| 22 de mayo de 2006
Tributos musicales... o copias disfrazadas.
El otro día presencié en la televisión la entrevista que una periodista del
espectáculo le hacía a un novel cantante mexicano sobre su última producción musical.
No era una entrevista inusual. La periodista, muy amable, le hacía preguntas
sobre el proceso de grabación, sobre las motivaciones para realizar aquel disco, sobre
incidencias en la grabación de videos, etc. Y el cantante, razonablemente
agradable, contestaba de acuerdo a las preguntas formuladas. No encontré nada
extraordinario en él o en su música, salvo por el detalle, mínimo tal vez, de que ésta
última se me hacía muy familiar. ¿Copiando ritmos populares? No lograba ubicarla
en mi memoria hasta que de pronto comprendí la razón: ¡era la música de un cantante
más viejo ya consagrado! El cantante mexicano en
cuestión le rendía "tributo" a Roberto Carlos, el carismático cantante
brasileño que por años lideró las listas de popularidad de las radioemisoras de toda
América Latina. Esta clase de "tributo" consiste en que el nuevo cantante graba
de nuevo todos los éxitos del viejo, lo presenta en un disco propio, acompañado de
videos musicales de manufactura moderna, y declara sin ambages que ciertamente es música
vieja, pero que lo hace en "honor" del viejo cantante.
No hablamos de plagios, ciertamente. Estos intérpretes modernos han pagado sus
derechos y están plenamente autorizados para regrabar los viejos éxitos. De hecho,
hablan de su admiración por el músico homenajeado, de sus profundas motivaciones para
realizar el tributo, etc. No hay aquí robo o copia. Nadie está cantando una
canción parecida a Cóncavo y Convexo, por ejemplo. En realidad, es la
propia canción original cantada por otra voz, más joven. Y es un fenómeno muy usual.
Hace poco tiempo, también, otra cantante moderna rendía tributo a Mecano, el
desaparecido grupo español, mediante la reinterpretación y regrabación de sus
principales éxitos. Y ahí tenemos en la radio otra vez a "Cruz de navajas" o
"Hijo de la Luna", etc. Tributos...
No niego que sea agradable y hasta meritorio querer rendir tributo a
nuestros artistas más admirados. Con ocasión de la muerte de Celia Cruz, por
ejemplo, varios cantantes modernos se reunieron en un vasto concierto a rendirle tributo,
cantando en esa ocasión sus canciones más recordadas y bailando con el público.
Lo mismo han hecho con Juan Gabriel, por ejemplo, y lo mismo harán con muchas otras
estrellas de la canción moderna. Está bien y es razonable. Pero en tales
homenajes no es un sólo cantante que graba los viejos éxitos y los vende en sus propios
discos. Son varios artistas compartiendo un escenario, sirviendo de medio para
ofrecer el protagonismo al homenajeado, no al que ofrece el tributo. En tales
eventos, quien importa es Celia Cruz o Juan Gabriel, no el nuevo cantante de moda.
Son verdaderos tributos.
Estos otros "tributos" me suenan, en cambio, a falta de originalidad, deseos
de triunfar rápido y fácilmente y descarado entusiasmo por la atención de los medios.
Tanto esfuerzo que representa componer melodías durante años y años, luchar por
ser escuchado y luego reconocido, esperar pacientemente a que los procesos de
distribución hagan su parte, soportar críticas y hasta rechazos, para que al final, un
intérprete cualquiera, sin mayor trabajo, las tome casi como propias, lucre con ellas y
hasta se le reconozca por hacerlo. ¿Dónde está el mérito? ¿En rendir
"tributo"? Pienso que si se desea rendir tributo a una estrella admirada
sería más honesto organizar un gran evento, con el homenajeado como estrella principal
de la actividad, invitar a otros artistas interesados y no descollar mucho por ello.
Eso sería rendir un tributo. Grabar de nuevo las viejas canciones en tu
propio disco es realizar descaradamente una copia disfrazada y aprovecharte de ello. En
ese caso, cualquier artista de la escultura puede copiar una estatua famosa y decir que le
rinde tributo al escultor original. O un pintor puede de nuevo pintar los mismos
cuadros de algún artista viejo y consagrado y decir que le rinde tributo. O un
autor reescribir una obra literaria de gran prestigio y decir que así le rinde tributo al
escritor original. El homenaje no es robar el arte del homenajeado, sino hacer que
otros lo aprecien de la misma manera.
Otra forma de rendir tributo es crear tus propias obras de arte, originales, siguiendo
el estilo de aquel a quien admiras. Hablamos entonces de emulación, no de copia.
Y así se le rinde tributo, mediante el arte, a un artista. Es más difícil,
pues determinar dónde termina la copia y comienza la emulación es siempre un punto
polémico, pero a veces puede resultar lo suficientemente evidente, especialmente si el
producto destaca por su originalidad. Quisiera escuchar entonces, de nuestro
criticado cantante novel, canciones originales inspiradas en el estilo de Roberto Carlos.
Ese sería, para mí, un verdadero tributo.
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