| Tal vez no haya mal que... ... por bien
no venga, dice el antiguo refrán. ¿A qué puedo referirme con esto? Pues visto el
desarrollo de este turbulento mes de junio, se podría aplicar a casi cualquier
cosa. Desde las inundaciones en Estados Unidos y China,
hasta el alza sostenida de los precios de los alimentos y del crudo, pasando por las
huelgas de transportistas en todo el mundo, las manifestaciones violentas exigiendo
reformas, el conflicto -aún en desarrollo- entre los agricultores y el gobierno de
Argentina, las recientes aprobaciones de la Unión Europea de medidas legales más duras
contra la inmigración ilegal, junio no podría ser más negro. Bueno, sí, sé que
podría ser peor, cierto. Todavía no hemos tenido lo peor de la temporada de
huracanes -lo cual, lastimosamente, ocurrirá-, aún no hay guerra entre Israel e Irán
-que espero nunca suceda-,
aún no se incrementa la media de la temperatura global en dos grados -lo que devendría
en una serie de hechos catastróficos-, ni todavía se desatan golpes de estado o
revoluciones en los países latinoamericanos, para poner algunos ejemplos temibles.
Hay más, claro. Y el porvenir pinta igual de sombrío.
Pero volviendo a mi refrán, pienso que se puede ser realista, no en exceso optimista,
y aún así guardar esperanzas. El cambio climático es una realidad atemorizante.
El peligro de un giro en el clima que lleve a nuestra especie al borde de su
resistencia sigue existiendo, pero no es que no haya voces de alarma ni se estén poniendo
en marcha algunas medidas para paliarlo. Aún son tímidas y nada convincentes, me
parece, pero creo que las ayudarán otros eventos, de naturaleza económica, que pueden
conllevar a un atajar el peligro del sobrecalentamiento del mundo. Me refiero, claro
está, a la subida monstruosa en el precio de los alimentos y del barril del petróleo.
Cualquiera puede mirarme ahora como si hubiera perdido la cabeza. ¿Desde qué
concebible punto de vista puede ser beneficioso que suba y suba y suba el petróleo,
mujer? ¿Te has puesto a pensar que no sólo los combustibles son derivados del
petróleo sino que existe una amplia gama de la industria química que basa sus productos
-y sus bajos costos- en el bendito oro negro? Lo sé. Y sé lo
crucial que es para nuestra civilización, tal
como está planteada. Pero no significa que si no lo tenemos no podremos ser
civilizados. Considerando que toda comparación es odiosa, no dejo de pensar que la
Roma antigua y la China milenaria fueron extraordinarias y sofisticadas civlizaciones
mucho antes de que naciera la industria petrolífera y que siempre puede haber miles de
maneras de hacer las cosas sin tener que depender de una sola.
Hasta el momento el petróleo fue barato. Y era racional depender de él.
Pero ahora no lo es, lo cual indica que es racional no depender de él. Tenemos la
ciencia, la investigación tecnológica, la creatividad, y lo que es más importante, la
necesidad de buscar fuentes alternativas de energía, maneras más eficientes de cultivo
sin extender los campos y mejores formas de transporte de carga y pasajeros. Por
primera vez, nuestra necesidad práctica de transformar nuestra estructura energética
concuerda con nuestra urgencia de protegernos del cambio climático. Por primera
vez, dejar el petróleo por fuentes más limpias y eficientes de energía nos significa a
la vez atacar el fantasma del hambre y la pobreza y el espectro del desastre natural.
No hay mal que por bien no venga, repito. Si nos veremos obligados a ser eficientes, responsables, prácticos y racionales en el uso de
nuestros recursos naturales gracias a la escalada en los precios del crudo -que no
existirá para siempre tampoco-, bienvenidos sean entonces estos altos precios. Si
salvamos nuestro planeta del desastre climatológico por deshacernos de una fuente de
energía que se nos ha vuelto costosa, bienvenido sea el costo. A la larga, luego de
una vuelta más del destino, quizá nos hallemos a las puertas del futuro, de esa sociedad
que imaginaban nuestros autores de ciencia ficción (los progresistas, no los pesimistas,
¿eh?): una civilización tecnológicamente eficiente, con vehículos impulsados por
energía limpia y renovable, bajo cielos azules, plenos de responsabilidad ecológica.
Quizá. :)
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