| Una cuestión de actitud El viernes pasado se celebró en el mundo el
Día de la Tierra. Por este motivo, algunos canales de televisión transmitieron
documentales ecologistas que se centraban principalmente en el tema ambiental del momento:
el calentamiento global. Por efecto de un cambio climático natural acentuado por acciones
humanas concretas, nuestro planeta corre el riesgo de ver aumentar sus temperaturas
globales a niveles peligrosos para nosotros, nuestra civilización y quizá también para
el planeta mismo. Los documentales abordaban estas cuestiones con el afán no sólo de
explicar el problema y hacer conciencia sobre él sino también sobre la manera en que
deberíamos abordarlo y solucionarlo.
Ya
había visto el interesantísimo programa "Una verdad inconveniente", con Al
Gore como presentador y narrador. Pues bien, el viernes pasado tuve ocasión, de manera
accidental, de ver el programa "La última hora" (The eleventh hour), con
Leonardo di Caprio como presentador y narrador. Demás decir que estaba muy interesante y
sí, también angustiante. Los datos que se destilan son desalentadores, son críticos, la
falta de acción eficaz evidente y la lentitud de nuestra respuesta como especie aún
peor. Nada de todo eso era nuevo para mí y ya he hablado en más de una ocasión al
respecto, tanto aquí como en otros blogs. Lo que sí me pareció novedoso, al menos para
mí, fue el enfoque de la profundidad del problema. ¿En qué sentido? Pues, es en
realidad escalofriantemente sencillo: más allá de la tala indiscriminada, de la
contaminación del aire por gases tóxicos, de la lluvia ácida, de la contaminación de
los océanos con basuras plásticas y químicas, de la contaminación causada por el
petróleo (desde su extracción hasta su uso industrial y comercial), de la
desertificación de amplias zonas de cultivo, en fin, más allá de todos los problemas
juntos, la raiz de nuestro problema está en nuestra filosofía de vida, en nuestra
actitud.
El documental explicaba de manera muy interesante que antes de la Revolución
Industrial, los seres humanos habían logrado vivir y prosperar sólo con la energía que
nos proveía la luz del sol durante un año. Esto, bajo cualquiera de sus formas: ya fuera
por los cultivos, por la domesticación de animales, por el fuego controlado, etc., en
general nunca sobrepasamos el uso de esa energía y en esa cantidad. Sin embargo, con la llegada de la Revolución Industrial,
es decir, con el descubrimiento del carbón y luego del petróleo, aprendimos a valernos
de la energía del sol del pasado, esa que se había acumulado en las entrañas de la
Tierra durante los últimos millones y decenas de millones de años y con eso el
equilibrio que aún manteníamos con el planeta se trastocó. Comenzamos a desear más y
más, a producir no sólo lo que necesitábamos para vivir ahora sino lo que
necesitaríamos en el curso de una vida y
hasta más que eso. Comenzamos a creer en la abundancia y la sobreabundancia, de hurgar,
escarbar y quemar desaforadamente, como si los recursos de la Tierra fueran inagotables o
eternos. Nuestra codicia por energía sobrepasó la capacidad del mundo para sostenernos y
al mismo tiempo que aumentábamos nuestra población de manera dramática, así aumentaron
nuestras ansias de consumo. El deseo por consumir se impuso sobre todo lo demás. Y
mientras sigamos queriendo más de lo que somos capaces de asimilar y de lo que el planeta
es capaz de dar, el problema sólo se hará más grande y el desastre será inevitable.
¿Estoy
exagerando? No lo creo. En realidad, cuando veo que la gente se desvive por comprar diez
televisores para una familia de tres personas, de usar automóviles gigantes que consumen
combustible como locos cuando sólo el conductor está presente, cuando alguien come y
come hasta hartarse y luego come más, cuando nunca es suficiente comprar X pues hay que
comprar también Y y Z y todas las letras del alfabeto... no, no creo que esté
exagerando. Es toda una actitud frente a la vida. Recuerdo la historia de un rapero muy
exitoso que contó una anécdota sobre su padre. Tenía mucho dinero, por primera vez en
su vida, y le contó a su progenitor que ya poseía ocho automóviles.
"¿Ocho?", le dijo el padre asombrado, "¿Pero cuántos traseros tienes tú
que necesitas tantos coches?". El rapero pensó y dijo: "Tienes razón". Se
deshizo de seis autos, y sólo conservó uno para la ciudad y otro para viajar al campo.
Después de todo, era un hombre rico.
Pienso que ese es el punto: si tu TV funciona bien y la disfrutas, ¿para qué vas a
comprar otra? ¿Porque tiene un botoncito extra que hace no sé qué y que sólo servirá
para exhibirla? Si ya comiste y lo hiciste bien y estás satisfecho, ¿qué sentido tiene
seguir comiendo? ¿No se han preguntado por qué la diabetes y la obesidad están causando
tantos estragos en nuestro siglo? A mis ojos, son sólo señales de nuestro abuso de
recursos. De nuestra gula, de nuestra exagerada ansiedad por poseer todo, todo, todo. Y
eso está causando el desastre ambiental que todos conocemos.
Me puse a pensar en lo que los científicos
decían y pensaba: ¿qué puedo hacer yo, o alguien cualquiera para paliar el efecto? En
realidad, en términos individuales es poco, pero en términos de conciencia social es
mucho. Lo menos que alguien puede hacer es cambiar de actitud. Si vas a salir y tu destino
está cerca, no saques el auto. Ve caminando. No sólo contribuyes con el ambiente al
retirar un contaminante potencial del camino, trabajas también por tu salud. Si no vas a
ver TV, apágala. Si vas a comer, no te hartes. Disfruta la comida, y luego, piensa en
otra cosa. Si tus aparatos del año pasado funcionan a la perfección, pasa de las
novedades de este año. Si sabes que un producto que te venden en el supermercado usa
pesticidas y/o daña el ambiente, no lo compres. Prefiere en tus compras aquellos que sean
orgánicos o que estén certificados como resultado de procesos amigables con el ambiente.
Si tienes una bolsa de tela para traer la compra, úsala. Cuantas menos bolsas plásticas
deseches, mejor. Si el árbol del jardín no molesta a nadie, ¿para qué talarlo?
¿Tienes pereza de limpiar las hojas? Hazlo como un ejercicio, no como una tarea. Bajas de
peso y ayudas al ambiente. En fin... cuanto más racional y equilibrado seas en tu vida,
mayor equilibrio habrá en la vida de tus hijos, de tus familiares y de tus amigos. Serás
más saludable y estarás menos tenso. Si dejas de preocuparte por estar a la moda o de
tener lo último, tendrás tranquilidad. Y la tranquilidad es un bien escaso hoy en día.
=)
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