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BITÁCORA
26 de octubre de 2010

26 de octubre
Lecciones y recordatorios

Ya han pasado dos semanas aproximadamente desde el famoso rescate de los 33 mineros de Chile. Ya ha corrido tinta, se han estrenado documentales, se han pasado videos, entrevistas. Ayer mismo el presidente Piñera los ha recibido en el Palacio de La Moneda y los ha obsequiado con una ceremonia formal, agradable, en la que el señor Luis Urzúa, ex jefe del grupo y arquitecto de gran rostros.jpg (15338 bytes)parte de su magnífica resistencia, ofreció un breve y muy sensato discurso de agradecimiento y esperanza, que quedó mejor que los usuales discursos de los políticos, quizá por no ser él mismo uno de ellos. También se les obsequió una medalla del Bicentenario, pues todos recibieron el honor de ser los Rostros del Bicentenario, y se les obsequió una banderita (al señor Mamani se le dio una de Bolivia, gesto que me pareció muy cortés y acertado) y hasta había una pequeña réplica de la Fénix, la cápsula que los sacó de su prisión.

Durante este tiempo hemos tenido la oportunidad de reaccionar a lo sucedido, de comentarlo, de reflexionarlo. En mi caso particular, lo seguí con emoción (sí, lo confieso, me emocioné, aunque ellos no fueran parte de mi familia, ni de mis amigos, ni siquiera compatriotas, me emocioné), y luego me hizo pensar en la naturaleza humana, en la manera en que abordamos nuestras tragedias y en la forma en que solemos reaccionar frente a la desgracia. Somos seres emotivos, guerreristas, violentos, llenos de contradicciones y a veces, por culpa de éstas últimas, aumentamos los problemas que de otra forma se habrían resuelto con relativa facilidad. Y a veces, también, podemos ser magníficos.

Pienso que la experiencia con los mineros en Chile sirvió de inspiración en un momento dado a todo un mundo cansado de malas noticias, y también de lección de vida, como se dijo muchas veces: lección de persistencia, de unión, de esfuerzo, de dedicación, de disciplina (en el caso mismo de los mineros fue fundamental para su supervivencia), y hasta nos mostró el rostro ansioso de un pueblo que quería creer y al hacerlo, triunfó. Fueron, sí, lecciones de vida.

Pero también, creo, la experiencia sirve de recordatorio. ¿De qué? Pues de nuestra naturaleza social y cooperativa. Mucho se ha dicho sobre la violencia y el egoísmo que permea toda nuestra especie. Y se hace demasiado hincapié en nuestra capacidad destructora. Existen, por supuesto, no lo vamos a negar y siguen siendo parte de nuestros problemas. Pero si estamos aquí aún, en este mundo, si logramos sobrevivir en la larga y cruel carrera evolutiva fue por otro rasgo bien inmerso en nuestra biología, tan inmerso como los otros, tan importante y tan esencial como la misma necesidad de sobrevivir, como es nuestra capacidad de unión. Como dije antes, somos seres sociales. En tanto nos apoyamos los unos en los otros, de manera adecuada, es decir, a través del verdadero esfuerzo de cooperación solidaria sin esperar beneficios directos y egoístas, somos capaces de lograr casi cualquier cosa. Somos capaces de vencer, de sobrevivir, y de moldear nuestro entorno y nuestro futuro. En la mensaje.jpg (9240 bytes)medida en que mantenemos la confianza en el grupo, en que sabemos escuchar a un líder y éste es responsable y auténtico, también sobrevivimos. ¿Qué habría ocurrido si los 33 mineros hubieran dado pie a la desesperación, a la violencia y al bandidaje durante esos 17 días que pasaron sin comunicarse con nadie? Habrían muerto todos, a la larga. O habrían quedado pocos, y mal. Pero no cedieron al lado oscuro de la naturaleza humana. Contaron con un buen líder, claro en sus ideas, seguro en sus premisas, y siguieron sus indicaciones dentro de un margen de disciplina envidiable (sin castigos ni autoritarismos), que les permitió sobrevivir solos, sin ayuda del exterior, sin posibilidad de conseguir alimento por sus propios medios, sin posibilidad de llegar a ninguna población o salir de la cueva por sí solos, por más de dos semanas. Cuando la comunicación llegó, ellos estaban listos. Y cuando el rescate fue una realidad, la misma disciplina, el mismo orden, la misma actuación en equipo, les permitió salir relativamente rápido de esa cueva y disfrutar de su vida ahora en compañía de sus familiares y allegados.

campamento.jpg (8839 bytes)Por fuera, la solidaridad estuvo en el grupo familiar, en el ánimo de los socorristas, en la voluntad de continuar una búsqueda que bien hubieran podido dar por perdida y no lo hicieron. Lealtad al padre, al hermano, al hijo, al esposo, al amigo. Lealtad que se traduce en cooperación, ánimo, apoyo. Que contribuyó al éxito. Se demostró así que estos rasgos tan nuestros están vigentes, y que a pesar de los problemas que podamos enfrentar, aún tenemos la capacidad de resolverlos para bien y no para mal.

Ánimo, pues. Tenemos por delante el cambio climático, la desaparición de las especies, el aumento de las enfermedades, el cambio energético, la posibilidad de luchar contra egoísmos ancestrales. Y sin embargo, podemos resolverlos. Juntos, sin individualismos extremos pero también, sin revoltijos absurdos. Cada minero cumplió una función dentro de esa mina, pues aunque los seres humanos tenemos la misma dignidad, no somos iguales como clones. Juntos, no revueltos. Sin extremos, somos capaces. Con ellos, no sobrevivimos. :)

 

 
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