Atizando el fuego: de nuevo El
Código Da Vinci en la picota
Bien, ya se estrenó
la polémica película basada en uno de los libros más controversiales de los últimos
tiempos: El Código Da Vinci. Se dice, y no puedo evitar reconocerlo así, que ha
sido una de las películas (adaptadas de libros) más rápidas en haber sido hechas.
Hollywood, que atraviesa momentos difíciles en estos tiempos, ha descubierto que puede
ganar miles de millones de dólares si adapta bien los grandes best sellers, y
como Harry Potter y El Señor de los Anillos dieron los maravillosos
frutos que dieron, era lógico pensar que El Código sería llevado a la gran
pantalla más raudo que veloz. Y henos aquí de frente a una gran producción, comandada
por un director consagrado y ya ganador de un Oscar y estelarizada por grandes actores de
éxito comprobado en taquillas.
El libro generó en su momento una serie de protestas, a cual más virulenta, de parte
de grupos religiosos y de la misma Iglesia Católica, además de estudiosos el arte y de
historiadores. No se trata, por supuesto, de la calidad literaria del libro, bastante
convencional de paso, sino de lo que se atreve a afirmar y dar por cierto:
Jesús era un hombre casado, su esposa era naturalmente María Magdalena, ambos
llevaban en la sangre la herencia de un pasado glorioso dentro del pueblo judío (o sea,
eran de sangre real), ella formó parte activa del movimiento que él lideró y que
llevaría a la conformación de una nueva religión, era además la primera de sus
apóstoles y objeto de envidia por parte de los otros. Cuando él fue crucificado, ella
huyó en la clandestinidad y llegó a Francia, donde murió y donde se conservaron sus
restos. No llegó sola, sino con su bebé, fruto de su unión legítima con Jesús,
y de esa bebé provino una línea directa hasta el presente, los verdaderos descendientes
directos de Jesús. En el camino, el secreto de María Magdalena fue protegido por
una organización secreta llamada Priorato de Sión, cuyo brazo armado fue en su momento
la Orden de los Caballeros Templarios, los cuales murieron brutalmente al negarse a
entregar su secreto al Papa. La Iglesia Católica se esforzó por desacreditar a María
Magdalena y de ocultar estos hechos ante el mundo y estuvo dispuesta, en todo momento, a
hacer lo fuese por evitar que se supiese. Una de las organizaciones católicas más
empeñadas en ocultarlo fue, por cierto, el Opus Dei. Luego de leer todo eso, tú te
dices: "guau, qué historia". ¿Será cierta?
Bueno, pues, qué importa. Ahora han aparecido muchos quienes afirman que el Priorato
de Sión no es más que la invención de un estafador y experto farsante de los años 40 y
50 que depositó los "Archivos Secretos" en la Biblioteca Nacional de París.
Que todo eso de que Leonardo da Vinci perteneció a tal organización y que inclusive la
dirigió tiene que ser una completa
mentira. Que sus cuadros no quieren decir nada más de lo que muestran y de que quien se
sienta al lado de Jesús en el cuadro La Última Cena es ciertamente Juan y no
María Magdalena como afirma el libro de Brown. Y otros más se esfuerzan en demostrar que
las interpretaciones artísticas de los cuadros que aparecen en el libro son inexactas o
fantasiosas. Etc. El dime que te diré es impresionante y en todo momento está
apuntado a señalar a Brown como un demoníaco mentiroso, estafador y calumniador, que
sólo quiere lucrar con lo sagrado mientras lo insulta y lo desacredita. En un
artículo que leí por ahí, el articulista furioso comparaba el libro de Brown con la
afirmación de los totalitarismos, con la defensa de la pederastia y con la apología de
la violencia. Yo estaba realmente sorprendida al leerlo.
En este asunto me llama la atención dos cosas: por un lado, la
posición de quienes alegan el uso de la libertad de expresión para desacreditar a Brown,
pero que al mismo tiempo la utilizan para censurar de previo una película y un libro, y
por otro lado, la afirmación de todos los detractores de Brown de que el libro
"insulta" a Jesús y ofende la religión cristiana. Hay quienes dicen inclusive
que Brown insulta "lo sagrado", al desdivinizar a Jesús y hasta
fomentar una visión atea.
