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BITÁCORA
23 de mayo de 2008

Ley, muralla y voluntad

greatwall.jpg (2650 bytes)El otro día vi un documental sobre la Gran Muralla China.  En realidad, como comprobé, se trataba de las murallas chinas, pues la grande y turística es tan sólo una parte de un conglomerado de murallas construidas a lo largo de los siglos por las antiguas dinastías imperiales de Beijing.  El documental, como suele suceder, resultaba desmitificador, en la medida en que mostraba las debilidades y fallos de dichas murallas y de los fracasados intentos por detener las invasiones bárbaras que venían de los mongoles y otros pueblos de la época.  A pesar de tanto sufrimiento, sangre y sacrificios, los chinos debieron enfrentar en más de una ocasión reiterados ataques y horadaciones en sus preciosas murallas. Y es que vivir y defender aquellas construcciones distaba de ser un pasatiempo: implicaba en la mayor parte del tiempo una importante voluntad de sacrificio que no siempre se veía justamente recompensada por las autoridades imperiales.  O mejor dicho, nunca se veía justamente recompensada.  O al menos recompensada del todo.

Fue en el marco de dicho documental que se consignó la famosa frase de Gengis Khan: las murallas son tan fuertes como los hombres que las defienden.  O algo por el estilo.  Y es que si los defensores se encontraban desmoralizados o no tenían fe en lo que defendían, cualquier horda de forajidos bien armados y bien dispuestos podían derribar sus defensas y atravesarlas.  Así sucedía y así sucede.

Pensar en lo que decía Khan me hizo recordar famosas escenas de la literatura, como aquélla en El Señor de los Anillos, cuando a pesar de contar con una fortaleza prácticamente inexpugnable, los hombres de Minas Tirith necesitaron de toda la voluntad y de todo el valor de un solo hombre -Gandalf, en ese caso- para poder defenderse y no ser engullidos en el primer asalto de un ejército sp_artans.jpg (2996 bytes)poderoso.  Igual podemos rememorar la película 300, realización cinematográfica del cómic del mismo nombre, el cual tan sólo dramatizaba y glorificaba la férrea defensa que hizo Leónidas y sus espartanos del paso de las Termópilas en una de las famosas guerras médicas.   Mientras la voluntad de aquellos hombres se mantuvo inquebrantable, no hubo manera de atravesar el estrecho desfiladero.  ¿Murallas?  Inncesarias.

En nuestros días no solemos preocuparnos de las murallas.  Ya no existen ni son necesarias.  Pero los problemas, los conflictos y las crisis continúan abatiéndose sobre nosotros.  Y algunas condenadamente cotidianas, nada dramáticas en la mayoría de los casos, aunque con potenciales consecuencias sangrientas. ¿Un officers.jpg (4100 bytes)ejemplo? Las carreteras.  Viajaba sobre la autopista para dirigirme a un supermercado, cuando me rebasó un enorme furgón de esos que transportan material inflamable, a toda velocidad por el carril de alta velocidad.  ¿Qué hacían los inspectores de tránsito?   Nada.  Admirar su uniforme y lo lustroso de sus motocicletas.  Y bien me dije:  aquí no hay murallas, pero sí leyes. ¿Acaso serán éstas tan frágiles como aquéllas?  Evidentemente.  Podemos entonces parafrasear a Gengis Khan y concluir que las leyes son como las murallas:  tan fuertes como los hombres que las aplican y defienden.  Si la voluntad flaquea, no habrá ley ni muralla que pueda ayudarnos a resolver nuestros más elementales problemas.

 

 

 

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