| Celebraciones familiares. Llegado el Día del Padre, todos hemos corrido a alguna tienda de la
naturaleza que mejor nos acomode a encontrarle un regalito a papá para su
"día". Y en algunos hogares se han organizado almuerzos, tertulias o
cenas, con el fin de celebrarle al padre de familia su condición de tal. Regalos
van, besos vienen, papá abre la caja, se encuentra un regalito idéntico al del año
anterior, sin embargo sonríe y agradece, tal vez dice "era exactamente lo que
necesitaba", o comenta algo igualmente complaciente, y fin del día. El lunes
por la mañana, todo el mundo a lo suyo, hasta que llegue la siguiente celebración
familiar, el día "D", y repitamos la ceremonia.
No tengo nada en contra de dichas ceremonias.
Son agradables, especialmente si hay de por medio felicitaciones sinceras, si los niños
han trabajado alguna cosita especial para su papá y se la entregan con ilusión (aunque
el pobre no sepa después qué hacer con "eso"). Se puede vivir con
cariño, con tranquilidad, inclusive con agradecimiento. Habrá quienes no sólo
recuerdan a su padre, sino también al abuelo y le convierten el día en algo realmente
especial. Puede ser así. Pero también puede ser solamente otro día más de
estrés, de compras alocadas, de discusiones o de resentimientos. Como todas las
celebraciones familiares.
Mucho se ha razonado sobre el tema, creo. Se ha dicho hasta la saciedad que estos
días no deberían ser comerciales, que lo más importante es recordar lo mucho que
queremos a ese familiar al que le estamos celebrando de forma especial, que no solamente
ese día deberíamos recordarlo sino convertirlo en parte de nuestras vidas, etc., etc.
Y tales razonamientos me parecen atinados, aunque un gran número de personas nunca
los recuerden o tomen en cuenta. Ciertamente, uno no debería tomar en cuenta a su
familia solamente las fechas "obligatorias" de celebración familiar, sea el
Día del Padre, o el de la Madre, o el del Niño, o el del Abuelo, o en la Navidad (que es
el día de todos). Lo ideal es que nos recordemos siempre, nos amemos siempre, y no
tengamos que cubrir nuestros olvidos de todo el año con un regalito de un día.
Tendríamos familias más unidas y amorosas, y seríamos personas más tranquilas.
Ahora bien, aparte de tales pensamientos, se me ocurre pensar en las celebraciones
familiares en sí. Han proliferado años para acá. Antes eran tan sólo fiestas
religiosas o patrióticas las que se observaban, pero en los últimos tiempos, como si
fuese un reflejo del decaimiento de la fe religiosa o de la fe en la patria, se
popularizan y se refuerzan las celebraciones familiares. A su lado surgen otras más
abstractas: el Día de la Mujer, el Día del Ambiente, el Día de la Tierra, etc. En
estas no hay regalos, pero también han proliferado. Y me preguntaba entonces por
qué sucedía tal fenómeno.
Alguien decía que las razones eran puramente económicas. Las tiendas
necesitaban tener más "navidades", o sea, fechas en las que fuera obligatorio
regalarle algo a alguien y que no dependieran de la Navidad, pues ésta sólo se celebra
una vez al año. Las fiestas religiosas no sirven para el efecto, pues suelen ser
recordatorios de algún santo o de algún evento en que no cabían los regalos, por lo que
la institución de la celebración familiar "específica" resultó ser la
solución. Ahora es el Día del Padre, no de la madre o de los hijos, así que hay
que regalarle a papá. En esta fecha, las tiendas deportivas, de objetos de pesca o de
mecánica, de artículos de oficina y las boutiques para hombres se frotan las
manos. Luego tenemos el Día del Niño, entonces hay que hacer regalos de juguetes y
libros coloridos y videojuegos, etc.. En el Día de la Madre se venden muchos
electrodomésticos u otros artículos para el hogar, además de ropa y zapatos, perfumes y
cosméticos, y hasta flores. Alguien inventó el Día de la Secretaria, en el cual
hay muchas ventas similares a las del Día de la Madre.
Otros afirman que
el verdadero origen de estas fechas familiares tienen sus raíces en fiestas
religiosas. El Día del Padre es una proyección de la figura de San José, padre de
Jesús, y el Día de la Madre lo es de la figura de Santa María. En consecuencia
son fechas de celebración religiosa prolongadas en la familia misma. Lo de los
regalos vino después. O eso afirman. A mí me parece que todos pueden tener razón:
que haya sido originada en festividades religiosas y que se haya mezclado con necesidades
comerciales hasta dar nacimiento a las celebraciones familiares tal como las conocemos hoy
en día.
No podemos negar que, en efecto, las tiendas se benefician considerablemente de estas
celebraciones familiares, y que probablemente tienen razón quienes les atribuyen la
creación de la necesidad de "regalar algo". Es posible también
que dichas celebraciones sean demasiado comerciales y que eleven en exceso los niveles de
estrés y ansiedad. Incluso es razonable pensar que se volvieron absurdas hace
tiempo (¿para qué celebrar un Día del Abuelo si ya existe un Día del Padre?, por
ejemplo, ¿o es que acaso el abuelo no es padre de alguien?). Sin embargo, pueden
ser una buena excusa para reconciliarse con alguien, o con el pasado, o de apartarse de la
rutina y vivir un buen momento. Pueden ser una buena oportunidad de relajarse
haciendo compras excusables. :) Como quiera que sea, siempre serán tal como
nosotros los vivamos y siempre resultarán de la manera en que los llevemos. El
secreto estará entonces en saber vivir el momento.
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