25 de abril
Hablando de energía Siguiendo con el tema de la energía limpia, en estos
días me enteré de una buena noticia. No son tan usuales como deberían ser, pero
al menos te levantan el ánimo, pues sabes que no todo está perdido y que aún se puede
lograr mucho por cambiar el negro panorama que se nos presenta con el cambio climático.
Me refiero a que en los últimos reportes, la energía proporcionada por el sol se
está volviendo más rentable. ¿Suena raro? No, pues hasta hace poco la sola
instalación de los famosos paneles solares hacía impensable acondicionar las casas para
proveerse de este tipo de energía limpia, al menos las más comunes o la mayoría.
Pero ahora resulta que, por una extraña combinación de factores, el silicio -base de las
celdas solares- se ha vuelto menos caro y más disponible, de forma que en Australia y en
varios países de Europa, el nivel de instalación de paneles solares ha crecido
significativamente en lo que va del año. De hecho, en un informe difundido por la
National Geographic, me enteré de que es Alemania el país que más paneles solares ha
instalado hasta ahora. ¡Alemania! ¡Un país frío! Ahora, imagínense
que los países de climas cálidos, con luz solar potente durante todo el año, también
instalasen paneles solares por doquier. ¿No creen que la factura petrolera se reduciría
en un porcentaje signficativo?
Tuve, entonces, una visión de ciencia ficción, ahora más ciencia que ficción.
Suponiendo que las condiciones políticas sean favorables (desgraciadamente siempre
hay que contar con este factor), y que hay una concertada acción de gobiernos y empresas,
podemos imaginar un futuro muy probable de plantas de energía eléctrica con fuentes de
energía limpia. En aquellos lugares donde el sol es una potencia ineludible, las
casas, los edificios, las plantas de producción y hasta
los transportes colectivos podrían ser dotados de energía eléctrica producida a partir
del sol. La instalación se abarata y luego el suministro es gratuito. Sólo
hay que preocuparse del mantenimiento de las celdas. Entretanto, se reduciría
notablemente las emanaciones de CO2 que tanto afectan nuestra atmósfera.
Por otro lado, en aquellos lugares donde el viento es
una fuerza aprovechable, las ciudades funcionarían con energía eléctrica producida de
forma limpia, al igual que ocurriría en aquellos lugares donde la energía geotérmica es más barata que la producida a partir del carbón y
del petróleo. Poco a poco, nuestras ciudades, nuestros agricultores, nuestras
industrias y hasta nuestros autos (preferiría entonces los híbridos, y eventualmente,
los completamente eléctricos -cuando la tecnología lo permita-) dejarían de emitir
gases contaminantes, dejarían de producir ruido, serían baratos y eficientes. ¿No
suena a maravilla?
Claro que necesitamos de la concertación de muchos factores. Gobiernos y
empresas, para empezar, se ven frente a situaciones altamente complejas y no es fácil
readaptar todo nuestro estilo de vida. Pero creo que ahora, finalmente, después de
tantas décadas de soñar con ciudades limpias, las vías son posibles. Y la
tecnología avanza, dándonos más esperanzas.
¿No se aclara un poquito el panorama? :)
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