| Volar como los pájaros En
estos días repletos de malas noticias siempre es refrescante dejarse llevar por alguna
que sea menos oscura, menos ominosa, o incluso, alegre. Y es que en este mes de
septiembre, se me ha hecho aún más necesario encender el televisor y mirar algo que no
sea catastrófico: los huracanes (Ike, en particular, que dejó una estela de desolación,
muerte y destrucción, no sólo en el abatido Haití sino también en todos los otros
sitios por los que pasó), los disturbios en Bolivia (que ha dejado hasta muertos y
heridos en una tensión alarmante), las tensiones entre Rusia y la Unión Europea por el
caso de Osetia del Sur y Georgia (que parece haberse amainado un poco), el desplome
financiero en Wall Street que llevó a la banca de inversión a desaparecer y a poner a
Estados Unidos en la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, el incremento de la
tensión en la campaña presidencial de ese país, etc. Parece que no para.
Pero en medio de tanta turbulencia, una noticia que me alegró el corazón al menos por un
rato: un hombre que consigue volar.
Ya
sé que hemos estado volando desde los hermanos Wright. Contamos con aeronaves de
variados estilos, desde aviones hasta helicópteros. Incluso hemos alcanzado la Luna
y hemos logrado construir una Estación Espacial en nuestro espacio. Pero todo eso
sólo significa que hemos logrado afinar nuestros medios de transporte, pero no significa
en ningún momento que podamos realmente volar. Pues bien, este viernes 26
de septiembre, el suizo Yves Rossy, piloto de gran experiencia, cruzó el Canal de la
Mancha volando. Portaba alas, diseñadas por él mismo, y motores que lo
impulsaban, pero a diferencia de los parapentes y otros aparatos que pudieran asemejarse,
no contaba con ninguna clase de timón ni sistema de control excepto por el movimiento de
su propio cuerpo.
¿Es significativo? Yo lo afirmaría. No es lo mismo volar sobre un aparato
que ser uno mismo el aparato. Las alas sólo le ayudaban a planear y los
motores a impulsarse, pero eran los movimientos de su propio cuerpo los que dirigían su
vuelo, los que determinaban su rumbo y también su suerte. Un error al mover las
manos o al girar la cabeza, y podía precipitarse al mar. Entonces, puede decirse sin
temor que en efecto, Yves Rossy voló.
¡Qué agradable y fresca noticia! No importa si no podremos disponer de alas y
motores para nuestro uso industrial. Simplemente es agradable presenciar cómo
Ícaro finalmente remontó vuelo y cómo, esta vez, sus alas no se derritieron.
¡Bien por Yves Rossy!
|
-
- |