| 1.5° Como
siempre, las divergencias humanas se imponen sobre la lógica. A tres días del cierre de
la Cumbre de Copenhague, los acuerdos están muy lejos de ser alcanzados y sólo
prevalecen las diferencias entre los países más poderosos del mundo.
"Responsabilidad histórica" y "compromisos específicos" parecen
lemas de partidos políticos, mientras nuestro futuro está en juego.
¿Qué han dicho los científicos? Ellos no toman decisiones políticas. Ellos
estudian, observan, comprueban y diagnostican. La conclusión es estremecedora: 2° grados
es una meta insuficiente. El océano se está calentando a un ritmo mucho más acelerado
de lo que se había anticipado. Nos quedaremos sin hielo ártico en una década o incluso
en un lustro al paso que vamos, y muchas de nuestras islas desaparecerán
catastróficamente en unos cuantos años más. Es vital, es esencial que se corten las
emisiones de CO2 y que se instalen alternativas viables de obtención de energía limpia.
¿Qué se puede hacer? Los científicos han dicho que la humanidad tiene la tecnología y
el conocimiento para revertir el calentamiento global, pero no se puede hacer nada si los
políticos no deciden el curso de la historia.
¿Qué dicen los políticos? Tantas cosas y todas inútiles. ¿Responsabilidad
histórica? Bueno, permitir que China, la India, Rusia y Brasil sigan contaminando como
locos sólo porque son países "en desarrollo" es absurdo. Por más
responsabilidad histórica que tengan los países del Primer Mundo, al planeta le importa
muy poco quién lo inflama con gases de efecto invernadero. Si lo hace un país
subdesarrollado o un país desarrollado, la naturaleza lo procesa igual. En este sentido,
todos tenemos la responsabilidad histórica de parar la contaminación. Todos. Incluidos
los pequeños y con mayor razón, los emergentes, cuyos actuales "progresos"
vienen acompañados de mucha basura ambiental.
¿Compromisos específicos? Es hora de que los países ricos paguen la factura. Deben
impulsar sus propias reformas energéticas, pero a la vez, poner un coto a las actividades
de sus empresas, que hacen lo que quieren en países tercermundistas, a donde llegan a
contaminar sin consecuencias. No más. Es hora de que los países ricos financien
programas específicos también en países subdesarrollados, y hagan posible el desarrollo
de manera "limpia". Y en cuanto a los políticos de países pobres: se acabó la
fiesta. La corrupción, la demagogia, las dictaduras disfrazadas son enemigos del progreso
y del ambiente. Aquí no estamos con asuntos de ideología. Al planeta no le importa si
quien lo contamina es un país socialista o capitalista. Ninguno debe contaminar y ciertos
países mal llamados "socialistas" deberían enfocar sus energías en crear
sociedades sostenibles en vez de invertir tanto dinero en armas, plantas nucleares y
retóricas inútiles.
1,5 ° grados es el techo: ya está dicho. En Copenhague está la última palabra.
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