| Premios Nobel y calentamiento global Bien, ya se anunciaron los ganadores de este año de
los Premios Nobel. El último fue el de Economía, el único que Alfred Nobel no
instituyó, pero que goza de mucho prestigio igual que los otros, pues tales galardones,
según el espíritu de su creador, se concibieron para premiar el aporte importante de
algún individuo o ente hacia el bien de la humanidad. La medicina, la química, la
física, por ejemplo, constituyen disciplinas de crucial desarrollo si hablamos en
términos de beneficios a nuestro planeta. Claro que ya va siendo hora de hablar de
ecología, pues parece ser la disciplina científica de anuncios y descubrimientos más
dramáticos, pero entretanto, como no
posee ningún
galardón directo, el Nobel de la Paz la puede cubrir. Sí, me refiero, claro está,
al Premio Nobel de la Paz de este año, el señor Al Gore, ex-vicepresidente de EEUU, que
lo comparte con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (el IPCC por sus siglas
en inglés) de la ONU, cuyas luchas relacionadas con el cambio climático se han vuelto
emblemáticas. El primero por la enorme campaña que ha desplegado entorno al tema y
su insistencia en una toma de conciencia global, y el segundo por su labor científica,
recavada por décadas gracias al aporte de miles de científicos que trabajan de lleno con
el problema, sus peligros y nuestras opciones.
Por supuesto que el señor Gore no descubrió nada nuevo ni ostenta la primicia en sus
advertencias. No creo que se le haya premiado por tal clase de motivos. En
realidad, me parece que su mérito estriba en haber sabido llamar la atención, de forma
casi dramática, sobre las verdaderas implicaciones del cambio climático.
Su documental, Una verdad incómoda parece haber dado la vuelta al mundo y el
efecto de sus palabras aún está por medirse. Pues lo que sí ha hecho Gore es haber dado
voz mediática a cientos de científicos que han estado advirtiendo de las fatales
consecuencias del calentamiento global y que no han sido realmente escuchados.
Ahora, al menos, parece que sí se les escucha. ¿Será
suficiente?
El Comité Nobel avanzó el argumento de que se les confería el premio por la
importancia sustancial del calentamiento global, dado que éste amenaza la seguridad
del planeta. La seguridad. ¿Hablamos de terrorismo? No diría yo tan
poco. Hablamos en realidad de la amenaza del fin del mundo. ¿Suena
dramático? Sí, lo admito, pero no es menos real. No es que La Tierra vaya a
explotar en millones de pedacitos diminutos, por supuesto que no. Cuando hablamos
del fin del mundo nos referimos al nuestro, a nuestras civilizaciones, a nuestras
sociedades, a nuestros diversos estilos de vida, pues resulta que el calentamiento global,
que estamos ocasionando nosotros con una irracional muestra de obstinación, no sólo
desordenará el clima, causará aún más tornados, huracanes y ciclones, amén de
inundaciones y sequías, sino que eventualmente, en un plazo abominablemente corto -dentro
de unos 30 a 50 años- hará desaparecer el Polo Norte y con ello vendrá,
paradójicamente, la nueva era glacial.
¡Báh!
¿Qué puede causarnos una era glacial? Nos abrigamos y ya, dirán algunos.
Pues no es tan fácil. ¿Recuerdan aquel filme mediocre de las aventuras de un padre
buscando a su hijo en Nueva York luego de que llegara la nueva era glacial? Se
llamaba El día después de mañana y actuaba Dennis Quaid. Era
exageradísimo, decían. Pues resulta que no. No es exagerado para nada. Los
acontecimientos catastróficos descritos en la película son exactamente los eventos que
traerían sobre nuestro mundo el arribo de una nueva era glacial. El fin de nuestro
mundo civilizado.
¿Ha sido, pues, correcta la decisión? Sólo espero que Al Gore (y naturalmente,
el IPCC) use ese Premio Nobel de la Paz para profundizar su mensaje, para calar aún más
hondo en la política de los países industrializados y de otros como China, y sea posible
detener, aún revertir, esta grave amenaza que se cierne sobre nosotros. :(
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