| Heroísmos reales Hace ya varios años, trece quizá, que se estrenó en
cartelera la película animada Hércules, de Walt Disney. Era un clásico
animado sobre un joven que descubre cuál es su verdadero destino y que demuestra, a pesar
de las adversidades, que se puede ser bueno, valiente y leal, cualidades que le ganan un
premio excepcional. Visto así, no deja de ser una clásica película disneyana,
edulcorada y predecible, como tantas y tantas otras que la famosa firma cinematográfica
habrá producido infinidad de veces. Sin embargo, lejos de ser un producto comercial
hecho para el video casero, en realidad, es una de las buenas películas hechas con
lápiz, en las que la forma sintonizaba con un contenido humanista, sin edulcoraciones
excesivas. De hecho, considero a Hades, el malo de la historia, como uno de los
"malos" mejor logrados de las historias de Disney.
¿Por qué la recuerdo ahora? Bueno, en realidad, tiene que ver con ese contenido
humanista que mencionaba. La necesidad, profunda, inconsciente, del ser humano por
un héroe. Pero no un héroe cualquiera, no. Lo que el ser humano desea en su
vida atribulada es la presencia de un héroe verdadero. Pero, ¿qué es un héroe
verdadero? Tal era la pregunta que tenía el Hércules de Disney (muy distinto, en
todo sentido, del Hércules mitológico, por cierto). Para él era vital saberlo si
quería volver al Olimpo. Su condición de inmortal le había sido arrebatada por
Hades, en un intento por conjurar una profecía que le era adversa, pero tenía la
posibilidad de recuperarla si demostraba que era un héroe verdadero. Al preguntar
el joven sobre la naturaleza de tal condición, Zeus, su padre, tan sólo le responde
"lo sabrás en tu corazón".
A partir
de ahí, el joven se aboca a realizar una serie de espectaculares hazañas que le ganan
fama y fortuna a lo largo y a lo ancho del mundo helénico de la película, pero a pesar
de todos sus esfuerzos, que son magníficos por cierto, dado que está dotado de una
fuerza física excepcional, ninguna de tales hazañas le gana el título de héroe
verdadero. Y es que el verdadero heroísmo no radica en la fuerza muscular, sino en
la capacidad de generosidad y solidaridad que se posee. Hércules ganará su
condición divina de nuevo no por ser muy fuerte, sino porque es muy bueno: sacrifica su
vida por salvar la de un amigo.
El año pasado, CNN realizó una fuerte campaña para dar a conocer la vida de personas
comunes que por sus hazañas extraordinarias son consideradas héroes verdaderos. Al
prestar atención al tipo de hazañas que realizaban, caíamos en la cuenta de que se
trataba exactamente de la misma noción presentada en la película de Disney doce años
antes: los héroes verdaderos tienen la fuerza para cambiar el mundo, gracias a su
generosidad, su solidaridad, su capacidad para hacer el bien, aún a costa de muchos
sacrificios. ¿Será que en nuestros atribulados tiempos de crisis económicas,
conflictos sociales y armados, hambres, desastres naturales y cambio climático, estamos
de nuevo clamando por los héroes verdaderos? ¿Es por eso que un medio de
comunicación encuentra tanta respuesta cuando se trata de solicitar nominaciones para
conocer a estos "héroes reales"? Yo me atrevería a
afirmarlo. En el mismo sentido deberíamos ubicar la popularidad de la nueva serie de
ciencia ficción Héroes, de la NBC, que trata de sus vidas más que de sus
poderes, y de su capacidad para convertirse en héroes "de verdad".
Incluso pienso que uno de los elementos no declarados de la actual campaña demócrata en
Estados Unidos es el ansioso deseo porque el próximo presidente del país sea también un
héroe, alguien que les traiga esperanza, cambio y consuelo.
 En estos días murió Irena Sendler. Tenía más de 90 años
de edad y no podía andar. Pero su nombre es recordado con reverencioso cariño por
miles de víctimas del régimen nazi, del cual ella los rescató: 2500 niños judíos
fueron sacados por esta mujer de la Alemania nazi, en ataúdes, en sacos, en cajas, en lo
que tuviera a mano. Ellos vivieron y ella conservó sus documentos de identidad,
sus historias y hasta los nombres de las familias donde fueron reubicados. Así, no
sólo no morían físicamente sino que tampoco lo hacían para su pueblo y sus familias
originales. Pero fue descubierta por los nazis, torturada salvajamente y condenada
a muerte. La resistencia logró rescatarla, pero ella había quedado inválida como
resultado de las torturas. Y, sin embargo, en ningún momento reveló el destino de
aquellos niños ni pudieron los nazis rastrear a sus víctimas. Sobrevivió a la
guerra y a la tortura y hasta tuvo ocasión de conocer después a muchos de esos niños
que rescató, hechos hombres y mujeres, con hijos y hasta con nietos, que la tenían en el
corazón como una heroína de su tiempo.
En honor a ella y a los que mantienen viva la esperanza del ser humano es que hago
estas reflexiones. Porque ella fue, al tenor de lo dicho por Zeus, una heroína verdadera.
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