| Figura poderosa del pasado Hace poco, el Reino de Jordania tomó una
medida extraordinaria: le permitió a las mujeres poder desplazarse libremente sin permiso
del marido y escoger su lugar de residencia. Para nosotros, los occidentales, la
medida no suena como algo fuera de lo común, pero para una mujer musulmana es un avance
hasta hace poco inconcebible hacia su libertad. Como era de esperarse, los
islamistas protestaron, diciendo que el gobierno jordano estaba poniendo "en
peligro" la familia, con las graves consecuencias que ello conllevaba. Que la
mujer tiene su lugar sólo en la familia, con sus hijos y bajo la estricta autoridad de su
marido o de su padre. Eso de correr "libremente" era abominable.
Entiendo la ira de los islamistas. Son personas ortodoxas, que no aceptan cambios
en sus estructuras sociales y siguen considerando a la mujer como ciudadano de segunda -o
tercera- categoría. Pero nosotras las mujeres, que no somos animales domésticos ni
objetos de casa, que sabemos lo mucho que nos ha costado ver reivindicada nuestra
humanidad, no podemos menos que sentirnos bien por las jordanas. Algunas de ellas ya
se han manifestado con alivio, esperanzadas de que algún día podrán obtener el estadio
de ciudadanos con plenos derechos. Su lucha continúa y continuará, de momento han
obtenido un triunfo.
¿Podemos
considerarnos nosotras en mejor estadio? Al contrario de lo que piensan muchos
cínicos, creo que sí. Aunque nuestros países distan mucho de disfrutar de
sistemas sociales equitativos para el sexo femenino -unos más, otros menos-, somos
dueñas de nuestros pasos y no hemos de pedir permiso a ningún hombre para poder
desplazarnos libremente por nuestras ciudades y pueblos. Podemos trabajar
prácticamente en lo que queramos, podemos regentar negocios, somos propietarias y
compartimos -en la mayoría de los países occidentales- la patria potestad sobre nuestros
hijos. Al mismo tiempo, tanto nuestros hijos como nuestras hijas son capaces de
heredar en igualdad de condiciones el patrimonio de sus padres. No siempre fue así
y bien podríamos sentirnos agradecidas con nuestros ancestros que hicieron posible este
estado de cosas.
Ahora bien, el progreso no fue lineal. No es cierta la impresión de que en el
pasado todo fue oscuridad y el presente es brillo y progreso. Nuestras épocas
históricas han dado saltos hacia atrás y hacia adelante como si de un péndulo se
tratara, y hubo pueblos y culturas que ya otorgaban a la mujer una posición mucho más
respetable que la que tienen incluso en muchos de nuestros orgullosos pueblos
occidentales, herederos del glorioso pasado romano. Uno de esos pueblos resulta ser
los celtas.
El fin de semana pasado conocí una figura
histórica que apenas había oído mencionar de pasada: la reina Boudica. Esposa del
rey de los Icenos, vivió entre los años 25/30 d.C. al 60 d.C., durante la época de
mayor expansión del Imperio Romano. Los icenos eran una tribu celta, que vivía
precariamente entre el sometimiento absoluto y la libertad completa, en una especie de
"alianza" con los romanos. Éstos solían permitirles a sus sometidos ciertas
libertades si no se rebelaban y pagaban puntualmente sus tributos, libertades que en el
caso de los Icenos les signficaba no tener que soportar emplazamientos militares romanos y
poder seguir sus tradiciones ancestrales. Sin embargo, no dejaban de ser prisioneros
en su propia tierra y si aceptaban la situación era porque les reportaba la paz que
necesitaban para criar a sus hijos y vivir con cierta tranquilidad.
La paz se terminó a la muerte del rey iceno. Éste, acorde con la tradición
icena, legó su reino al Imperio Romano y a sus dos únicas hijas en partes iguales.
Los romanos, que no reconocían el derecho de las mujeres a heredar, ignoraron
dicho testamento y se anexaron la tribu icena por la fuerza. En un acto arbitrario,
saquearon las tribus, esclavizaron a los nobles y cuando la reina Boudica protestó,
obtuvo una golpiza brutal delante de su pueblo y la violación de sus dos hijas.
Ella, como viuda del difunto monarca, era por derecho la legítima soberana de los icenos,
quienes parcían considerar muy natural que una mujer noble los gobernase y que una hija
heredase a su padre. Ante la afrenta, la reina montó en cólera y juró vengarse de
los romanos. Tal fue el paso arrollador de su carisma, de su liderazgo, que lideró la
mayor rebelión de los britanos que los romanos habían experimentado y experimentarían
en su histórico domino sobre la Bretaña. Los historiadores romanos dejaron sentado
que Boudica levantó en armas a más de 200 mil celtas, todos unidos bajo su égida,
aunque los historiadores modernos calculan que de dicha cantidad, sólo unos 50 mil
serían guerreros auténticos y los demás parte de sus tribus. De todas maneras,
reunir un ejército de 50 mil hombres armados y listos para matar era una proeza sólo
equiparable a las legiones romanas.
Al final, Boudica fue derrotada por las legiones romanas. El ejército romano era
un cuerpo profesional, tecnológicamente superior, disciplinado y frío, que dio cuenta de
los corajudos pero sencillos guerreros celtas. Sin embargo, la impresión fue
duradera, tanto, que los historiadores romanos consignaron el nombre de la poderosa reina
guerrera que había desafiado al Imperio y destruido ciudades y pueblos antes de ser
reducida en una espantosa batalla. Para ellos, era una mujer
"extraordinaria". Y debió serlo, como todo gran lider lo es, pero lo que más me impresionó de la historia
fue el transfondo social que se dibujaba tras ella: pueblos valientes donde las mujeres
gozaban de una posición social más equiparable, más justa. Dicha sociedad fue
luego abatida, y la Gran Bretaña adoptó el mismo sistema social romano que dejaba a las
mujeres sin derecho pleno a las herencias y sin derecho a gobernar, al menos por mucho
tiempo. Afortunadamente,
el espíritu celta siguió perdurando en ellos. Con el tiempo serían las reinas
británicas las que levantarían un Imperio aún más vasto que el romano y serían las
obreras inglesas las que levantarían la voz por el derecho al voto, el derecho a las
herencias, las que saldrían de casa "sin permiso" y escogerían su lugar de
residencia con libertad. Un ejemplo de cómo muchas Boudicas pueden aún pervivir en
el corazón de las mujeres que no se resignan a la opresión y de cómo pueden lograr un
mejor mundo con sólo creer en ello.:)
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