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BITÁCORA
24 de abril de 2011

Una cuestión de actitud

atthemountain.jpg (2740 bytes)El viernes pasado se celebró en el mundo el Día de la Tierra. Por este motivo, algunos canales de televisión transmitieron documentales ecologistas que se centraban principalmente en el tema ambiental del momento: el calentamiento global. Por efecto de un cambio climático natural acentuado por acciones humanas concretas, nuestro planeta corre el riesgo de ver aumentar sus temperaturas globales a niveles peligrosos para nosotros, nuestra civilización y quizá también para el planeta mismo. Los documentales abordaban estas cuestiones con el afán no sólo de explicar el problema y hacer conciencia sobre él sino también sobre la manera en que deberíamos abordarlo y solucionarlo.

the_11_thhour.jpg (6652 bytes)Ya había visto el interesantísimo programa "Una verdad inconveniente", con Al Gore como presentador y narrador. Pues bien, el viernes pasado tuve ocasión, de manera accidental, de ver el programa "La última hora" (The eleventh hour), con Leonardo di Caprio como presentador y narrador. Demás decir que estaba muy interesante y sí, también angustiante. Los datos que se destilan son desalentadores, son críticos, la falta de acción eficaz evidente y la lentitud de nuestra respuesta como especie aún peor. Nada de todo eso era nuevo para mí y ya he hablado en más de una ocasión al respecto, tanto aquí como en otros blogs. Lo que sí me pareció novedoso, al menos para mí, fue el enfoque de la profundidad del problema. ¿En qué sentido? Pues, es en realidad escalofriantemente sencillo: más allá de la tala indiscriminada, de la contaminación del aire por gases tóxicos, de la lluvia ácida, de la contaminación de los océanos con basuras plásticas y químicas, de la contaminación causada por el petróleo (desde su extracción hasta su uso industrial y comercial), de la desertificación de amplias zonas de cultivo, en fin, más allá de todos los problemas juntos, la raiz de nuestro problema está en nuestra filosofía de vida, en nuestra actitud.

El documental explicaba de manera muy interesante que antes de la Revolución Industrial, los seres humanos habían logrado vivir y prosperar sólo con la energía que nos proveía la luz del sol durante un año. Esto, bajo cualquiera de sus formas: ya fuera por los cultivos, por la domesticación de animales, por el fuego controlado, etc., en general nunca sobrepasamos el uso de esa energía y en esa dirtyair.jpg (1248 bytes)cantidad. Sin embargo, con la llegada de la Revolución Industrial, es decir, con el descubrimiento del carbón y luego del petróleo, aprendimos a valernos de la energía del sol del pasado, esa que se había acumulado en las entrañas de la Tierra durante los últimos millones y decenas de millones de años y con eso el equilibrio que aún manteníamos con el planeta se trastocó. Comenzamos a desear más y más, a producir no sólo lo que necesitábamos para vivir ahora sino lo que necesitaríamos en el curso de una global_warming.jpg (3867 bytes)vida y hasta más que eso. Comenzamos a creer en la abundancia y la sobreabundancia, de hurgar, escarbar y quemar desaforadamente, como si los recursos de la Tierra fueran inagotables o eternos. Nuestra codicia por energía sobrepasó la capacidad del mundo para sostenernos y al mismo tiempo que aumentábamos nuestra población de manera dramática, así aumentaron nuestras ansias de consumo. El deseo por consumir se impuso sobre todo lo demás. Y mientras sigamos queriendo más de lo que somos capaces de asimilar y de lo que el planeta es capaz de dar, el problema sólo se hará más grande y el desastre será inevitable.

iphonelaunch.jpg (4207 bytes)¿Estoy exagerando? No lo creo. En realidad, cuando veo que la gente se desvive por comprar diez televisores para una familia de tres personas, de usar automóviles gigantes que consumen combustible como locos cuando sólo el conductor está presente, cuando alguien come y come hasta hartarse y luego come más, cuando nunca es suficiente comprar X pues hay que comprar también Y y Z y todas las letras del alfabeto... no, no creo que esté exagerando. Es toda una actitud frente a la vida. Recuerdo la historia de un rapero muy exitoso que contó una anécdota sobre su padre. Tenía mucho dinero, por primera vez en su vida, y le contó a su progenitor que ya poseía ocho automóviles. "¿Ocho?", le dijo el padre asombrado, "¿Pero cuántos traseros tienes tú que necesitas tantos coches?". El rapero pensó y dijo: "Tienes razón". Se deshizo de seis autos, y sólo conservó uno para la ciudad y otro para viajar al campo. Después de todo, era un hombre rico.

Pienso que ese es el punto: si tu TV funciona bien y la disfrutas, ¿para qué vas a comprar otra? ¿Porque tiene un botoncito extra que hace no sé qué y que sólo servirá para exhibirla? Si ya comiste y lo hiciste bien y estás satisfecho, ¿qué sentido tiene seguir comiendo? ¿No se han preguntado por qué la diabetes y la obesidad están causando tantos estragos en nuestro siglo? A mis ojos, son sólo señales de nuestro abuso de recursos. De nuestra gula, de nuestra exagerada ansiedad por poseer todo, todo, todo. Y eso está causando el desastre ambiental que todos conocemos.

ciud_verd.jpg (5634 bytes)Me puse a pensar en lo que los científicos decían y pensaba: ¿qué puedo hacer yo, o alguien cualquiera para paliar el efecto? En realidad, en términos individuales es poco, pero en términos de conciencia social es mucho. Lo menos que alguien puede hacer es cambiar de actitud. Si vas a salir y tu destino está cerca, no saques el auto. Ve caminando. No sólo contribuyes con el ambiente al retirar un contaminante potencial del camino, trabajas también por tu salud. Si no vas a ver TV, apágala. Si vas a comer, no te hartes. Disfruta la comida, y luego, piensa en otra cosa. Si tus aparatos del año pasado funcionan a la perfección, pasa de las novedades de este año. Si sabes que un producto que te venden en el supermercado usa pesticidas y/o daña el ambiente, no lo compres. Prefiere en tus compras aquellos que sean orgánicos o que estén certificados como resultado de procesos amigables con el ambiente. Si tienes una bolsa de tela para traer la compra, úsala. Cuantas menos bolsas plásticas deseches, mejor. Si el árbol del jardín no molesta a nadie, ¿para qué talarlo? ¿Tienes pereza de limpiar las hojas? Hazlo como un ejercicio, no como una tarea. Bajas de peso y ayudas al ambiente. En fin... cuanto más racional y equilibrado seas en tu vida, mayor equilibrio habrá en la vida de tus hijos, de tus familiares y de tus amigos. Serás más saludable y estarás menos tenso. Si dejas de preocuparte por estar a la moda o de tener lo último, tendrás tranquilidad. Y la tranquilidad es un bien escaso hoy en día. =)

 

 
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