| Ética y ciencia en armonía  Hoy leí una noticia
que me causó una impresión agradable y esperanzadora. Un grupo de científicos de una
institución privada de investigaciones biotecnológicas (la compañía Advanced Cell
Technology) logró crear una línea de células madre embrionarias humanas sin dañar
al embrión. Naturalmente, han dado apenas los primeros informes de resultados de
experimentos realizados con embriones humanos residuales de procesos de fertilización in
vitro, y aunque supongo que habrá infinidad de detalles médicos y de laboratorio que
aún esperan ser refinados, reprocesados y vueltos a poner a prueba, estos primeros
resultados no dejan de ser alentadores.
Resulta que en un proceso normal de extracción de células madre embrionarias, los
científicos esperaban a que el embrión fuese un blastocito, es decir, una bola compuesta
de unas 150 células. En ese punto, al hacer la extracción, el embrión moría
irremediablemente. En cambio, los científicos de Advanced Cell Technology descubrieron
que se podía realizar la extracción a niveles mucho más tempraneros en el proceso de
formación del embrión sin que tal acción deviniera en daños a éste último. ¿Cómo?
Pues tan sólo esperaban a que el embrión fuese un conglomerado de unas 10
células idénticas, extraían una y dejaban las otras en su proceso natural. El
embrión seguía su camino hacia el desarrollo de una nueva vida. ¿Cómo podían estar
tan seguros? Porque en las fecundaciones in vitro existe un procedimiento colateral
llamado diagnóstico preimplantatorio.
Este diagnóstico preimplantatorio es utilizado en las clínicas de fecundación
asistida como un método para saber si el embrión es portador de algún tipo de
enfermedad fatal. En todos los casos, el procedimiento se realiza a niveles muy tempranos
del desarrollo del embrión, precisamente cuando contiene unas 10 células idénticas, y
se necesita extraerle una de ellas para analizarlo. Hasta el momento, 1500 niños
han nacido completamente sanos y normales, a pesar de que fueron sometidos a este tipo de
diagnóstico en su etapa de embriones. ¿Qué mejor prueba de que el procedimiento
no daña al embrión?
Aprovechando la técnica, los científicos extrajeron pues células embrionarias de
este tipo y lograron desarrollar a partir de ellas líneas de células madre embrionarias,
sin haber necesitado matar a nadie.
El descubrimiento del poder regenerativo de las células madre trajo un rayo de
esperanza para muchos enfermos o lesionados alrededor del mundo, pero también suscitó un
acalorado debate acerca de las implicaciones éticas y morales de la investigación
científica, por la sencilla razón de que para obtener células embrionarias con el fin
de desarrollar sus poderes regenerativos, siempre era preciso destruir el embrión. En el
caso de células madre adultas no hay tal polémica, pues no se destruye a nadie en el
proceso de obtenerlas. Sin embargo, como sus cualidades regenerativas parecen ser muy
limitadas, muchos científicos insistían en volcar su atención sobre las embrionarias,
aparentemente capaces de transformarse en cualquier tipo de tejido del cuerpo. Desde
entonces, se destruyen muchos cientos de embriones humanos en aras de la investigación
científica, o en dicho en otras palabras y desde mi punto de vista, cientos de seres
humanos son asesinados con el fin de que sus células se utilicen como células madre. Es
obvio que soy de los que opinan que la erradicación o cura de enfermedades degenerativas
como el Alzheimer o el Parkinson no deberían justificar la destrucción de embriones
humanos. Matar a alguien para salvarle la vida a otro alguien no guarda relación
lógica, al menos para mí. La discusión, por tanto, es delicada.
Este descubrimiento, sin embargo, abre las puertas hacia un nuevo horizonte de
esperanza de regeneración para miles de pacientes de Alzheimer o Parkinson, sin que por
ello implique la muerte de ningún ser humano inocente. Ética y ciencia habrán
encontrado el principio de un camino de armonía en un tema tan difícil, al fin :)
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