| Inspiración literaria para la ciencia Esta mañana leí un interesante artículo
de opinión en un periódico en mi país. El autor del artículo, Víctor M.
Buján, reflexionaba sobre el viaje a la Luna. Después de todo, aunque hayamos
celebrado los 40 años del primer alunizaje humano de nuestra historia, decía él,
tenemos unos dos mil años de estarlo imaginando de la mano de varias historias de ciencia
ficción. Sí, dos mil años. Me quedé de una pieza cuando vi la cifra, suponiendo
que se había equivocado. Pero se encargó rápidamente de aclararlo, citando
ejemplos de escritores romanos, renacentistas, clásicos y modernos que imaginaron
diferentes variantes del viaje, cada uno apoyado en los conocimientos que se tenía en la
época y cada uno desafiando los convencionalismos al presentar el viaje como una
realidad.
Luego
de esta descripción, el señor Buján se deleita en recordar que los científicos que
sentaron las bases para la ciencia y la tecnología de los cohetes espaciales, a saber
Konstantin E. Tsiolkovsky, Hermann Oberth y , se vieron inspirados directamente por obras
cumbres de la ciencia ficción de autores clásicos como Jules Verne (para el
ruso y el alemán) y H.G. Wells (para el estadounidense), en sus obras De la Tierra a
la Luna y La Guerra de los Mundos, entre otras. Siendo niños o
adolescentes, leer estas historias y sentir el deseo de llevar a la realidad lo que
parecía fantasía desbordada condujo a la postre hacia una carrera espacial fascinante
que aún se encuentra en progreso y que todavía nos reserva muchas sorpresas.
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| Konstantin E. Tsiolkovsky |
Hermann Oberth |
Robert Goddard |
El autor del artículo defiende, claro está, la lectura sostenida e
inteligente de la ciencia ficción dura: aquella que aplica directamente la especulación
sobre temas científicos de la física, la matemática y la química, a veces, la
biología, de las posibles consecuencias de la aplicación de tal clase de especulación y
cómo podríamos moldear el mundo del mañana sobre dicha basa. Es una ciencia
ficción clásica, progresista en su mayor parte, responsable de visiones extraordinarias como los viajes espaciales,
el uso de la energía nuclear u otras energías de vanguardia (el viento, el sol, la
geotermia), la existencia de vida extraterrestre y la robótica. Jules Verne y H.G.
Wells fueron tan sólo los primeros de una tradición de autores que han inspirado
generaciones enteras de científicos, cuyos trabajos aún asombran al mundo y lo llevan a
nuevas eras de civilización, tanto en la física, como en las tecnologías de la
información, la ecología y hasta en la medicina.
Considerando tantos beneficios, Buján propone que se incluya en la literatura de
escuelas y colegios las obras de los maestros de la ciencia ficción, desde Asimov hasta Heinlein,
desde Clarke hasta Bradbury, y muchos más, desde los más antiguos y clásicos hasta los
modernos. ¿Y por qué no? Durante años hemos leído los mismos libros, el
mismo tipo de historias y los mismos autores. Y aunque tienen infinidad de méritos,
creo que en la mayoría de nuestras escuelas, la temática y el tipo de literatura
abordada no deja de ser repetitiva y considerablemente monótona. No todo tiene que
ser historias realistas o dramáticas, poemas infantiles que hablan de la luna y el sol y
luego novelas del siglo XIX latinoamericano. También es posible y recomendable
agregar otras literaturas al bagaje que manejan los estudiantes, como la ciencia ficción
y la misma fantasía, tan injustamente desprestigiada.
Sin embargo, no bastaría siquiera con incluir estas lecturas en las clases.
¿Quién aseguraría que los estudiantes las leyeran? Lo más interesante de la ciencia
ficción cuando la lees por placer es que la disfrutas de verdad. Es después
que sientes la inspiración y el interés por los temas científicos. Sería
preciso entonces que los profesores recuperasen sus viejas curiosidades infantiles, que
ampliaran el abanico de posibilidades, y de acuerdo a la edad de sus estudiantes, abriera
las puertas al debate, las opiniones y la imaginación. Espoleando la curiosidad fue el modo en que los grandes
maestros de la ciencia ficción inspiraron las mentes brillantes que nos llevaron a la
Luna, que desarrollaron la medicina y supieron vislumbrar a través del desastre
ambiental. La curiosidad, la inspiración, el deseo por ver el avance hecho
realidad...
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