| Libertad creadora El otro día leí por ahí que algunos sectores
intelectuales de nuestra sociedad consideraban degradantes e inpropiadas las ferias de
libros, por considerar que "mercantilizaban" la cultura y que ésta debe estar
"por encima" de la mercantilización y el consumismo. Supongo que se
expresaban en esos términos por el hecho de que a tales ferias asisten muchas veces las
editoriales encargadas de publicar los títulos y que uno de sus objetivos más claros es
la de vender sus publicaciones. De hecho, cuando la gente asiste a tales eventos,
suele considerar la idea de adquirir nuevos títulos y mucho se dejarán llevar por la
presentación de la editorial, sus precios y demás. Un evento colateral de dichas
ferias serán las conferencias de algunos autores, o de representantes de entes culturales
patrocinados por los gobiernos, etc. Pero lo principal seguirá siendo la compra y
venta de libros.
De nuevo nos topamos con aquella manida dicotomía entre el arte y el comercio.
Que el arte es sublime, el comercio terrenal. Que el arte es expresión de ideas y
sentimientos, el comercio es vil manipuleo de emociones prosaicas. Que el arte es vital
expresión de una cultura con C mayúscula, mientras que el comercio no es más que vileza
y degradación de esa cultura. Etc., etc. Casi casi como si habláramos de la lucha
entre el bien y el mal, lo cual no deja de resultar considerablemente exagerado y poco
realista, me parece. Pues ¿no son las formas de comercio parte de una cultura viva
y dinámica? ¿No es en la manera en que se plantea el intercambio de bienes y
servicios en que se define una manera de vivir que a la postre será uno de los pilares de
toda cultura? El comercio no sólo es un simple intercambio. Resulta medio dinámico de
difusión, de comunicación, de interrelación. Con el comercio los pueblos no sólo
suelen vivir en paz, pues no hay mayor enemigo del trasiego mercantil que la guerra, sino
que también suelen interrelacionarse, influirse mutuamente y comunicarse. Un comercio
saludable suele corresponder a una sociedad dinámica, la cual por cierto suele dedicar
grandes esfuerzos e interés a las manifestaciones artísticas. Desde este punto de vista,
no parece que el comercio sea enemigo del arte.
Ahora bien, ¿qué ocurre en una feria de libros? ¿Vendemos y compramos la cultura?
Difícilmente, siendo la cultura una dimensión humana tan amplia y compleja. La
cultura se crea, se difunde, lo que se compra es un artículo en particular, un libro, que
de casualidad tiene la posibilidad de transmitir y activar la cultura misma. Cuando los
libros son presentados, cuando se habla de ellos, cuando se ofrecen al público comprador,
aumentan sus posibilidades de ser leídos y de ser transmitidos. El conocimiento, por
tanto, fluye y llega a más personas. No es el único medio, claro está. También
existen las bibliotecas y los centros educativos, pero es un medio aún así poderoso.
¿Que hay libros de baja calidad, concebidos sólo para engrosar el patrimonio de las
empresas que los producen? Bueno, siempre habrá artículos de toda clase, pero
también están los libros buenos, los libros que constituyen verdaderas obras de arte, y
que serán apreciados a su debido momento. Libros que los autores crearon de lo que
llevaban dentro, de lo que deseaban expresar y decir, que llegarán a un público que los
juzgará según su sentir. Fruto de una auténtica libertad creadora. (Por supuesto
que las dificultades para publicar existen y no todos los artistas logran alcanzar a su
público deseado, pero al menos se cuenta con la probablidad de que tal fenómeno
ocurra).
¿Qué pasaría si elimináramos las ferias, si destruyéramos el comercio de los
libros, si volviéramos imposible que los autores vivieran de la venta de sus libros o de
que existieran diferentes empresas que los publicaran? Bueno, pues tendría que ser
un Estado el que proveyera de libros al pueblo y tendría que ser él quien pagara a los
autores para que pudieran vivir decentemente de su arte. La idea resulta entonces
terrible. ¿Un Estado jefe de artistas? ¿A dónde iría a parar la libertad creadora, la
libertad de escribir lo que llevamos dentro, si por casualidad estos sentimientos o
pensamientos chocaran con los intereses de estado? ¿No sería tal vez una cultura...
"comprometida"?
El comercio no será un medio ideal de difusión de cultura, pero al menos es un medio
eficaz, que a la postre garantiza la libertad del artista. Tengo la impresión
entonces de que la dicotomía no existe, tan sólo se contraponen elemenos que son en sí
complementarios... Esbozados estos pensamientos, entonces puedo decir... ¡Vivan las
ferias!
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