En cuanto al uso de la libertad de expresión, me parece peligrosísimo aceptar que
exista la censura previa. Ninguna censura previa debería ser admitida en un Estado
de Derecho. La censura previa es uno de los enemigos más terribles de la libertad
de expresión y cuando coartamos la libertad de expresión comenzamos a cercenar todos los
demás derechos civiles de un individuo. El derecho a protestar, en cambio, debe de
existir y ser permitido siempre, pero dentro de los límites de la sana cordura: nada de
bombas incendiarias ni de amenazas de muerte cuando protestamos, pues entonces nos
convertimos en cercenadores de la libertad de expresión. Si uno se siente ofendido,
tiene derecho a expresarlo, pero tiene el deber de probarlo también y no se puede hablar
de derechos si el Estado ha intervenido de previo. :(
Con respecto a los insultos a Jesús, me encuentro en una posición de completo
asombro. Leí el libro, completo, completo, y no encontré en ninguna parte nada que
dijese que Jesús era un criminal o un pedófilo o un ladrón. Ni siquiera leí en
ningún momento que se pusiera en duda la divinidad de Jesús mismo. En ningún momento.
Claro que se alude a un debate ocurrido en el seno de la Iglesia primitiva, acerca de la
declaración oficial de Jesús como Hijo de Dios, pero es un dato relacionado con la
historia de la Iglesia, no con la esencia divina de Jesús. Y todos sabemos que la
Iglesia ha tenido una historia harto convulsa y difícil. Decir que en la Iglesia
operan intereses de esto o de lo otro no es insultarla, es afirmar un hecho cotidiano. Y
lo mismo puede decirse del Opus Dei, el cual, todas formas no es tan maltratado por el
libro como algunos afirman. Incluso, Aringarosa, la cabeza del Opus Dei en el libro
(interpretado por Alfred Molina en la película), es un hombre bueno y de maravillosas
intenciones. ¡No encuentro cómo pueden afirmar que es insultado!
Volviendo a Jesús, lo único que el libro hace es afirmar que en realidad estuvo
casado con María Magdalena y que tuvo con ella una hija. Que era un amoroso esposo
y padre de familia, que su esposa le era fiel más allá de toda medida, en la relación
de matrimonio y en la fe, que era su principal apoyo y primera apóstol y que por ser
mujer contó con la oposición, incluso envidia, de los otros apóstoles. Al leer
esto, yo me pregunto: ¿dónde está lo criminal? ¿por qué es insultar a Jesús decir
que se casó y tuvo hijos? ¿es que era hombre para nacer de una mujer, para tener un
padre y una madre, para tener un oficio y para morir crucificado, pero no era hombre para
amar a una mujer, casarse con ella y tener una descendencia? ¿en qué lo desdiviniza el
amor matrimonial y la descendencia? ¿no se hizo hombre para venir a vivir entre nosotros?
Y puestos en ello, ¿por qué hemos de admitir para siempre que la Iglesia sea una
institución dominada por hombres? ¿no es el cristianismo una religión de amor y
perdón, de respeto y tolerancia? Que yo sepa, el papel de la mujer en la Iglesia ha sido
y sigue siendo mínimamente sumiso y escaso.
Al final, el libro une la reivindicación de la figura de María Magdalena con la
restauración de lo "sagrado femenino" que nuestras sociedades patriarcales y
machistas han desvalorizado y suprimido de nuestras conciencias. Sin embargo, no se
le adora como a una diosa. Su participación de lo sagrado sigue siendo netamente
patriarcal: se le venera como la esposa de Jesús y madre de su
hija, no como un ente divino independiente, sino como un santo. Y de santos está
llena el Cielo de los católicos.
Tal vez todo este problema se deba en parte a que muchos de los detractores principales
del libro no lo han leído en realidad. No me extrañará entonces ver cómo siguen
lanzando anatemas contra la película, aunque nunca pongan un pie en una sala de cine para
verla y juzgarla como es conveniente. Entretanto, se sigue atizando el fuego y ríos
de tinta correrán ahora por la producción cinematográfica, tal como lo hicieron por el
libro.
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