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BITÁCORA
14 de junio de 2006

Los y las, todos y todas, ¡o tod@s!

Hace algún tiempo, cualquier discurso político o social, o cualquier alocución en la televisión o en la radio, era dirigido a un público anónimo con un simple "ustedes" sin precisiones de género. Las únicas excepciones solían ser "Damas y caballeros" o "Señoras y señores", por ejemplo, con una delicadeza típicamente tradicional de colocar a las "damas" por delante de los "caballeros".   El resto del discurso discurría con un razonable número de "los", o "todos", o "ustedes" sin mayores especificaciones.  Y nada en el mundo se afectaba por este comportamiento.

De pronto, pareció que tales discursos eran una abominación machista y discriminatoria que debía ser modificada de inmediato.  Había que incluirlos a todos de manera muy específica.  Es decir, a todos y a todas.  No se podía hablar de "los estudiantes".  Había que decir "los y las estudiantes", como si la palabra "estudiante" no englobara por sí misma a representantes de los dos sexos.  Había que decir "los niños y las niñas" o "los maestros y las maestras" o "los ciudadanos y las ciudadanas".  Así repartido, en cada discurso de cualquier índole que apareciera.

Pensé al principio que sería una moda pasajera, pero parece que se ha instalado.   No hay quien la evite.  Como una especie de plaga o enfermedad contagiosa de amplio espectro.  Lo peor es que ya comenzó a afinarse.  Como es tan evidentemente incómodo referirse a cada interlocutor o hablar de cada miembro de la sociedad especificando géneros, ahora empezaron a abreviar con el famoso @.  Resulta que este famoso símbolo ya no sólo es útil en las direcciones de correo electrónico. Resulta que abarca a ambos géneros sin alargar el discurso.  Así las cosas, si un discurso tan inocuo como: "Todos los niños del mundo tienen el derecho de ser reconocidos como ciudadanos desde el momento en que nacen" se había transformado en la pesadez de "Todos los niños y todas las niñas tienen el derecho de ser reconocidos y reconocidas como ciudadanos y ciudadanas desde el momento en que nacen", ahora abreviamos así: "Tod@s los niñ@s del mundo tienen el derecho de ser reconocid@s como ciudadan@s desde el momento en que nacen".  Y se supone que la arroba engloba los dos géneros.

Mi pregunta es: ¿por qué?  Es decir, ¿no se las arreglaba suficientemente bien el castellano para expresar la misma idea sin recurrir a tanta artimaña?  ¿Qué tenía de inapropiada la antigua regla gramatical de que el género masculino abarcaba el femenino en plurales mixtos?  ¿Denigraba en algo a la mujer implicada?  No he visto que la condición femenina, en el ámbito social o económico o simplemente moral, haya mejorado un ápice porque especifiquemos a cada momento a hombres y mujeres o porque recurramos a la englobadora arroba. ¿No es más importante velar porque se cumplan las disposiciones que protegen a las mujeres?  ¿No es más importante dirigir nuestros esfuerzos hacia la erradicación de la violencia doméstica, las violaciones y el rapto de mujeres, el tráfico de menores y otros terribles delitos que se perpetran día a día, especialmente contra el sexo femenino?

A veces tengo la impresión que esta nueva costumbre resulta ser distractora. Da la impresión de que se considera en igualdad a la mujer con el hombre, pero no pasa de ser un truco lingüístico.  O algo así. No es de extrañar que abunde en el discurso político. :)  Yo, por mi parte, debo de resultar insufriblemente tradicional.   Prefiero el castellano de siempre.  Me parece un idioma hermoso, rico en recursos expresivos, suficientemente adaptable para reflejar nuevas realidades. Y sirvió antaño, como aún lo hace, no sólo para expresar pensamientos crueles sino también para exteriorizar hermosos sentimientos y maravillosas apologías de todo lo bueno que tiene el mundo.

 

 

 

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