| Mujeres en el poder: 2007 ¿fue diferente?  El otro día, mientras miraba un programa sobre la igualdad de sexos, se
destacaron diversas estadísticas sobre la situación de la mujer en el mundo. Como
era de esperarse, la relativa igualdad entre sexos era más real en los países
escandinavos que en el resto del mundo, y la situación sigue siendo deplorable en las
naciones africanas y las del Medio Oriente. Sin embargo, no es la misma, ni de
cerca, a la que se vivía hace treinta años, en cualquier país considerado. En Irán, por ejemplo, debido a crecientes
problemas con drogadicción y desempleo en la población masculina, muchas mujeres,
normalmente con hijos, se han visto en la necesidad de trabajar, a pesar de su
analfabetismo y baja educación. La sensación de injusticia crece en ellas, pues el
sistema mismo les impide conseguir mejores empleos o mejorar su nivel de vida, a la vez
que cada día que pasa se demuestran a sí mismas que son perfectamente capaces de asumir
las riendas de su vida y velar por el progreso de sus familias. Es una situación
dura, pero significativa.
En otros países, la situación también cambia. Por ejemplo, el nuevo rol de la
mujer ejecutiva japonesa se distancia cada vez más de la sumisa esposa obediente y
callada a la que estaban acostumbrados sus contrapartes masculinos. Y es que la situación
así lo exige. Las mujeres jóvenes en Japón, al adentrarse en el duro y
competitivo mundo de los negocios, han tenido que cambiar muchas de sus posturas y asumir
nuevas actitudes si quieren sobrevivir y a la vez, sostener sus empleos y sus familias.
Aunque muchos hombres japoneses no lo vean con buenos ojos, el fenómeno es ya
imparable. No me extrañaría nada que algo similar se estuviese viviendo ya en la
China o en Corea, mientras en la India las mujeres se van desprendiendo de sus roles
tradicionales, a pesar de los obstáculos, muchos de los cuales son puestos por ellas
mismas.
 Pensando en este cambio, no puedo olvidar la transformación que ha sufrido el
escenario político occidental. Al margen de algunas figuras femeninas del pasado
que se vieron en la presidencia de un partido o de una nación como herencia por la muerte
de sus maridos, el 2007 vio la coronación de una casta de mujeres genuinamente
políticas, que sin recibir herencias de la nada (qué sé yo, siendo tan sólo amas de
casa y viéndose de pronto en la silla presidencial), sino con base en una larga carrera
en los escenarios políticos de sus países, han llegado al poder en estos años. En
2007, Angela Merkel cumplía unos dos años de dirigir los destinos de Alemania, mientras
Michelle Bachelet cumplía su primer año de presidencia en Chile. Cuando vi a la señora
Merkel en la cancillería alemana, no me sorprendí tanto, siendo las mujeres alemanas
defensoras de sus libertades, pero un país latinoamericano tradicionalmente machista,
como todos los países latinoamericanos, que elija a una mujer en la silla presidencial,
eso hizo historia. Independientemente de su desempeño, Bachelet en Chile marcó un
hito. Un año después, en Argentina, vimos la maravilla extraordinaria: no que
Cristina Fernández llegara al poder tanto, como que lo hizo lidiando contra otra mujer,
Elia Carró, que fue su más importante opositora. No una, ¡dos!. Y
Argentina. Vaya, pensé, estamos progresando.
 En 2007 también vimos a Ségolène
Royal disputarse la presidencia con Nicolás Sarkozy en una reñida contienda
electoral francesa que resulta significativa desde el punto de vista exclusivamente
femenino. Ahora vemos en Estados Unidos una nueva repetición del fenómeno: Hillary
Clinton en lucha política hacia la Casa Blanca. Si no lo logra, no importa.
¡Habrá estado en lid! Y si lo logra, pues, todavía mejor, en términos
históricos.
Algún día
llegará, entonces, en que en vez de destacar si hay mujeres o no en las papeletas
políticas, nos centremos tan sólo en sus desempeños humanos. No importará si es
hombre o mujer, negro o blanco, gordo o flaco. Importará tan sólo si promete, si
cumple, si es eficaz, si es honesto. Nada más. Entretanto, haré un minuto de
silencio por otra figura femenina que murió injustamente en medio de otra batalla
política: Benazir Bhutto. Que en paz descanse.
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