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BITÁCORA
24 de febrero de 2007

Contar una buena historia

saladecine.jpg (4351 bytes)Ahora que nos hallamos en medio del frenesí de los premios cinematográficos, se me ocurrió pensar (de nuevo) en lo que hace que un filme enamore o repela un público.  A diferencia de un libro, la película se apoya decididamente en su capacidad para crear impactos visuales.  El libro (la novela o el cuento, en este caso, incluso el ensayo, cuyo paralelo cinematográfico es el documental) debe ocuparse de un plano enteramente mental, donde la palabra escrita juega el papel fundamental de crear "imágenes" en la mente.  En el cine, en cambio, la imagen y el movimiento se convierten en esencias de dicho arte, y el artista (o sea, el cineasta) debe valerse de tales ingredientes para arrancar una respueta emotiva e intelectual poderosa en el espectador (como suele intentar cualquier producción artística). De hecho, mucho se ha hablado del uso (y abuso) de los recursos visuales -y de sonido también, para el efecto- como los factores que convierten al cine en una actividad artística de acceso más masivo que la literatura. Pero entonces, ¿por qué filmes desbordantes en recursos audiovisuales y de acción feroz fracasan en la taquilla y en la crítica?  Si se cuenta con grandes actores (o al menos, muy populares), o se han realizado finísimas animaciones digitales, si se han diseñado majestuosas bandas sonoras, si se presentan escenas de fuertes emociones y explosión a granel, ¿por qué algunas películas fracasan?

eyeswide.jpg (2843 bytes) El otro día tuve oportunidad de ver, por primera vez, una película que ya tiene varios años de haber sido llevada a la gran pantalla: Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados - 1999), del fallecido cineasta Stanley Kubrik.  Al margen del contenido específico de la cinta, que no interesa ahora, esta producción me sirve de ejemplo de lo que una buena película tiene de arte.  Siguiendo la historia, te das cuenta de que te sientes intrigado, de que puedes sentir la angustia del personaje o de que puedes enojarte con él.  Cuando te preguntas en qué puede acabar todo aquel embrollo, la película cierra con una sola palabra, la cual resume magistralmente y en todo su significado el origen de todo el conflicto. Y dices "¡guau!".   Entonces, ¿las buenas películas se reducen a buenos finales?  Podría ser, pero no es posible desembocar en un "buen" final si antes no se ha tenido un "buen" desarrollo que le dé pleno sentido a ese desenlace.  En otras palabras, hacer una buena película, como hacer una novela o un cuento, arranca siempre en saber contar (saber narrar) una buena historia.  Desde cómo comienza, hasta cómo termina, el buen cineasta no sólo sabe hacer uso de los recursos del cine (trabajo actoral, escenografías, efectos especiales, sonido, música, etc.) para producir fuertes impactos visuales o provocar reacciones emotivas de importancia, sino que lo hace en el marco de una estructura narrativa sin fisuras.

Claro que no todas las películas exitosas en taquilla poseen méritos artísticos, así como no toda la literatura publicada exitosa en ventas es realmente arte literario. Este tipo de producciones suele tener argumentos simples sin pretensiones reflexivas o estéticas, buenos elementos histriónicos y soberbios efectos, pero creo que no carecen de ingenio narrativo suficiente, tal como sucede con algunos best sellers que a pesar de no contar con una escritura excelente ni con un diseño profundo y complejo de personajes o situaciones, suelen desarrollar argumentos bien armados que logran enganchar a un público lector que sólo busca entretenerse.  Volvemos, pues, a la habilidad de contar una historia.

toystory.jpg (4311 bytes) Dicen los responsables de Pixar que ellos no inician una producción fílmica si no tienen una buena historia que contar.  Observando su desempeño a lo largo del tiempo, desde Toy Story (1995) hasta Cars carrosdigitales.jpg (2154 bytes)(2006), se podría decir que llevan razón en sus fundamentos: todas sus películas son memorables por su indiscutible calidad técnica y por ser magníficos ejemplos de arte narrativo. En realidad, si nos paramos a pensar, suelen ser las personas que saben contar historias (aunque sean de su vida diaria) las que suelen llamar la atención de espontáneos auditorios muy atentos.  ¿Dónde estriba el éxito de algunos blogs si no es en su capacidad de emocionar a un público anónimo con la historia personal del blogger contada casi por capítulos? Contar una buena historia está en la esencia de los impresionantes poemas épicos del pasado, en la popular actividad juglaresca, en los teatros abarrotados y hasta en la manera en que se predica.  Millones de productos se venden con base en "testimonios" (o sea, buenas historias) contados con arte, con belleza, con ingenio.  Y una buena historia es lo que buscamos normalmente cuando compramos una entrada al cine.  Resulta entonces un arte de innegable valor, ante el cual un público oyente, o un público lector, o un público espectador cae rendido sin condición, si está logrado, o se aburre y cierra, si no ha logrado consumarse.  Un arte que se despliega desde la conversación más simple hasta la película más costosa. Cultivarlo equivale a asegurar el éxito en la difícil misión de atraer audiencias. :)

 

 

 

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