De paseo por la naturaleza
Es extraño pensar que en medio del tráfico, el humo de los automóviles, el ruido de
una ciudad moderna, compuesta de tantos y tantos edificios de duro y frío concreto,
calles asfaltadas, rejas y muros, y gente agolpándose con rostros angustiados, pueda
existir un trocito de naturaleza apacible y hermosa. Pero existe de verdad. Fui con
mi familia a pasar un rato al INBio parque, más con intenciones de estudio que con
pretensiones de diversión, y resultó ser un largo momento de delicioso paseo.
Nos adentramos en el bosque tropical húmedo, que mantienen húmedo con chorritos de
agua bien esparcida, y nos sentimos de inmediato como si estuviésemos en la selva. Era
fascinante. Lo bueno de todo, y ya que somos simples mortales urbanos,
transitábamos por un camino debidamente diseñado, pero rodeados de verdor. Mi hija
pegaba brinquitos, y se quejaba del agua. "Muy mojado, muy mojado", gemía la
quisquillosita, lo que me hacía sonreír -yo también estaba saltando :)-
Pero el panorama se tornó muy estimulante para ella cuando, luego de atravesar una cueva
de arañas, de singular tamaño (esas, afortunadamente, estaban en urnas, detrás de
cristales), nos encontramos en un precioso jardín de mariposas, donde varias decenas
revoloteaban a mi alrededor y coloreaban el paisaje. Mi niña estaba encantada,
incluso permitía que se le posaran en la cabeza. Las había tornasoles azuladas, veteadas
negro con rojo, blancas y amarillas. Un universo vivo de color. Mi hijo mayor,
en cambio, las miraba con criterio científico, fijándose en sus nombres y
características. Y el más pequeño sólo abría los ojos como platos redondos y no
decía nada. Creo que en su pequeña experiencia de la vida no había encontrado una
reunión de mariposas tan rico en número y presentación.

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¡Jugando en la telaraña! |
Recorriendo el jardín de mariposas |
Para satisfacción de mi hija, el bosque tropical húmedo dio paso al bosque tropical
seco, aunque primero hicimos una parada para almorzar (¡perros calientes a la vera de un
bosque tropical! ¡estupendo!). La belleza de una naturaleza diferente, que incluía
especies como el cactus y el guayacán, entre la cual transitaba una preciosa venadita con
su retoño, se vio acompañada con la belleza de una preciosa laguna, habitada por patos,
peces de variadas especies, y hasta por caimanes y tortugas. Un mirador en lo alto
de una cascada fue el escenario ideal para dejarse llevar por la frescura de una tarde
apacible, y hasta cruzar por un túnel debajo de la laguna fue emocionante. Mis tres
hijos exclamaban, saltaban, tomaban fotos, reían y se emocionaban, complacidos con tanto
verdor y tanta frescura, mientras mi esposo y yo nos divertíamos tomándonos fotos.

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Admirando el paisaje... |
Confieso que lo que parecía ser un paseo con fines didácticos
(especialmente cuando visitamos la granja, con sus cerdos y cabras incluidos) se
transformó para mí en un escape del estrés cotidiano, de los pequeños y molestos
problemas diarios que siempre nos agobian y de la rutina, esa matadora costumbre tan
necesaria como desesperante.
De vuelta a la vida "real", me sentí tan satisfecha y tan cansada que
recibí con afecto mi tacita de café y mi paquetito de galletas. Creo que todos nos
hicimos la promesa de volver.
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