21 de marzo
Perú puntual Hace unas semanas,
Perú lanzó una peculiar campaña de implicaciones económicas y, ¿por qué no?,
también sociales. Me refiero a la campaña de la puntualidad. El primero de marzo,
al mediodía en punto, sonaron campanas y sirenas, para que todos los peruanos
sincronizaran sus relojes con la hora de la Marina de Guerra del Perú. Cuando escuché
esta noticia, me sentí sorprendida. ¿Una campaña nacional para lograr que los
peruanos fuesen puntuales? Sólo eso, puntuales. No hablamos de un tratado internacional,
o de elecciones presidenciales, o de la discusión de algún proyecto de gran envergadura.
No. Se trata de ser puntuales. ¿Acaso es tan importante?
Algunos analistas estimaron que Perún pierde alrededor de cinco mil millones de
dólares al año sólo por ser impuntuales (la llamada "hora peruana" equivale a
unos ¡sesenta minutos! de retraso). Todo se atrasa, todo se detiene. Menos horas de
trabajo efectivo, más estrés y menos productividad. Y es que los mismos peruanos se
consideran a sí mismos como seres sumamente impuntuales. Dada esta situación, han
arrancado una campaña que pretende corregir este problema.
Llegados a este punto, es lógico e inevitable mirar alrededor y considerar qué sucede
en nuestro entorno. Después de todo, vivo en un país tan latinoamericano como Perú, y
es fácil percibir que padece de algunos defectos comunes como, precisamente, el de la
impuntualidad. No hay datos ni estadísticas acerca del daño que causa en mi país la
impuntualidad, pero tomando al caso peruano de ejemplo, es fácil deducir que puede
revestir niveles de gravedad importante. Citas que se pierden, congestión de tránsito,
estrés adicional por la llegada tardía, menos horas trabajadas, entregas que no se
suceden o lo hacen con demora, mercadería malograda, en fin, innumerables perjuicios
derivados de la impuntualidad. Incluso en tu vida personal, ¿no resulta un desastre
cuando llegas tarde? ¿o no te cambian horrorosamente los planes cuando alguien con quien
contabas es quien se atrasa? Y se supone que es un hábito fácil de cambiar:
ajusta el reloj y atente a él (¡!!!!).
Veremos con el tiempo en qué deviene la campaña peruana, pero entretanto, mientras
Perú se lanza el desafío de ser puntual, nosotros podríamos emprender una propia
campaña personal en la misma vía si descubrimos que nos hemos aficionado al "se me
hizo tarde", o mantenernos con convicción, si somos el reloj suizo de la cuadra.
:)
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