Trabajo duro.
Miraba esta tarde los libros bien acomodados en los estantes de la
librería cuando me asaltó un pensamiento que suele acometerme muy frecuentemente. Se
relaciona con la ingente cantidad de producciones escritas que inundan las librerías y
que sin duda corresponden a tantos autores buscando vías de expresión (y de éxito)
basándose en su pluma. Vaya, pensé. Tanto trabajo y de pronto estoy aquí mirando
los títulos y tal vez dudando de comprarlos. O sin intención de adquirir ninguno.
¿No sería mejor que todo el mundo se dedicara a un trabajo estable y convencional que no
dependiera del caprichoso ánimo de un comprador cualquiera? Algo así como... no
sé, ocupar la oficina de una gigantesca corporación por ocho horas diarias o más. Claro
que la perspectiva, para una persona que desea vivir de la pluma, no es halagüeña, pero
resulta menos incierta, ¿no?
Y, ¿quién sabe? Tal vez sí resulte incierta. Pienso en este momento
en la película de Jim Carrey, "Las locuras de Dick y Jane", y la patética
situación en que se ve envuelto un ejecutivo venido a menos por avatares de la fortuna
(la quiebra de su compañía). Supongo que la conclusión obvia es que no hay trabajo
seguro ni estable, por más convencional que resulte. Y que tal vez sea preferible
trabajar duro escribiendo un largo y costoso texto que irá a inundar las librerías con
la esperanza tenue de ser adquirido, leído y recomendado.
No sé. En un programa chileno una mujer que fabrica bolsos y estolas de
una lana especial decía que no importaba tanto el "éxito" (entendido como
fortuna y fama) sino la posibilidad real de hacer algo que te guste y que al mismo tiempo
te permita vivir de ello, por más duro que se trabajase. La pasión con que lo
hacía compensaba las largas horas de esfuerzo y la incertidumbre de poder colocar sus
productos.
Y yo me dije... pasión, claro. Pasión. Trabajo duro y pasión
llevan a una satisfacción interna especial. Ah, qué bueno sería entonces que una de mis
pasiones me llevaran por la senda de la satisfacción (sin necesidad e preocuparme por
éxitos), aunque tuviera que trabajar duro...
Tal vez eso ocurría con los escritores cuyos escritos llenaban esta
tarde la librería que visité.
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