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BITÁCORA
20 de Marzo de 2006

Héroe

Todos los días, en algún lugar del mundo, alguien conmemora una gesta heroica del pasado y le rinde homenaje a un hombre (o a una mujer) que encarnó el ideal heroico de una comunidad.  En mi país, hoy es un día señalado en el calendario escolar para conmemorar una gesta "heroica".  Los niños la estudian sin pasión y sin interés, pues en realidad es una historia bastante aburrida, pero parece ser necesario, aún en un país sin muchas gestas militares o increíbles, que existan héroes.

Los héroes gobiernan la literatura, y por ende, el cine.  Son admirados, recordados y añorados. Sus gestas se cantan, se esculpen en versos grandilocuentes o en pequeñas poesías, se narran en grandes novelas o en cuentos apasionantes. Son el centro y la vida de toda buena historia. Y no hablo de los héroes con armaduras brillantes y fuertes espadas.  Hablo de los héroes en general. Pues hay toda clase de héroes.  Los hay chiquitos, los hay grandes, los hay bonitos, los hay feos.  Pero todos comparten un destino: la admiración. Y todos comparten los sufrimientos que entraña el sacrificio y a veces la muerte. Porque todos amamos a los héroes.

Creo que el ser humano necesita siempre pensar que existen los héroes. Criaturas posiblemente iguales a él, pero con una característica adicional que los hace especiales. Grandes protectores, grandes salvadores, los héroes devuelven la esperanza de vivir a pueblos enteros.  Vale la pena vivir, se dice ante una gesta heroica.  Y cualquiera podría pensar que en una época tan cínica como la que hoy vivimos, pensar en héroes resulta ridiculo, incluso cursi.  Pues me parece que no es así.  Precisamente, hoy, en un mundo cargado de sufrimientos y decepciones, es cuando más se busca, más se añoran los héroes.  En la política no los hemos encontrado aún, pero seguimos esperando que alguien aparezca, algún nuevo Rey Arturo de maravillosa nobleza y grandeza de espíritu que salve a su pueblo de la miseria y del dolor. Y en los demás órdenes de la vida, todavía cantamos alabanzas a estas rutilantes figuras maravillosas.

También se me podría alegar que los héroes han desaparecido de la literatura y del cine, plagados como están de cínicas historias de antihéroes.  Puede ser, considerando que siempre existen las antítesis.  Pero los héroes siguen dominando, a pesar de la desesperanza y del sufrimiento, y aún en historias terribles de momentos crueles, a veces aparece un héroe. Y también es innegable que las historias más gustadas son también historias de héroes.  Como Harry Potter, como el Señor de los Anillos, como Gladiator o como As good as it gets, donde vemos héroes pequeños y cotidianos, familiares a nuestro entorno.  Y nunca se debe olvidar, por supuesto, a nuestro precioso Don Quijote, héroe inclaudicable de nobles causas perdidas. O a los apasionados y torturados personajes de Shakespeare.

Héroes.  Recuerdo una canción de Mariah Carey, cuando aún me gustaba, que se llamaba así, Hero.  Y hablaba precisamente de nuestra necesidad íntima, casi biológica, de tener un héroe en nuestras vidas. También, en el mismo sentido, recuerdo Holding Out for a Hero, de Bonnie Tyler. La diferencia estribaba en que en la canción de Carey, el héroe estaba en nosotros mismos, mientras que en la de Tyler el héroe era esperado del exterior. Pero en ambos casos, es el héroe quien tiene la fuerza para sobrevivir, para proteger y para llevar la vida y la esperanza allí donde se la necesita.
Héroes. ¿Dónde están, cuando más los necesitamos?

 

 

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