Los y las, todos y todas, ¡o tod@s!
Hace algún tiempo, cualquier discurso político o social, o cualquier alocución en la
televisión o en la radio, era dirigido a un público anónimo con un simple
"ustedes" sin precisiones de género. Las únicas excepciones solían ser
"Damas y caballeros" o "Señoras y señores", por ejemplo, con una
delicadeza típicamente tradicional de colocar a las "damas" por delante de los
"caballeros". El resto del discurso discurría con un razonable número
de "los", o "todos", o "ustedes" sin mayores
especificaciones. Y nada en el mundo se afectaba por este comportamiento.
De pronto, pareció que tales discursos eran una abominación machista y
discriminatoria que debía ser modificada de inmediato. Había que incluirlos a
todos de manera muy específica. Es decir, a todos y a todas. No se podía
hablar de "los estudiantes". Había que decir "los y las
estudiantes", como si la palabra "estudiante" no englobara por sí misma a
representantes de los dos sexos. Había que decir "los niños y las
niñas" o "los maestros y las maestras" o "los ciudadanos y las
ciudadanas". Así repartido, en cada discurso de cualquier índole que
apareciera.
Pensé al principio que sería una moda pasajera, pero parece que se ha instalado.
No hay quien la evite. Como una especie de plaga o enfermedad contagiosa de
amplio espectro. Lo peor es que ya comenzó a afinarse. Como es tan
evidentemente incómodo referirse a cada interlocutor o hablar de cada miembro de la
sociedad especificando géneros, ahora empezaron a abreviar con el famoso @. Resulta
que este famoso símbolo ya no sólo es útil en las direcciones de correo electrónico.
Resulta que abarca a ambos géneros sin alargar el discurso. Así las cosas, si un
discurso tan inocuo como: "Todos los niños del mundo tienen el derecho de ser
reconocidos como ciudadanos desde el momento en que nacen" se había transformado en
la pesadez de "Todos los niños y todas las niñas tienen el derecho de ser
reconocidos y reconocidas como ciudadanos y ciudadanas desde el momento en que
nacen", ahora abreviamos así: "Tod@s los niñ@s del mundo tienen el derecho de
ser reconocid@s como ciudadan@s desde el momento en que nacen". Y se supone que
la arroba engloba los dos géneros.
Mi pregunta es: ¿por qué? Es decir, ¿no se las arreglaba suficientemente bien
el castellano para expresar la misma idea sin recurrir a tanta artimaña? ¿Qué
tenía de inapropiada la antigua regla gramatical de que el género masculino abarcaba el
femenino en plurales mixtos? ¿Denigraba en algo a la mujer implicada? No he
visto que la condición femenina, en el ámbito social o económico o simplemente moral,
haya mejorado un ápice porque especifiquemos a cada momento a hombres y mujeres o porque
recurramos a la englobadora arroba. ¿No es más importante velar porque se cumplan las
disposiciones que protegen a las mujeres? ¿No es más importante dirigir nuestros
esfuerzos hacia la erradicación de la violencia doméstica, las violaciones y el rapto de
mujeres, el tráfico de menores y otros terribles delitos que se perpetran día a día,
especialmente contra el sexo femenino?
A veces tengo la impresión que esta nueva costumbre resulta ser distractora. Da la
impresión de que se considera en igualdad a la mujer con el hombre, pero no pasa de ser
un truco lingüístico. O algo así. No es de extrañar que abunde en el discurso
político. :) Yo, por mi parte, debo de resultar insufriblemente tradicional.
Prefiero el castellano de siempre. Me parece un idioma hermoso, rico en recursos
expresivos, suficientemente adaptable para reflejar nuevas realidades. Y sirvió antaño,
como aún lo hace, no sólo para expresar pensamientos crueles sino también para
exteriorizar hermosos sentimientos y maravillosas apologías de todo lo bueno que tiene el
mundo.
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