.  La necesidad, profunda, inconsciente, del ser humano por un héroe.  Pero no un héroe cualquiera, no.  Lo que el ser humano desea en su vida atribulada es la presencia de un héroe verdadero.  Pero, ¿qué es un héroe verdadero?  Tal era la pregunta que tenía el Hércules de Disney (muy distinto, en todo sentido, del Hércules mitológico, por cierto).  Para él era vital saberlo si quería volver al Olimpo.  Su condición de inmortal le había sido arrebatada por Hades, en un intento por conjurar una profecía que le era adversa, pero tenía la posibilidad de recuperarla si demostraba que era un héroe verdadero.  Al preguntar el joven sobre la naturaleza de tal condición, Zeus, su padre, tan sólo le responde "lo sabrás en tu corazón".

her_culesalrescate.jpg (178134 bytes)A partir de ahí, el joven se aboca a realizar una serie de espectaculares hazañas que le ganan fama y fortuna a lo largo y a lo ancho del mundo helénico de la película, pero a pesar de todos sus esfuerzos, que son magníficos por cierto, dado que está dotado de una fuerza física excepcional, ninguna de tales hazañas le gana el título de héroe verdadero.  Y es que el verdadero heroísmo no radica en la fuerza muscular, sino en la capacidad de generosidad y solidaridad que se posee.  Hércules ganará su condición divina de nuevo no por ser muy fuerte, sino porque es muy bueno: sacrifica su vida por salvar la de un amigo.

El año pasado, CNN realizó una fuerte campaña para dar a conocer la vida de personas comunes que por sus hazañas extraordinarias son consideradas héroes verdaderos.  Al prestar atención al tipo de hazañas que realizaban, caíamos en la cuenta de que se trataba exactamente de la misma noción presentada en la película de Disney doce años antes: los héroes verdaderos tienen la fuerza para cambiar el mundo, gracias a su generosidad, su solidaridad, su capacidad para hacer el bien, aún a costa de muchos sacrificios.  ¿Será que en nuestros atribulados tiempos de crisis económicas, conflictos sociales y armados, hambres, desastres naturales y cambio climático, estamos de nuevo clamando por los héroes verdaderos?  ¿Es por eso que un medio de comunicación encuentra tanta respuesta cuando se trata de solicitar nominaciones para conocer tvheroes.jpg (2918 bytes)a estos "héroes reales"? Yo me atrevería a afirmarlo. En el mismo sentido deberíamos ubicar la popularidad de la nueva serie de ciencia ficción Héroes, de la NBC, que trata de sus vidas más que de sus poderes, y de su capacidad para convertirse en héroes "de verdad".  Incluso pienso que uno de los elementos no declarados de la actual campaña demócrata en Estados Unidos es el ansioso deseo porque el próximo presidente del país sea también un héroe, alguien que les traiga esperanza, cambio y consuelo.

heroineirena.jpg (4150 bytes)irenaold.jpg (3647 bytes)En estos días murió Irena Sendler.  Tenía más de 90 años de edad y no podía andar.  Pero su nombre es recordado con reverencioso cariño por miles de víctimas del régimen nazi, del cual ella los rescató: 2500 niños judíos fueron sacados por esta mujer de la Alemania nazi, en ataúdes, en sacos, en cajas, en lo que tuviera a mano.   Ellos vivieron y ella conservó sus documentos de identidad, sus historias y hasta los nombres de las familias donde fueron reubicados.  Así, no sólo no morían físicamente sino que tampoco lo hacían para su pueblo y sus familias originales.   Pero fue descubierta por los nazis, torturada salvajamente y condenada a muerte.   La resistencia logró rescatarla, pero ella había quedado inválida como resultado de las torturas.  Y, sin embargo, en ningún momento reveló el destino de aquellos niños ni pudieron los nazis rastrear a sus víctimas.  Sobrevivió a la guerra y a la tortura y hasta tuvo ocasión de conocer después a muchos de esos niños que rescató, hechos hombres y mujeres, con hijos y hasta con nietos, que la tenían en el corazón como una heroína de su tiempo.

En honor a ella y a los que mantienen viva la esperanza del ser humano es que hago estas reflexiones. Porque ella fue, al tenor de lo dicho por Zeus, una heroína verdadera.

 

 

 

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