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BITÁCORA
16 de diciembre de 2009

1.5°

pro.jpg (32287 bytes)Como siempre, las divergencias humanas se imponen sobre la lógica. A tres días del cierre de la Cumbre de Copenhague, los acuerdos están muy lejos de ser alcanzados y sólo prevalecen las diferencias entre los países más poderosos del mundo. "Responsabilidad histórica" y "compromisos específicos" parecen lemas de partidos políticos, mientras nuestro futuro está en juego.

¿Qué han dicho los científicos? Ellos no toman decisiones políticas. Ellos estudian, observan, comprueban y diagnostican. La conclusión es estremecedora: 2° grados es una meta insuficiente. El océano se está calentando a un ritmo mucho más acelerado de lo que se había anticipado. Nos quedaremos sin hielo ártico en una década o incluso en un lustro al paso que vamos, y muchas de nuestras islas desaparecerán catastróficamente en unos cuantos años más. Es vital, es esencial que se corten las emisiones de CO2 y que se instalen alternativas viables de obtención de energía limpia. ¿Qué se puede hacer? Los científicos han dicho que la humanidad tiene la tecnología y el conocimiento para revertir el calentamiento global, pero no se puede hacer nada si los políticos no deciden el curso de la historia.

¿Qué dicen los políticos? Tantas cosas y todas inútiles. ¿Responsabilidad histórica? Bueno, permitir que China, la India, Rusia y Brasil sigan contaminando como locos sólo porque son países "en desarrollo" es absurdo. Por más responsabilidad histórica que tengan los países del Primer Mundo, al planeta le importa muy poco quién lo inflama con gases de efecto invernadero. Si lo hace un país subdesarrollado o un país desarrollado, la naturaleza lo procesa igual. En este sentido, todos tenemos la responsabilidad histórica de parar la contaminación. Todos. Incluidos los pequeños y con mayor razón, los emergentes, cuyos actuales "progresos" vienen acompañados de mucha basura ambiental.

¿Compromisos específicos? Es hora de que los países ricos paguen la factura. Deben impulsar sus propias reformas energéticas, pero a la vez, poner un coto a las actividades de sus empresas, que hacen lo que quieren en países tercermundistas, a donde llegan a contaminar sin consecuencias. No más. Es hora de que los países ricos financien programas específicos también en países subdesarrollados, y hagan posible el desarrollo de manera "limpia". Y en cuanto a los políticos de países pobres: se acabó la fiesta. La corrupción, la demagogia, las dictaduras disfrazadas son enemigos del progreso y del ambiente. Aquí no estamos con asuntos de ideología. Al planeta no le importa si quien lo contamina es un país socialista o capitalista. Ninguno debe contaminar y ciertos países mal llamados "socialistas" deberían enfocar sus energías en crear sociedades sostenibles en vez de invertir tanto dinero en armas, plantas nucleares y retóricas inútiles.

1,5 ° grados es el techo: ya está dicho. En Copenhague está la última palabra.

 

 
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