| Reflexiones cliché En estos días me
topé de frente con dos noticias clásicas, de esas que repetitivamente se dan cada cierto
ciclo y de las cuales se pueden extraer casi siempre las mismas consecuencias. Por
un lado, se publicó la lista de los hombres más ricos del mundo. La encabeza
Warren Buffet, le sigue
Carlos Slim y la medalla de bronce se la lleva, cómo no, Bill Gates. Es la ocasión
para decir "¡oh! ¡ah!" y expresiones varias por el estilo. Que cómo le
hacen, que qué inteligentes que son, que qué esto y qué lo otro. Muchos qués
para hombres de siempre, con las fortunas inconcebibles de siempre, los tres hombres de
negocios, dueños de poderosas industrias. Uno en la rama de los supermercados
(abastecimiento masivo para la población multitudinaria), otro en el ramo de las
telecomunicaciones (estudios de televisión incluidos) y el tercero amo y señor en el
campo de los sistemas operativos, Internet, etc., etc., etc. Y todo eso está muy
bien, sí, claro, pero ¿hay algo más?
No poseo el pensamiento moralista de que está mal acumular riquezas porque sí y que
cada millonario del planeta debería sentirse mal porque él tiene mucho y millones no
tienen nada. En realidad, aunque todos los millonarios del mundo se despojaran de
sus riquezas, la pobreza no acabaría, por la simple razón de que no es culpa de ellos
que haya tantos millones hambrientos. Los caminos intrincados de la pobreza son
complejos, tienen raíces profundas, y más tienen que ver con políticas generales y con
gobiernos ineficientes o corruptos que con la existencia de un porcentaje mínimo de
ciudadanos ricos. Así que, en lo que a mí respecta, los ricos pueden seguir
sintiéndose muy a gusto con sus millones y más deberían los gobiernos en pensar hacer
bien su labor que en achacarles culpas inexistentes.
Pero sí creo que algo de bien puede uno hacer cuando los recursos le sobran.
Nada de malo tendría entonces que cada rico pusiera un granito de arena, de alguna manera
u otra, para ayudar a alguien, sea un niño, una comunidad, o un grupo, a prosperar.
No dejaría de ser rico, pero el que recibe la ayuda saldría de pobre. Aquí es
cuando uno se pregunta qué podrían hacer realmente hombres como los citados arriba por
alguien en este mundo y si lo estarán haciendo. No lo sé, pero espero que así
sea.
La otra noticia es más local. Tiene que ver con
un sacerdote de una comunidad muy pobre, quien, valiéndose de los pocos recursos que
logra reunir, acoge en su refugio a niños abandonados o en extrema pobreza, los alimenta,
los viste, los educa y lucha constantemente por arrancarlos de las garras de la
drogadicción, la delincuencia y la indingencia. Vienen entonces los mismos
pensamientos: ¿qué pasaría si este hombre contara con una mínima parte, muy mínima,
de los recursos que les sobran a otros? ¿Cuántos niños no podría ayudar, o acoger, o
enderezar? Pues uno se imagina que muchos. No sé si eventualmente recibirá
más donaciones o si conseguirá algún generoso patrocinio, pero al menos estoy segura de
que en su interior este sacerdote se sentirá satisfecho con sólo que uno de esos niños
rompa para siempre con el círculo vicioso de la pobreza y prospere en el transcurso de su
vida por venir. :)
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