| ¡Mejoremos el cuadro! (Imaginemos III
Parte) Acabamos de
presenciar en don Marco lo que suele suceder en miles de personas como él alrededor del
mundo. Parece evidente que la estructura actual de suministro de energía produce estrés,
frustración y pobreza. Teniendo que ahorrar en gastos, para poder hacer frente a los
altos precios de los combustibles, se eliminan placeres y comodidades. Los artículos
aumentan de precio y las vías de transporte público se congestionan. En fin, el cuadro
de don Marco es tan sólo un atisbo de miles de posibles problemas. Pero, ¿qué tal si le
cambiamos el cuadro a don Marco?
Supongamos, en primer lugar, que la energía que
alimenta su hogar no proviene de las fuentes hidroeléctricas ni de las plantas nucleares
ni de los proveedores de gas. Supongamos por un momento que su casa funciona por
medio de energía solar. Sí, claro que es costoso implementar tal suministro de energía,
ahora. Pero si fuese masivo, estoy segura de que sería muchísimo más barato y
luego sólo dependería de un buen mantenimiento, pues el sol prodiga su luz con
generosidad más que manifiesta. Las costosas facturas por pagos de energía
eléctrica se reducirían al mínimo. Bien por don Marco.
Supongamos, de forma colateral, que los edificios de apartamentos y los de oficinas y
comercios, que suelen utilizar grandes cantidades de iluminación artificial, se
proveyeran de luz natural a través de ingeniosos sistemas de proyección de espejos. Es
decir, aparatos especiales, diseñados con base en espejos u otro tipo de superficie capaz
de atrapar y proyectar la luz diurna, que pueden llevar esa luz hasta los más recónditos
cuartos de un edificio alto sin necesidad de suministros artificiales de energía. Son
aparatos aún más baratos y sencillos que las celdas solares. ¿Ciencia ficción? ¡Ni
por asomo! En Japón ya existen grandes edificios de apartamentos que están operando con
este tipo de iluminación, la cual no sólo es gratuita sino también de mejor calidad.
Esto representaría un ahorro de costos para empresas y comercios y tal redundaría
a la postre en los precios de los artículos y de los alquileres de los locales. O al
menos, es probable que así suceda.
Supongamos también que con el ahorro en energía
suministrada a los hogares particulares, se han destinado muchos recursos a la ampliación
de ciclovías (o calles diseñadas para bicicletas), líneas de tren o metro y la
fabricación de carreteras con otros materiales aparte de asfalto (puede ser concreto u
otros). Los particulares podrían utilizar bicicletas para desplazarse hacia sus
lugares de trabajo. Hay en el mercado los prototipos de bicicletas con motores accionados
por aire comprimido. Es decir, aunque poseen un pequeño motor complementario que ayudaría al ciclista en su diario desplazamiento por
la ciudad, no necesitaría más combustible que el aire, tan gratuito y fácil de
hallar. Los trenes, por su parte, serían el único modelo de transporte eléctrico
y si además contamos con carreteras sin materiales derivados del petróleo, tenemos
transportes ecológicos, saludables y más económicos. Todo ello redundaría en beneficio
del consumidor, pues las tarifas en transporte se reducirían notablemente.
Supongamos también
que los autos eléctricos o con motores que funcionan con base en el etanol u otros
combustibles alternativos, de origen vegetal, son los que dominan las calles. El
ruido se reduciría sensiblemente, las emanaciones tóxicas desaparecerían, y como son
combustibles más baratos, los particulares no sentirían esa opresión en el pecho cada
vez que tienen que acercarse a una estación expendedora de combustible.
El descenso de costos, la reducción de la contaminación del ambiente y las mejoras en
la salud física traerán como consecuencia personas más tranquilas, más animosas, menos
tensas, menos proclives a la violencia y a la pelea. Un don Marco que no esté
deseando que llegue el viernes, sino un hombre apacible, concentrado en su labor, que
transita por la ciudad sin opresiones climáticas ni preocupaciones persistentes de
bolsillo...
¿Utopía? ¿Fantasía? ¿Ciencia ficción? Tal vez, aunque tengo la impresión de que
cada día que pasa nos acercamos con más seguridad a este futuro prometedor, si sabemos
eventualmente cómo pulsar las cuerdas. :)
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