Humorismo y tragedia
Sábado por la noche. Cálido el clima y apacible el ánimo. Te vas de compras urgentes
al supermercado más cercano, con los chicos charlando y riendo en tu carrito, y un mar
humano pululando a tu alrededor, y decides de pronto que esa noche no te la vas a pasar
aburrida frente al televisor rastreando algún programa decente, y te vas derechito a la
tienda de alquiler de videos. Por estos lares en los que yo habito suelen jurarte y
rejurarte que las películas que te van a alquilar son super originales, pero todo el
mundo sabe que son copias de copias de videos mal tomados en la propia sala de cine.
De hecho, a mi marido no le gusta normalmente alquilar así, pero
esa noche en particular se sentía condescendiente y se avino a alquilar no sólo una
película para mí sino tres más para los niños.
En efecto, eran terribles copias de copias de videos
tomados en el cine, pero al menos las historias valían la pena. Los niños se
sentaron a mirar The Corpse Bride, con los ojos bien abiertos y la sonrisa en los
labios, para luego pasar a disfrutar de los encantos de Elektra. A mi hijo
de 4 años le pareció estupenda la chica, no sólo "bellízima" sino que
además "tenía ezpadaz" (él valora las espadas en alto grado, valga la
aclaración). Nosotros, por nuestra parte, alistamos el escenario y cuando todos los
retoños descansaban en sus camitas, nos sentamos a disfrutar Fun with Dick and Jane,
con Jim Carrey y Téa Leoni.
Puedo jurar que hacía años de años que no me reía tanto, ni tan violentamente ni
tan auténticamente. Las carcajadas brotaban de mi garganta adolorida como
surtidores de agua y todo mi cuerpo se retorcía en espamos de risa auténtica. Pero
en medio de las lágrimas y de las risas, no pude evitar sentir una profunda compasión
por los personajes de la historia. Bien mirado, me decía, la situación es terriblemente
trágica. Un hombre bueno, respetuoso de la ley, que ama a su mujer y a su hijo, que
paga sus impuestos, que se levanta cada mañana y se dirige a su trabajo sin pensar más
que en prosperar, es despojado de su empleo, de su dignidad y hasta de su jardín por la
inconsciencia y la corrupción de unos cuantos ejecutivos corruptos, que logran sumir en
la desesperación a todo el personal de una compañía. La terrible sucesión de
hechos, en los que nuestro hombre junto con su esposa van cayendo de una tenue esperanza
de conseguir empleo hasta tener que buscar un mísero trabajo que les permita comer,
resulta una descarnada narración de hechos auténticos, en una sociedad llena de
contradicciones, donde nada es seguro, nada es estable, ni siquiera una compañía
gigantesca con edificios propios y grandes acciones en la bolsa. La situación llega al
extremo de la tragedia cuando comienzan a robar para vivir.
En medio de este terrible drama, me reí sin parar. Claro que el mérito de mi
risa estriba en la habilidad para narrar los hechos. Todo es colocado desde el punto de
vista más cómico posible y lo logran con gran acierto. Si pensamos que el fondo
del asunto sigue siendo trágico, ¿por qué cada vez que lo recuerdo vuelvo a reírme? La
verdad es que estaba sintiendo una enorme pena por él. Una gran pena y deseaba de
todo corazón que no lo atraparan en algún atraco llevado con mala suerte. ¡Me hallaba
totalmente de parte del delincuente!
En este punto, sin embargo, cae uno en la cuenta de que en realidad se ríe de sí
mismo, de las grandes desgracias que nos acechan por doquier, de los momentos duros que
habremos pasado en otros años y en la incertidumbre que siempre nos genera nuestro
futuro. Si uno se para a pensar qué son las mejores comedias, se nota en seguida
que se basan en dramas tristísimos, personales y cotidianos, que todos, en alguna medida,
habremos sufrido alguna vez. Entonces, la risa limpia y aclara el corazón. Y
enciende la esperanza. O al menos, así me sentí esa noche, tan divertida como
estaba, tan aliviada de todo estrés, de toda preocupación rutinaria, relajada en la
comodidad de mi hogar, riéndome de Dick y de Jane, y ¿por qué no? un poco, tan sólo un
poco, de mí misma también. :)
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