| Desafíos climáticos Viendo las impresionantes noticias de los últimos
días, donde se describen terribles tormentas heladas en Nortearmérica y Europa del
norte, no pude evitar recordar The Day After Tomorrow, la película de aventuras
y ciencia ficción que se estrenó en las salas de cine hace tres años. Por
entonces muchos dijeron que era exagerada, aunque se le reconocía sus sanas intenciones.
Hoy en día, sin embargo, ya no parece tan exagerada.
En un documento científico televisivo, que vi hace aproximadamente un mes, se decía
que si las corrientes cálidas del mar Caribe y del Golfo de México se detenían, es
decir, si no circulaban más, el hemisferio del norte caería presa de un nuevo período
glacial. Así, tan drástico como se oye. Y el cambio sería rápido y contundente.
Una especie de pesadilla cinematográfica convertida en realidad.
Claro que tal evento no ha ocurrido... aún. No
significa que estemos en las puertas de una nueva glaciación como la que asoló el
planeta hace unos diez mil años. Pero sí es evidente que el clima está cambiando
y que nos plantea un desafío difícil. ¿Es culpa del calentamiento global? ¿Es debido a
las fuerzas naturales que cambian el clima del mundo de cuando en cuando y ocasionan
glaciaciones y períodos cálidos intermedios? ¿Concurren acaso ambas circunstancias y
nosotros sólo le echamos una mano a la Madre Naturaleza? Es posible, incluso
probable.
Alguien dirá: "Bueno, ¿cuál es el problema? Ya antes sobrevivimos una o
dos glaciaciones y muchas otras miniglaciaciones, y aquí estamos, más extendidos y
poderosos que nunca". Y yo estaría de acuerdo. El problema es que tal dato es
esperanzador para nosotros en cuanto especie animal, no necesariamente en cuanto a civilización.
¿Es posible imaginar los devastadores efectos que un período extremadamente frío
y violento por un lado y extremadamente cálido y seco por otro podría ocasionar en la
economía y en la política mundiales? En nuestro nivel de vida, en el equilibrio social,
en la salud, en el comercio, en los fenómenos globales como la migración o las
telecomunicaciones...
Es un largo etcétera. ¿Qué desafío entonces se nos plantea? ¿De qué manera
podemos influir voluntariamente en este cuadro aparentemente fuera de nuestro control?
Pienso que nuestro deber está enfocado hacia las acciones que nosotros mismos
podamos emprender relacionadas con el clima: reducir la contaminación del aire y de las
aguas, mantener en condiciones óptimas el medio ambiente en general (incluyendo bosques,
llanuras y montañas, mares y costas), implementar fuentes de energía amigables con el
medio y de mejor calidad y duración, construir ciudades ecológicas, implementar
estrategias de protección directa frente a climas extremos, sin que implique destrucción
de hábitats, etc. Una vasta tarea de comunicación y cooperación que lleva consigo
un tremendo consenso intercultural y político.
La tarea parece brutalmente inmensa. ¿Estaremos listos para afrontarla?
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