Segundas partes
 Qué interesante
resulta el deseo natural por repetir un éxito obtenido. Si hacemos una canción y gusta,
tenderemos a hacer una similar, para que guste otra vez. Como los niños, cuando se dan
cuenta de que un gesto o una frase ha provocado una sonrisa en sus padres: ¡va de nuevo!
¡una y otra vez! El problema es que el receptor que vio el gesto original con
deleite, fácilmente se cansa, y es cuando el padre le dice al niño: ya no más, ya lo
vi. También es una reacción natural, claro está. Pues si oyes una canción
que te gusta y luego resulta que el cantante hace todas las demás iguales a la primera,
tu reacción será de fastidio: ¡vaya, pero si es igual a la otra! Ya la
escuchaste, así que esta nueva no la escuchas. Y así. La originalidad es
premiada con la atención. La repetición con la desidia. Y sin embargo, todo el
mundo se empeña en repetir la fórmula del éxito.
En el arte este fenómeno toma cariz industrial, al menos hoy en día. El ejemplo
más obvio es el de las películas. Me refiero a los refritos y a las segundas
partes. El refrito es calcar una historia que fue exitosa en su momento original,
modernizarla un poco y lanzarla a la pantalla otra vez, con la esperanza, es más, con la
seguridad, de que volverá a encantar a las audiencias. Y a veces se logra, si el refrito
es lo suficientemente moderno y el original lo suficientemente viejo como para que ya
nadie lo recuerde. Entonces a las nuevas generaciones les parecerá
"original". Pienso por ejemplo en You've got mail o The Thomas
Crown Affair, cuyas versiones modernas tuvieron un éxito razonable, similar al
de los originales en los que se basaron, muy viejos como para que gente de mi edad, por
ejemplo, tenga noticia de su existencia.
En cambio, las segundas partes pueden no ser tan afortunadas, si no se les da un
tratamiento adecuado, pues el original está muy fresco en la memoria de la audiencia. No
se puede cometer errores, entonces. En Hollywood, por ejemplo, he visto que si una
película ha sido exitosa y permite la creación de una segunda parte, se empieza de
inmediato a elaborarla, pero sin tocar la esencia de los personajes, enfatizando en las
escenas de acción o comedia que le dieron el éxito, y haciendo poco por evolucionar la
psicología o los eventos. El resultado suele ser una segunda parte muy activa, tal
vez más cómica, tal vez más emocionante, pero de calidad artística inferior, pues no
ensaya nada realmente original. (Claro que ha de haber excepciones) Pienso en Matrix,
por ejemplo, cuya primera parte es una obra maestra, en mi humilde opinión, pero cuyas
segunda y tercera partes dejan mucho que desear (sólo puedo decir que me pareció más de
lo mismo, algo así como cuando escucho la misma melodía en varias canciones del mismo
cantante).
El caso de las películas tipo "serie", que se basan en un personaje que
corre diversas aventuras independientes, el asunto de las segundas partes es diferente,
pues por su propia naturaleza en realidad no es una "segunda" parte, es tan
sólo otro "episodio". Pienso, por ejemplo, en las películas de Indiana Jones o
de Tomb Raider. En este caso, el punto clave es que el personaje guste. Si gusta,
todos irán a ver sus aventuras sin importar cuántas películas se hagan de él. El
ejemplo más claro creo que es James Bond, por supuesto. ¿Cuántas películas se
han hecho sobre él? Y sin embargo, no se puede decir que una haya sido la
"segunda" parte de otra o algo así. Y siempre las veremos, si nos gusta
James Bond... o el actor que lo encarna.
Ya hemos arrancado el año con el estreno de segundas y terceras partes. Yo, por
ejemplo, ya vi Ice Age 2, y tengo en agenda X-men III y Piratas del
Caribe 2 (a petición, por supuesto, de mi particular público infantil), ésta
última con vocación de convertirse en una serie James Bond, por cierto. Habrá que ver.
La película del hielo, respetando los cánones a los que antes me referí, me
divirtió muchísimo y me hizo pasar un rato muy agradable. Espero lo mismo de las otras
dos películas que repiten personajes y ambiente, y todo parece apuntar a que lo
lograrán. Por de pronto, las segundas y terceras partes seguirán apareciendo, merced del
deseo natural de repetir el éxito obtenido. ¿Y por qué no? También de nuestro propio
deseo, como expectadores, de volver a ver a aquellos personajes que una vez nos fascinaron
y que habíamos empezado a extrañar. :)
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